lunes, 10 de noviembre de 2014
UN ENFOQUE HUMILDE DEL URBANISMO
Es imposible definir con precisión qué es la ciudad, en el
sentido “profundo” de su termino, no en su visión escenógrafa o frívola. En
todo caso, la definición supone un quehacer intelectual y la ciudad en la mayoría de sus casos
prefiere ser imaginada. Intuitivamente sabemos que la ciudad tiene que ver con
la autenticidad y la profundidad, como cuando se dice que cierta música tiene
alma o que una persona notable está llena de alma. Asimismo a los urbanistas
nos debe interesar no perder el “alma” de la ciudad, la plenitud urbana que
expresa. Cuando examinamos de cerca el concepto de “plenitud de ciudad”, vemos
que se relaciona con la vida urbana en todos sus aspectos. La ciudad se revela
en la conversación, en la comunidad, en la comunicación interior, en la
intimidad, en los afectos que genera, en las relaciones que produce, en la
igualdad que trasluce, en sus esquinas, paseos o añoranzas. Es tan poliédrica
como la vida misma y llena de múltiples miradas, de ahí su complejidad y su
sencillez.
viernes, 7 de noviembre de 2014
SOBRE EL CONCEPTO “PROFUNDO DE CIUDAD”
El gran mal del urbanismo durante
gran parte del siglo XX y de lo que llevamos de este siglo, que forma parte de
nuestras angustias mas cotidianas y nos
afecta a todos individual y colectivamente, es la perdida del concepto “profundo
de ciudad”, una de las muchas circunstancias por las que vengo reclamando
desde hace tiempo la necesidad de refundar gran parte del urbanismo actual.
Cuando se descuida este concepto, la ciudad no desaparece, la ciudad sigue
existiendo, pero se manifiesta de otra manera, llena de adiciones, obsesiones,
violencia y perdida de sentido. En el mejor de los casos los urbanistas sin
darse cuenta y en otros casos aprovechándose de la situación, caen en la
tentación de aislar solo estos síntomas o tratan de erradicarlos uno a uno,
escondiéndolos, obviándolos o aplicando tratamientos traumáticos de cirugía muy
agresiva bien valoradas por los grandes sistemas financieros e inmobiliarios,
pero la raíz del problema es que hemos perdido nuestra sabiduría sobre la ciudad, e incluso nuestro interés
en ella.
Hoy día tenemos pocos especialistas sobre la ciudad que nos puedan aconsejar
cuando la ciudad sucumbe ante los cambios, los conflictos, las crisis, la
obsolescencia de alguna de sus partes o se produce dolor emocional en sus
habitantes, o cuando se ve
enfrentada a una multitud de
amenazadores males. Pero en nuestra historia urbana y territorial (por mucho
que les pese a algunos una parte muy importante del territorio siempre ha
estado intervenido por procesos de humanización) hay notables ejemplos de
comprensión intuitiva, dotados de mas o
menos reflexión objetiva, de estos temas por parte de urbanistas (de diverso
signo profesional) que escribieron explícitamente sobre la naturaleza y las necesidades del mundo urbano. De modo
que podemos recurrir al pasado en busca
de guías, propuestas o actos urbanos, que nos permitan recuperar esta sabiduría
del pasado, la historia urbana, de manera que a través de ellos accedamos a
nutrirnos de conocimientos y practicas, teniendo en cuenta la forma en que hoy
vivimos y las nuevas posibilidades que disponemos, para demostrar que
recuperando el concepto de “cuidar la ciudad” detectando su
“profundidad”, podamos encontrar alivio a nuestros males y descubrir una satisfacción y un placer
profundos que en gran parte hoy hemos perdido.
jueves, 9 de octubre de 2014
SOBRE LA MONOFUNCIONALIDAD DEL CENTRO DE MALAGA.
El lunes
pasado en el Ateneo asistí a una mesa redonda sobre la Monofuncionalidad del
Centro de Málaga. Sin ánimo de ser exhaustivo, me gustaría exponer las
conclusiones que me sugirieron dicho acto. Parte son de mi cosecha y parte de
las intervenciones lucidas de Enrique
Navarro, geógrafo y profesor en la Escuela de Turismo, Carlos Hernández,
arquitecto y concejal independiente en el Ayuntamiento de Málaga y la
presidenta de Asociación de Vecinos del Centro Antiguo.
Todo
ello nace del reconocimiento generalizado que el Centro de Málaga hoy no
dispone de un modelo eficiente y democrático capaz de enfrentarse o mejor de ajustarse a la crisis, al turismo,
a la contaminación del ruido, a los Museos, Hoteles, a las nuevas dificultades
de la movilidad o al impulso de un mercado y de un capital dispuesto a
apropiarse de todo con tal de sacar las máximas plusvalías en beneficio propio
a costa de lo que sea, generando una burbuja especulativa sin atender a las deseconomias
que produce o los costes y daños colaterales que origina y que la
Administración actual no es capaz de oponer una racionalidad a dichos mercados.
