miércoles, 27 de mayo de 2020

REFORCEMOS LA CIUDAD, EL BIEN COMÚN. Escrito por Vicente Seguí Perez (Economista Urbanista)

      


Ahora, más que nunca, el bien común, la ciudad, es la base de un futuro mejor.  La ciudades que mejor funcionan son aquellas que han creado, asumido, y ahora refuerzan, unos códigos propios de conducta urbana saludables. El “bien común”, la ciudad, “el espacio colectivo”, que enarbola nuestros códigos propios como comunidad es la base de la construcción de la ciudad.
Puede parecer simple, pero lo contrario, atizar el desastre de la desunión, para impulsar los instrumentos de la codicia y el abrazo al negocio sin más, nos lleva a un pandemia mayor, no solo sanitaria, sino también económica, social, y como no urbana .En este momento, este es el reto mundial y local, en nuestras comunidades,  que afecta el principio a la salud de las personas y que está llevándose consigo una gran cantidad de vidas y de recursos de bienestar.
Cómo no recordar en estos días a Max von Sydow, el actor sueco recientemente fallecido, que representó en El séptimo sello, la figura del caballero que juega al ajedrez con la muerte una partida, perdida de antemano, en ese tétrico marco medieval de procesiones de flagelantes aterrados ante la peste. O la magistral descripción de la peste de 1630 en Milán que ofrece Manzoni en Los novios. O el brillante relato de García Márquez en El amor en los tiempos del cólera.
A diferencia de otras ocasiones, la actual crisis sanitaria, cuenta con más y mejores recursos para responder a ella, en unos sectores mas que en otros, no nos engañemos, igual que unas ciudades más que en otras. Como urbanistas, hoy, tenemos un personal bien formado y entregado a su profesión. Merecen todos, nuestro más profundo agradecimiento. Han abierto el debate con rapidez y sin miedos, y aunque han surgido oportunistas sin escrúpulos, que siguen anclados en modelos urbanos antiguos como si nada hubiera pasado, ni en esta crisis, ni en la de 2.008, manipulando y frivolizando las ideas, hay que reconocer que han sido una minoría.
Es cierto, que pululan conductas insolidarias, de esas que dicen: “ aquí lo que hace falta es flexibilizar y aumentar el cemento, seguir el juego a costa de lo que sea”. No les preocupan los déficits de salud, ni lo que ocurre en la dependencia y en la residencia de los ancianos, ni en el cuidado y la educación de los niños, ni como crear empleo estable, remodelar la logística del trasporte, la falta de vivienda digna, los déficits a raudales de naturaleza que tenemos y de biodiversidad, de organización de servicios sociales, o que modelos urbanos ofrecer, para superar estos nuevos retos. Los problemas urbanos de déficits de bienestar y empleo que han surgido se les ha olvidado enseguida. Pero hoy sabemos que nuestro mundo es más que nunca interdependiente y la solidaridad universal es indispensable.
El miedo se nos va entre la manos y la ciencia se nos quedó en mercancía: “Haber si pronto tenemos vacuna, claman, y nos dejan seguir con nuestra normalidad antigua”. Siempre el miedo guardó de algún modo la viña para que tuviéramos interés en sobrevivir, los que pueden.
Por eso estos días se repite el eslogan: “Navegamos todos en el mismo barco, debemos estar unidos”. Y ciertamente, es así. El fugaz vínculo del interés común, la ciudad, es demasiado débil para hacer frente con altura humana al desafío social y económico, que ya se está incubando, y exigirán para enfrentarse a él mucho más capital ético que la simple convicción de que no nos conviene egoístamente que se hunda el barco: perdemos todos. La agregación de individuos no basta para resolver nuestras comunidades urbanas, hace falta un “nosotros y nosotras”, reforzado como ciudad.
No nos olvidemos, siempre habrá un antes y un después de esta crisis, por muchas medidas paliativas que tomemos. Necesitamos mucho más que una ciudad temerosa, de esas que dicen: “aquí no pasa nada, sigamos adelante como íbamos” . Hace falta hacer frente al reto social y económico, no solo de lo tangible en las ciudades que se nos esta quedando obsoleto, sino  acrecentar el peso de lo intangible en la vida social, en la reconstrucción del “bien común”, la ciudad.
Resulta indispensable la mano intangible de los valores, las normas y las virtudes cívicas, que son valiosas por sí mismas y para lograr que la ciudad funcione. Es el aceite que engrasa las ruedas de las maquinarias visible e invisible, el peso de lo intangible. Lo que la tradición clásica urbanística ha llamado el urban, el carácter de una sociedad, desde el que hacer frente a las situaciones cambiantes y de incertidumbre que las sociedades complejas nos traen. Philip Petitt en sus textos nos lo recuerda, una y otra vez.
Nuestras ciudades y territorios sufren hoy profundas obsolescencias y agotamientos. Hay trozos de ciudades que mueren y otros que tienen éxito. Necesitamos nuevos conceptos para entender mejor lo que sucede, sus causas, sus erosiones, los nuevos códigos  de conducta de la comunidad urbana.
Igual que el agua revela su importancia en cuanto falta. Igualmente, renunciar a diseñar, y planificar nuestras ciudades, enseña el error enseguida. Necesitamos nuevas practicas urbanas compartidas, que nos ayuden a hacer que las ciudades que se erosionan vuelvan a encontrar la dirección idónea para funcionar.