Como suele ocurrir el Ayuntamiento no sabe aprovechar los impulsos de los
mercados para extender las plusvalías hacia la colectividad, racionalizando
dichos impulsos y gestionándolos en beneficio del máximo de ciudad y de sus
ciudadanos.
Brevemente
enumero a modo de conclusiones y con gran simplicidad los siguientes aspectos a
tener en cuenta en la configuración de un nuevo modelo urbano para el Centro
actual:
1.-
Ampliar los límites del Centro, incorporando los barrios del norte como el
barrio del Mercado de Salamanca, Capuchinos, las faldas del Seminario y Conde
Ureña. Barrios que están siendo destruidos por normativas que no reconocen las
tipologías y morfologías de barrios históricos de gran valor popular. Este ejercicio nos llevaría a
modificar el actual PGOU, que es un autentico desastre, y a iniciar una nueva
lectura mas acertada de la ciudad que la
realizada por el dicho PGOU.
2.-
Usar límites e índices de saturación para bares y restaurantes de manera que la
competencia desordenada y la ineficiencia no produzcan daños económicos y una contaminación desmedida.
3.-
Realizar modelos de flujos para racionalizar los accesos de turistas y extender
sus posibilidades por distintas partes del Centro y de la ciudad.
4.-
Mejorar la gestión creando una unidad del Centro que coordine las distintas políticas
urbanas sobre el Centro, con la suficiente rapidez y flexibilidad para
adaptarse a los procesos de las economías complejas con múltiples variables.
5.-
Usar el paisajismo para poner en valor los grandes espacios del Monte Seminario,
Gibralfaro, Parque del Cementerio de San Miguel, el Ejido o el Cauce del
Guadalmedina como grandes parques de la ciudad y canalizar a través de ellos
rutas verdes.
6.-
Mejorar la movilidad en beneficio de los habitantes del Centro.
7.-
Construir protocolos de participación de los habitantes del Centro para las
distintas intervenciones en el Centro.
8.-
Luchar denodadamente contra el ruido que impide la habitabilidad en el Centro
primera razón de ser de cualquier barrio.
9.-
Dotar de equipamientos de barrio al Centro: Educativos, guarderías, sanitarios,
deportivos….
10.-
Profesionalizar la rehabilitación de manera que no se destruyan el valor de los
edificios y el patrimonio del Centro.
11.-
Mejorar el Catalogo actual poniéndolo al día.
12.-
Adaptar la normativa actual a las nuevas condiciones y experiencias obtenidas a
lo largo de estos años.
13.-
Defender y poner en valor el patrimonio del Centro, tanto el arquitectónico,
pinturas, morfológico o toponímico.
14.-
Reordenar la Alameda, el Puerto en sus fases pendientes y el acceso del Metro.
15.
Hacer un concurso para definir que hacer con el mercado de la Plaza de la
Merced, el Cine Astoria , el túnel y alrededores la milla de oro del Centro de
Málaga
Simplemente
son quince ideas, claras y nada complicadas, solo necesitamos una
Administración dispuesta a actuar ordenando sus propios aciertos.
lunes, 29 de septiembre de 2014
La Ciudad Cuántica. ¿Cómo Estamos Cambiando La Forma De Pensar La Ciudad?
23sep
2014
2014
Esto es una introducción a la “ciudad cuantica”, pero no te asustes, la presento porque es importante que empecemos a aceptar que la forma de pensar la ciudad está cambiando. La variación radica en el concepto de que las formas de pensar de toda la ciudadanía, los observadores de la ciudad, la mente subjetiva de la ciudad, tiene un efecto importante sobre la materia urbana, sobre el mundo urbano, y por tanto sobre nuestros objetivos.
Si consideras esta idea, aunque solo sea un instante, empezarás a centrarte y a poner tu atención en lo que quiere la ciudadanía, en lugar de en lo que no quieren, pondrás tu atención y por tanto tu energía en lo que quieren los observadores que será también lo que tú quieres. Porque allí donde pongas tu atención pondrás tu energía y afectaras al mundo material urbano, que por cierto está hecho en su mayor parte de energía.
Los pensamientos crean la ciudad. Si dejamos que el mundo urbano exterior ese que simplemente vemos controle lo que pensamos, éste creará unos circuitos en tu cerebro que te harán pensar como todo lo que conoces de antemano. Crearas más de lo mismo y seguramente peor. Así que para cambiar, hay que ir mas allá de la materia física urbana, mas allá del entorno, de las primeras apariencias formales, mas allá de esos pensamientos memorizados, en muchos casos erróneos o inútiles que funcionan como programas informáticos instalados en tu subconsciente.
En el pasado los urbanistas al igual que los físicos dividieron el mundo urbano y no urbano en materia y pensamiento y más tarde en materia y energía. Cada uno de estos pares se consideraba distinto el uno del otro
¡ pero no lo son!. Esta dualidad normalmente conformó una visión de la ciudad básicamente predeterminada por diversas razones según la época histórica en que estuviéramos. Podíamos hacer muy poco para cambiar las cosas con nuestras acciones, cosas que tuvieran que ver con la vida de sus habitantes, salvo algunas experiencias urbanísticas minoritarias en donde estas dualidades desaparecieron y se unificaron proyectualmente y menos aún cambiar las cosas con nuestro pensamiento.
Conectar el mundo físico formal exterior y observable de las ciudades con el mundo interior de cómo piensan, observan, sienten y viven los habitantes siempre ha sido un gran reto para los urbanistas. Muchos coincidiríamos en que el mundo material-formal de la ciudad crea consecuencias que nos afectan mentalmente, no obstante muchos dudaríamos de que la mente pueda producir cualquier cambio físico que afecte los aspectos sólidos, construidos, de nuestras ciudades. Mente y materia aparecen como dos cosas distintas a no ser que cambiemos nuestra comprensión de cómo ambas coexisten.
Este cambio ya se ha producido y para ver de donde surgió no es necesario retroceder demasiado en el tiempo. Desde la época que los historiadores consideran como los tiempos modernos, la humanidad ha creído que la naturaleza del universo y la ciudad como imagen suya, era ordenada y por lo tanto previsible y explicable de forma metódica y repetitiva.
Rene Descartes un matemático y filosofo del siglo XVII fue el defensor del modelo mecanicista del universo, la idea de que el universo está regido por leyes previsibles. Descartes se enfrentó a un autentico reto: la mente humana poseía demasiadas variables como para encajar en alguna ley física. Al no poder unir el mundo físico con el de la mente, aunque tuviera que tener ambos en cuenta, recurrió a un ingenioso juego de palabras. Dijo que como la mente no estaba sujeta a las leyes del mundo físico objetivo, estaba fuera de la investigación científica. El estudio de la materia y sus formas era competencia de la ciencia. La mente al ser un instrumento de Dios, era a la religión a la que le competía estudiarla.
Descartes inicio un sistema de creencias que imponía la dualidad entre los conceptos de mente y materia. Durante siglos esta división se consideró un conocimiento aceptado de la naturaleza de la realidad fuera natural o urbana.
Newton ayudó a perpetuar las ideas cartesianas. El matemático y científico ingles no solo consolidó el concepto del universo como una maquina sino que creo una serie de leyes que afirmaban que los seres humanos podíamos determinar, calcular y predecir con precisión las formas ordenadas con las que el mundo físico funcionaba.
Descartes y Newton establecieron un modo de pensar según el cual la realidad urbana estaba gobernada por principios mecanicistas cartesianos, lo que fue bastante útil en algunos momentos de la historia urbana, pero negaron siempre la capacidad de la ciudadanía, de los observadores para poder influir en los resultados urbanos. En el modelo físico urbano newtoniano todo es materia formal, construcción de formas materiales. Toda la realidad urbana esta predeterminada por ello. Dada esta visión no es extraño que los seres humanos siempre hayan dudado sobre la idea de que sus acciones realmente importaran y mucho menos que sus pensamientos fueran importantes o que el libre albedrío desempeñara un papel en el universo urbano. De hecho muchos siguen considerando consciente o inconscientemente que las personas que habitan en las ciudades son a menudo poco más que victimas
Las ideas de Descartes y Newton prevalecieron durante siglos, fue necesario un pensamiento revolucionario para contrarrestarlas.
A finales del siglo XIX, doscientos años después de Newton., Einstein junto con otros científicos evidenció que la energía y la materia estaban tan inextricablemente ligadas que eran lo mismo, demostró que la materia y la energía son totalmente intercambiables. La energía era mucho más que una fuerza, la energía es el entramado mismo de lo material y responde a la mente. Estas teorías contradecían el pensamiento de Descartes y Newton y marcaba el comienzo del funcionamiento de una nueva comprensión del universo natural y por ende también del urbano.
Einstein no socavo muchas de las antiguas ideas sobre la naturaleza de la realidad. Pero destruyó básicamente sus fundamentos con lo que algunas de las estrechas y rígidas formas de pensar acabaron poco a poco desmoronándose. Se hizo patente que el modelo dualista cartesiano newtoniano era imperfecto.