¿De verdad, que sabemos de esto? ¿estamos aprendiendo estas lecciones para el futuro, que ya es presente?. Estoy seguro que igual que salimos en otras crisis, saldremos de esta, mal que bien la superaremos, aunque sea con tristes resultados. Pero lo que sucederá en el futuro dependerá en buena medida de cómo ejerzamos nuestras actitudes y reconstruyamos nuestros códigos urbanos. ¿Será desde ese “nosotros y nosotras”, desde de ese bien común incluyente?, o ¿será desde la negación de los modelos urbanos?, idolatrando los fragmentos  que ofertan lúgubres soluciones, en los que unos ignorantes gurús del urbanismo juegan a hacerse con el poder. Es en este punto donde demostraremos que hemos aprendido algo.
Por eso es importante enfrentase al conflicto, obtener conocimiento y acercarse a la realidad sin miedo. Siempre es buen momento, pero este si cabe es más, apostar por la verdad de la realidad urbana, libres de ideas preconcebidas, sin la visión deformante de la realidad con la que juegan los poderosos.
A pesar de las declaraciones de algunos gurús, de que es el fin de los modelos en comunidad, el fin del “bien común”, de la ciudad, tendremos que seguir eligiendo. Somos conscientes una vez más de nuestra fragilidad e incertidumbre, y de nuestra gran complejidad. Vendrán nuevas crisis para las que no tendremos tampoco una respuesta inmediata. Pero lo que sí podemos anticipar es que estaremos mucho mejor preparados para enfrentarlas si lo hacemos desde la amistad cívica urbana, que es preciso cultivar día a día. Desde la convicción de que estamos unidos por un vínculo que nos convierte en un “nosotros y nosotras” incluyente, ciudades del bien común, no en unos excluyentes fragmentos de políticas de ofertas. Como dice Adela Cortina, es desde la indispensable solidaridad urbana, que no se improvisa, desde donde hay que enfrentarse a estos nuevos retos sanitarios y no, desde la que algunos están dando tan buenas muestras en esta dolorosa situación.







PANDEMIA-PROCESO DE CAMBIO. Escrito por Joaquín Seguí García



En esta pandemia, hemos pasado por una distopía que nos ha generado un proceso de cambio. Las etapas clave de un proceso de cambio, son 3.


Estamos realmente abiertos al cambio? - OCC-Internacional


El psicólogo Edgar Shein destaca tres fases esenciales en nuestro proceso de cambio:

1. Descongelar: Se trata de que hemos pasado o estamos todavía en un proceso de ruptura de lo establecido, hasta hace unos meses. Significa que debemos desaprender lo aprendido, de la forma de hacer las cosas hasta este momento. Fundamentalmente, va a afectar a las normas, valores, procesos y experiencia de lo que hemos hecho hasta ahora. Esta primera etapa será más difícil cuanto más rígida sea nuestra visión de lo ocurrido, o rechazar lo que ha pasado como una mera pesadilla.