Hoy somos conscientes que en el mundo físico e igualmente en el mundo urbano, sus componentes son tanto ondas (energía) como partículas (materia física), dependiendo de la mente del observador. A este nuevo paradigma científico se le llamo física quántica.
Estos cambios alteraron por completo la imagen de las ciudades, del mundo urbano, donde vivimos, y la urbanística descubrió que estaba colgada del vacío, cuando creía hasta los años setenta- ochenta del siglo XX que estaba con los pies bien plantados en tierra. El modelo cuantico nos descubrió que las cosas habían cambiado, que la materia urbana se componía básicamente de energía, campos energéticos o patrones de frecuencia de información.
Pero había otro enigma que resolver, la materia y sus diversas formas no parecían comportase siempre igual. Cuando los físicos empezaron a observar descubrieron que los objetos no se regían por las leyes de la física clásica. Los objetos y las formas que ellos tenían no se comportaban de la manera tan previsible que esperaban los físicos, ni eran tan fácilmente reproducibles ni constantes. Así muchas veces los resultados de la realidad urbana se comportaban de una manera imprevisible e inusual, de nada valía a veces mimetizar las propuestas físicas, a veces una misma propuesta física, según el lugar y los observadores, ganaba energía y otras perdía, aparecían o desaparecían y surgían por todas partes variables y resultados que no respetaban los limites del espacio y del tiempo, no traducían adecuadamente los objetivos que pretendía el urbanista o proyectista. ¿Como era posible que existirán leyes distintas para las cosas que se creaban? ¿ como era posible que los resultados no dieran resultados satisfactorios siguiendo las mismas leyes?
Los físicos quánticos descubrieron que los observadores afectaban la conducta de la energía y la materia. Solo cuando el observador se fija en cualquier localización de un objeto, lo mira y lo piensa, es cuando aparece ese objeto. Un objeto no puede manifestarse en la realidad urbana, ni sabemos como se manifiesta en el espacio y el tiempo, hasta que es observado. A este fenómeno la física quántica le llama “efecto observador”.
Ahora sabemos que en el momento en que los observadores buscan, desean, piensan objetos, cosas, hay un lugar en el tiempo y en el espacio en el que todas las posibilidades se colapsan en un suceso físico. Con este descubrimiento, mente y materia ya no pueden seguir considerándose dos cosas distintas, están intrínsicamente ligadas porque la mente subjetiva de los habitantes de las ciudades ejerce cambios perceptibles en el mundo físico objetivo urbano.
Todo cuanto existe en el mundo urbano es puro potencial, están en estado de ondas mientras no son observadas. Potencialmente son todo y nada hasta que las observan. Existen por todas partes y en ningún lugar hasta que son observadas. Por lo tanto, todo lo que existe en nuestra realidad urbana existe como puro potencial. La ciudad es capaz de colapsarse en una infinidad de posibles realidades. Si puedes imaginar un acontecimiento futuro, una propuesta basándote en cualquiera de tus deseos, esta realidad ya existe como posibilidad en el campo quántico, esperando que la observes. Tu mente puede influir en la aparición de resultados, en teoría puede influir en la aparición de cualquier posibilidad.
El observador por medio de la atención y el repetido esfuerzo diario podrá usar su mente para organizar una infinidad de ondas de probabilidades en una situación física deseada llamada “experiencia urbana”. Nuestra mente moldea las posibilidades infinitas de la ciudad como si tratara de arcilla. Y si como hemos dicho la materia esta hecha de energía, tiene sentido que la conciencia (mente) y la energía (materia) estén tan íntimamente ligadas que sean lo mismo. Mente y materia están entretejidas. Tu conciencia (mente) afecta la energía (materia) porque tu conciencia es energía y la energía tiene conciencia. La ciudadanía es lo bastante poderosa como para influir en las ciudades porque a nivel básico son energía con conciencia, materia consciente, como la propia ciudad.
La ciudad es un campo de información inmaterial, interconectado y unificado que en potencia lo es todo y otras veces nada. La ciudad esta esperando a que un observador consciente llegue e influya en la energía en forma de materia potencial con su mente y su conciencia para que la infinidad de probabilidades se manifiesten.
Esto es crucial para entender como puedes producir efectos y resultados o hacer cambios en la ciudad. Cuando aprendemos a mejorar nuestra capacidad de observación, a saber usarla, se esta en el mejor camino de vivir la versión ideal de la ciudad al convertirse en la versión idealizada de la ciudadanía.
La ciudad es un mar de información, que emite patrones e improntas, que acarrean más información. Nuestras formas cambiantes de pensar la ciudad, de manera consciente o inconsciente modifican a cada instante esta información, formando eso que llamamos entramado urbano o “conexiones de cooperación”. Por lo tanto, si queremos cambiar la forma de hacer la ciudad, hacia otra manera más profunda y positiva de entenderla, tendremos que entender como funciona y cambiar la mente subjetiva de la ciudad, la de sus habitantes y cambiar nuestra mente, nuestras experiencias y percepciones, es una cuestión de dejar el hábito de ser el mismo de siempre.
Vicente Seguí Pérez
Economista – Urbanista
Director del Laboratorio de Producción de Herramientas para la Vida (LPH)
Miembro de la Red de Cooperación Profesional por un Nuevo Urbanismo
Escribe en el Blog “Territorios (Nuestros)” agorademalaga.blogspot.es
martes, 23 de septiembre de 2014
¿ES COMPATIBLE EL CAMBIO CLIMÁTICO CON EL CRECIMIENTO URBANO?
Salvar
nuestras ciudades de la contaminación, la ansiedad y el desasosiego podría
salir incluso barato. Los informes económicos sobre los cambios y la lucha
contra la contaminación y el cambio climático como es el Nuevo Proyecto sobre Economía
Climática publicado por el FMI (Fondo Monetario Internacional), afirman que
tomar decisiones y medidas radicales para limitar las emisiones de carbono,
reducir la contaminación o cambiar las
formas de vida estresantes de nuestras ciudades
apenas tendría repercusiones negativas
para el crecimiento económico.
En los
últimos años se han producido tales avances en todos los aspectos en el campo
de las energías alternativas, las tecnologías, el transporte o la salud que nos
permite plantear que es posible romper el vínculo de desesperanza que existe
entre el crecimiento económico y las limitaciones a la contaminación.
El
desarrollo de estrategias bien diseñadas de control de emisiones, en concreto
poniendo precio a las emisiones contaminantes, sistemas de límites máximos o
intercambios comerciales o programas de información sobre la calidad y la
salud, costaría mucho menos de lo que los agoreros de la desesperanza climática
nos quieren hacer creer. Hoy día sabemos que los efectos sobre el
crecimiento debidos a estos aspectos de la protección climática
no son negativos, más bien al contrario, son mas favorables que lo que se
pensaba hace unos años. El más importante de estos beneficios tendría que ver
con la calidad y la salud pública de los ciudadanos. La contaminación, el ruido
y el estrés provocan muchas enfermedades y estas incrementan el gasto público y
reducen la productividad. Una menor cantidad de contaminación nos reportaría
grandes beneficios impulsando nuevos aspectos económicos a corto y medio plazo. De modo que salvar
nuestras ciudades de las emisiones de carbono sería barato y hasta podía
salirnos gratis.
Hoy día
tenemos claro que limitar los aspectos diversos de la contaminación no
significa acabar con el crecimiento económico. Esto lo dice gente de
derechas que normalmente afirman que las
economías de libre mercado son infinitamente flexibles y creativas. Esta visión
es simplemente un excusa fundamentalista para no afrontar los cambios económicos
y sociales que hoy día necesitan nuestras ciudades, mejorando a la vez la
productividad y la calidad del crecimiento de las mismas..
No
comprenden el significado del crecimiento económico. Lo ven como algo físico,
como un mero sistema especulativo, de intereses de unos pocos, consistente en
producir mas cosas, sin plantearse qué consumir, qué tecnología emplear, la
igualdad social que generamos o la
calidad de vida que impulsamos en la inversión de cada euro de PIB.
La
desesperanza climática es un gran error y una gran confusión mental interesada.
Hoy día las medidas climáticas, de calidad, y de igualdad son compatibles con
el crecimiento económico y es una postura realista y pragmática para el futuro de nuestras sociedades. Es más
si algún día conseguimos dejar atrás las ideologías fundamentalistas y los
intereses especiales de unos pocos, descubriremos que es la única salida al
crecimiento económico y la más barata, y fácil de lo que podemos imaginar.
lunes, 15 de septiembre de 2014
UNA CIUDAD REALMENTE INTELIGENTE NO ES AQUELLA QUE LO CONVIERTE TODO EN MOLDES DE EFICACIA
Existe
un cierto consenso en el mundo del urbanismo que paulatinamente se va
imponiendo, según el cual la “ciudad inteligente” es mas eficiente, mas libre de fricciones y mejor
gestionada. Estas ideas han emanado en
parte de la propaganda de empresas como
IBM, Cisco o Microsoft y aunque ciudades
como Masdar en Arabia Saudita, Songdo en Corea del Sur o Singapur nos parecen mas cercanas al taylorismo que al
urbanismo, la moda se extiende y muchos políticos mueren por que sus ciudades sean consideradas “ciudades
inteligentes”. No importas cuan polémico resulte este concepto o mejor como de
compatible sea respecto al urbanismo.