2. Reconstruir: En esta segunda etapa se trata de estudiar la situación, analizarla y reaccionar de una manera diferente a como hemos venido haciendo, desde un nuevo punto de vista. Desde el punto de vista sanitario, educación, empleo etc.....Sin esta fase estamos perdidos y en crisis. 






3. Congelar: Por último, se trata de fijar y consolidar el cambio, con lo aprendido de la reconstrucción, dejando atrás las viejas costumbres y procesos que después de una evaluación de lo que ha funcionado en otros países o personas podemos copiarlo (copiar, e imitar las buenas conductas es totalmente bueno, y evolutivamente adaptativo) en el empleo, educación, en sanidad y también a nosotros mismos.


La planificación es el aspecto fundamental para cualquier proceso, más incluso para este proceso de cambio, venido de una pandemia. Así, comprender la perspectiva de cada involucrado en el cambio también es importante para la misma y para conseguir un resultado satisfactorio.
Quisiera terminar hablando del Síndrome de la Cabaña, viene remitido a la situación que experimenta una persona en los estados de EEUU o CANADA donde deben invernar en su casa durante periodos de 50 días debido al invierno. Luego experimenta miedo por salir a la calle, miedo a contactar con otras personas fuera de las paredes de nuestra casa, temor a realizar actividades que antes eran cotidianas como trabajar fuera de casa, coger medios de transporte público, relacionarnos con otras personas conocidas, etc.

Vivir en una cabaña


Este Síndrome junto con el de Claustrofobia, la necesidad de estar en espacios abiertos. Hoy en día, nos está ocurriendo a muchos.


ESTAMOS EN MEDIO DE UN PROCESO DE CAMBIO.


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jueves, 21 de mayo de 2020

LAS COSAS COMO SON. Escrito por Joaquín Seguí García


Llega un momento en la vida en el intervalo alrededor de los 40 años donde nos replanteamos la vida que llevamos.


Consciente o inconscientemente el cuerpo nos somatiza con sensaciones, emociones y pensamientos que ponen en cuestión, el donde estamos y como hemos llegado. 

Jardín japonés: conoce las claves para diseñar uno en tu casa


Puedo morir feliz. No conservo ninguna enseñanza que poder dar a los demás. Todo lo que he aprendido lo he entregado ya.


Este revisionismo nos produce una crisis que nos hace tambalearnos:


Puedo morir feliz -->> La muerte es enfrentarse al final de un libro de 1.000 hojas. Hay cierta tristeza por dejar a los personajes con los que hemos pasado tantas hazañas pero también la alegría de haber llegado al final de la gran aventura.


No conservo ninguna enseñanza que poder dar a los demás -->> Todo lo que he aprendido a lo largo de estos años, lo he podido desarrollar para mejorar mi entorno y a mi mismo. Me siento lleno de enseñanzas vitales, experienciales para poder seguir dando luz al aquí y ahora, o por el contrario me siento vacío por dentro, sin luz o con una luz parpadeando casi sin fuerza.

El hermoso Jardín Kenrokuen, en Kanazawa


Todo lo que he aprendido lo he entregado ya -->> Siento que no hay mas experiencias vitales que aprender. Ya solo hablo del agua pero no la siento correr por mi  cara. Siento que ha terminado mi aprendizaje experiencial de la vida.


Esta pandemia ha sido un sunami para todos.

Si el simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo, imaginaos una pandemia mundial.