Da la
impresión que las ciudades evitaran sus conflictos mediante análisis de
macrodatos, no obstante me pasa como al artista y diseñador británico Usman
Haque defiendo las virtudes del desorden, de la inteligencia del ciudadano y la
participación en el hacer urbano antes que las “smart cities” como paradigma urbanístico. No es que no haya cosas loables en ellas pero también me gusta que
los habitantes puedan hakearlas cuando quieran
y que la etiqueta de ciudad inteligente no sirva para otra cosa que para
privatizar los servicios públicos y
condicionar la vida de los ciudadanos, alejándolos más de la construcción de
las ciudades.
Una
ciudad realmente inteligente no es aquella que lo convierte todo en moldes de
eficacia , del más por menos, lema tan impuesto en estos tiempos de austeridad
y de ajustes impuestos, sino aquella que es capaz de convivir con su desorden,
usar los descubrimientos causales, la espontaneidad , la inteligencia
participativa, que se enorgullece de sus limitaciones y sus tiempos, de sus
imperfecciones, que no vulnera los derechos de sus ciudadanos, que impulsan
la igualdad, la libertad y la intimidad. Las ciudades siempre han sido
ingeniosas proezas de la ingeniería, útiles para probar nuevas y asombrosas
invenciones, en donde las formas de la vida urbana impulsen la realización
social y espiritual que tanto parece escasear en nuestras ciudades.
He
defendido mucho en mis escritos la necesidad de que el mundo rural, el paisaje territorial,
el ecologismo inteligente se introduzca
profundamente en las ciudades, esta posición no es heredera de la tradición
intelectual de vapulear las ciudades, o de odiar las urbes. La cuestión no es
cuan de bonitas son las ciudades sino como de felices son los seres que la
habitan.
martes, 9 de septiembre de 2014
INVERTIR EN EL FUTURO DE NUESTRAS CIUDADES.
Seis
años después del comienzo de la crisis financiera, el PIB de la mayoría de
nuestras ciudades europeas está por debajo del nivel que tenían antes de la
crisis. Nuestras ciudades han perdido el liderazgo no solo del conocimiento
sino también de aportar respuestas a la depresión actual. Están en peor
situación que las de Japon o el Pacifico Asiático después de la crisis
financiera de los setenta y ochenta, e incluso que la de la gran depresión de
los años treinta. La esperanza de recuperación que se nos vende no deja de ser grandes números estancados. El
desempleo, la desigualdad y la brecha de producción urbana ha alcanzado niveles
sin precedentes y las perspectivas de crecimiento de las urbes europeas están muy
por debajo de sus posibilidades.
El paro
persistente y la emigración del talento implica la amenaza de una generación perdida
y la desintegración social, el envejecimiento y la decadencia de las estructuras
urbanas y territoriales de Europa. Las medidas aprobadas de austeridad contra
la crisis han demostrado que las
soluciones aportadas no han hecho otra cosa
que incidir en nuestros problemas, anular las políticas urbanas y
devolver a las ciudades a la tercera división en las estrategias del desarrollo
económico europeo. Las reformas estructurales puestas en marcha no han sido
otra cosa que ajustes del capital financiero
y políticas monetarias en beneficio de los deudores financieros. El
resultado es que hoy ni el sector privado ni el sector público confían en los
productos urbanos, y la descapitalización de recursos humanos, de conocimiento
y de inversión no está haciendo otra cosa que profundizar en la deflación y el vacío de ideas.
Por eso
hace tiempo que vengo proponiendo un cambio drástico en las iniciativas urbanas que den un empujón a las inversiones públicas
de capital fijo productivo y remueva los
cimientos de la economía urbana y la administración pública de nuestra
ciudades, de manera que se cierre la brecha de la producción actual , se facilite
la absorción de jóvenes en el mercado de trabajo en condiciones solventes y se
contribuya al crecimiento a largo plazo dentro de nuevos modelos de sostenibilidad
y conocimiento. Las ciudades europeas deben volver a impulsar nuevos Pactos por
la Estabilidad, la Igualdad y el Crecimiento para salir de la crisis actual.
Esta
iniciativa requeriría introducir de forma gradual el aumento de la inversión
pública mediante nuevos proyectos productivos y eficientes. Asegurando la implantación de infraestructuras metropolitanas y
territoriales fundamentales para producir modelos urbanos regionales a largo
plazo, con especial énfasis en energía, transportes, reindustrialización,
investigación, conocimiento, Tic y estructuras sociales de bienestar. Estos
proyectos contribuirían a una interconexión de sinergias capaces de aprovechar
ventajas comparativas en un mundo globalizado, el fomento del comercio, el
bienestar, la igualdad, la inversión privada y la movilidad, modelos de
crecimiento basados en el conocimiento y la sostenibilidad.
Estoy
convencido que una de las salidas de la crisis europeas pasa por cambia los
modelos urbanos, rompiendo las brechas actuales de producción urbana, lo que nos ayudaría a sincronizar mejor los ciclos económicos y promover las reformas que nuestras ciudades
necesitan. Pero para ello necesitamos ciudades responsables y colaborativas, no
competitivas. Esta responsabilidad de poner fin a casi treinta años de
urbanismo fallido corresponde a todas las ciudades, sería una irresponsabilidad
que el movimiento urbano se abstuviera de poner su esfuerzo en salir de esta
crisis, los multiplicadores que hoy el
mundo urbano ofrece en la escala global son de tal envergadura que no tendría
lógica sentirnos ajenos a las necesidades de nuestros ciudadanos en la economía
deprimida que hoy tenemos.
martes, 26 de agosto de 2014
LAS CIUDADES MAS IGUALITARIAS SON MAS RICAS
Durante
las ultimas tres décadas, casi todos los que importaban en el mundo del
urbanismo han estado de acuerdo en que en que redistribuir las ciudades,
aumentando las ayudas y las mejoras a los barrios mas pobres a costa de los
barrios ricos era perjudicial para el crecimiento económico y urbano de
nuestras ciudades.
No
obstante muchos progresistas lo consideraban un sacrifico que valía la pena ,
de manera que valía la pena pagar un cierto precio en forma de PIB mas bajo si
esto ayudaba a mejorar la vida de los ciudadanos mas necesitados. Los
conservadores esto lo tenían y lo tienen mas claro la mejor manera de mejorar
el crecimiento del bienestar de las ciudades es que la marea les llegue a
todos, no hace falta ningún incentivo a la redistribución urbana, ni económica.
Pero
ahora todos tenemos mas pruebas, respaldadas por estudios e instituciones que
respaldan un nuevo punto de vista, no hay ninguna compensación entre igualdad e
ineficiencia.. Es cierto que las economías de mercado necesitan una cierta
desigualdad para funcionar. Pero hoy la desigualdad de nuestras ciudades y territorios
se ha vuelto tan extrema o mejor va aumentando a tal calibre que esta causando
un gran daño a nuestras ciudades y al bienestar de las mismas. Por lo que
podemos afirmar, sin error a equivocarnos. que la redistribución en lugar de
reducir aumenta las tasas sanas de los
crecimientos urbanos. Esto no es ninguna ilusión o fantasía , la desigualdad
constituye un lastre para ese crecimiento sano que la ciudad necesita y para
mejorar la buena economía.. A estas alturas no hay motivo para creer, mas bien
al contrario que confortar al los
acomodados y afligir a los
afligidos sea bueno para el orden
adecuado de nuestras ciudades.
Tenemos
datos para poder afirmar con seguridad que niveles altos de desigualdad social,
económica y urbana se relacionan no con un crecimiento del bienestar más rápido sino mas lento, especulativo y confuso,
mientras niveles bajos de desigualdad se relacionan con crecimiento mas elevados
y duraderos.
Las
desigualdades urbanas privan a muchas personas y empresas de la oportunidad de
sacarles el máximo partido a sus posibilidades. La injusticia no solo es
ineficaz sino que es cara, se traduce en desaprovechamiento de los recursos
urbanos. Podemos enriquecer nuestras ciudades reduciendo ese desaprovechamiento
de los recursos que no solo son económicos
y urbanos sino también de gestión de nuestras administraciones..
¿Lograra
esta visión de la desigualdad cambiar nuestro debate urbanístico? Así debería
ser. Si nuestras ciudades son más justas
y están mejor gestionadas serán mas ricas. Adiós a la riqueza de arriba
a abajo, digamos hola a la filtración de la riqueza de abajo a arriba.
miércoles, 13 de agosto de 2014
LA CIUDAD ES NUESTRO GRAN “BIEN COMÚN”
Nos
está ocurriendo que vamos tan acelerados en todo que nos es difícil tomarnos
tiempo para reflexionar sobre la ciudad o sobre cualquier cosa, escuchar a los demás,
reconocerlos o simplemente contrastar opiniones, antes de tomar decisiones.
Estamos
repletos de reglas, principios, unos técnicos, otros jurídicos y otros incluso
éticos y nos ocurre muy a menudo que no somos capaces de cumplirlos, nos falta
coherencia, sentido del bien común.. Por eso yo abogo mas que por el exceso de
reglas por virtudes, porque el problema
muchas veces esta en las personas no en la falta de discursos.
Los límites
se nos han quedado imprecisos, es difícil decir el limite está aquí, depende de
los casos. Pero hay que poner límites y
los límites están en el sentido común. Lo común no es una entelequia sino lo
que nos pertenece a todos, la ciudad. En épocas de bienestar o de bonanza la
indiferencia y la apatía hacia “lo común” es muy habitual. Pero la crisis pone
de manifiesto muchas miserias, mucha desigualdad y esto ha llevado a la gente a
unirse. Ha sido el rasgo mas positivo de la crisis la proliferación de
movimientos sociales, ¿se perderán si superamos la crisis?.
Actualmente
hay mucha desorientación, pero si algo esta claro es que hay que luchar por la
igualdad. Desde los años ochenta viene creciendo la desigualdad y con la crisis
esto ha sido terrible .Los ricos son cada vez menos y mas ricos, y el resto
cada vez se empobrece mas .A duras penas estamos manteniendo un modelos social
y urbano de bienestar, defendido por la izquierda. Pero una vez conseguido hay
que sostenerlo y a veces no sabemos como hacerlo. Tenemos que tener valentía
para aprender a sostener y hacer eficiente esta ciudad del bienestar.
Determinando que es lo imprescindible y que no.
La
ciudad es nuestro gran “bien común” y este bien común hay que defenderlo
corrigiendo los despropósitos del capitalismo e ir hacia una mayor cooperación.
No todos los beneficios de las empresas tienen que revertir en el interés de ellas,
sino que hay pensar en el bien de todos
y establecerlo por ley.
lunes, 11 de agosto de 2014
REFLEXIONES EN TORNO A LOS ARQUTECTOS ANNE LACATON Y PHILIPPE VASSAL
Ya es
hora que nos demos cuenta que lo lógico de las ciudades es repararlas. Los
urbanistas y los profesionales de las ciudades no podemos comenzar siempre de
cero: nada existe, nadie vive. Porque hay mucho hecho y hay mucha gente
habitando. Tenemos que poner atención y encontrar los valores que encierran los
lugares y siempre los hay. Las ciudades están siempre llenos de recursos, que
irresponsable y soberbio es desecharlos. La suma es lo que nos integra a todos,
lo que nos hace trabar con las distintas capas que envuelven los lugares. Nunca
hay que demoler, siempre añadir.
Nos
falta humildad, valorar lo que existe antes de que lleguemos. Pensar que
hacemos con lo que existe, no es solo una cuestión de valor artístico, sino
también de valor cívico, material y social.
Debemos
aprender a observar lo que existe y quienes existen. No se trata de respetar
acríticamente, sino de no dar por hecho que la demolición previa es lo único
posible e inevitable. La intervención urbana no radica en hacer tabla rasa
sobre lo existente, materia y seres vivos, el objetivo es arraigar las nuevas intervenciones.
No es una visión conservadora sino una arquitectura responsable y sostenible.
Los
urbanistas no pueden seguir siendo unos agresores, deben integrar y dialogar,
sumar, eso relaja la ciudad y mejora la vida de los ciudadanos que es de lo
que se trata. La suma parte de lo que
hay y busca añadir, esto nunca produce frustración en nadie ni en los urbanistas
si en los usuarios. Se puede ser ambicioso y también generoso y amable.
La
desigualdad y los guetos es uno de los grandes problemas de las ciudades del
siglo XXI, mezclar a la gente, hacer ciudadanos mas libres, nunca segregar. La
arrogancia ha sido la seña de identidad de una modernidad maleada, de esa modernidad que no ha sido otra cosa que
repetición acrítica. Los ideales modernos eran ambiciosos, pero humildes. Exigían
esfuerzo al arquitecto y al usuario, pero ofrecían mejoras para todos. El problema
llegó cuando se mantuvo la forma desnuda, la forma por la forma y se eliminaron
las aportaciones, los espacios abiertos, los deseos de los ciudadanos. La
codicia y el lucro lo diluyeron todo. Debemos de recuperar esa ambición de
mejora de los principios de la modernidad.
Debemos
alejarnos de lo superfluo, de lo innecesario. La homogenización de la moda es peligrosa.
Debemos entender porqué hacemos las cosas. Los resultados se tiene que poder explicar y tiene que descubrir sus intenciones. La arquitectura
se ha quedado en pura apariencia, cuando debía ser el resultado de pensar. Si
las ideas son buenas la arquitectura será buena.
Hacer ciudad
hoy es ir mas allá de los, planos y de los planes. Para construir ciudad no
basta saber diseñar, hace falta solucionar otros muchos asuntos. Sino los
solucionas, da igual que diseñes bien o
mal, que seas mas o menos creativo. Es fundamental saber que es lo importante,
abandonar el delirio y no solo el delirio formal sino también el delirio
intelectual y presupuestario.
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