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lunes, 18 de mayo de 2020

LA ÚNICA VERDAD ES LA REALIDAD




La epidemiología y el urbanismo han estado históricamente relacionadas. Así ocurrió en el caso de las teorías higienistas, en las políticas de viviendas o con la necesidad de espacios verdes. Ambas disciplinas conjuntamente han desarrollado patrones y estándares urbanos que aplicamos sin pensar porqué lo hacemos. han sabido comprender y seguir las huellas que dejaba en las ciudades la complejidad de la vida urbana, encontrar el problema y resolverlo. Han sabido descubrir anomalías, cuales eran y de donde venían, y como podían curarlas. Las dos han admitido siempre la realidad con la que se encontraban, sin negarla, y a partir de esa realidad “curar la enfermedad”. Ninguna de las dos negó la realidad,  a partir de sus análisis, quisieron mejorarla. Nunca negaron la realidad existente, ni se plantearon transformarla con modelos teóricos que no existían en la realidad de la vida de las personas. Ninguna de las dos se han sentido exclusivamente disciplinas normativas, el fruto de la norma llegaba de forma indirecta pero no era el fin. El fin, el objetivo de ambas es curar conflictos o anomalías, a partir de ahí beneficios indirectos surgen muchos.

Una de las mas clásicas correlaciones de variables que las anomalías urbanas han tenido históricamente entre ambas ciencias, han sido las que tenían que ver con la pobreza, la desigualdad, o los déficits de bienestar y salud, estas variables estaban detrás de muchos procesos anómalos en las ciudades. Lo que implicaba que ambas tenían la oportunidad única  de recolectar datos y conocer a fondo las complejidades de la convivencia humana.  A veces, no sabían dónde buscar.  Era como buscar una aguja en un pajar,  así que requerían de todo y de todos, para enfrentarse a los problemas de las nuevas complejidades urbanas.  ¿Tenía que ver la comida con la educación?, ¿por qué había mas epidemias en unos barrios que en otros?, ¿Como debían ser las calles, los colegios, las asistencias sanitarias…? ¿Cómo debía ser la vivienda?, ¿Los baños debían estar dentro o fuera de la casa?, ¿debían ser aireadas, soleadas…?,  ¿A qué distancia deben estar los colegios?, ¿El empleo y la residencia deben estar juntos o separados? …¿Qué densidades deben tener los barrios para que fueran saludables?...

Supieron desafiar abiertamente la sabiduría convencional, la “sabiduría de la convicción social”.  La sabiduría convencional de cada momento sostenía  que todo era seguro y cierto. Pero esto ocurría hasta un cierto punto, pensaron, hay umbrales que no.  Hay que tener un gran entusiasmo para desafiar la sabiduría convencional  que dan las nuevas tecnologías y las normas  del momento, esas que nos dan certidumbre y eficiencia. Pero esto no siempre ocurre, por eso introdujimos los cálculos matemáticos, no la estadística, en el urbanismo, para darle un barniz de certeza, sin darnos cuenta que el urbanismo, como la epidemiologia o la sociología son hijas de la incertidumbre, también la matemática moderna.   Desafiaron  las ideas de algunos doctos profesionales, sobre todo aquellos muy afectados de sí mismos,  que pregonaban que ellos eran personas que ayudaban a sus vecinos o a sus pacientes,  y nunca les habían dañado. Que trabajaban para su bien. ¿Cómo ellos, con su sabiduría convencional y sus nuevas tecnologías se iban a equivocar?. Pero hoy sabemos cuantos urbanistas y profesionales urbanos, han dañado a las ciudades y la vida de las personas.

Hay una historia que siempre cuenta Margaret Hefferman. Es el caso de la doctora Alice Srtewart, una mujer fantástica y poco corriente de los años 50 del siglo XX. Y era poco corriente porque estaba realmente interesada en una nueva ciencia,  el naciente campo de la epidemiología,  el estudio de los patrones de la enfermedad. El problema complejo que Alice tenía  era el aumento del fallecimiento de niños por la incidencia de cáncer en ellos. Se enfrentó a esta anomalía, desafiando la sabiduría convencional de su época. Su experiencia como doctora, su saber mirar, le decía que no era, en este caso, la pobreza la causante del problema. Sus conclusiones le dijeron que la causante era la maquina tecnológica más importante del momento, los rayos X. Las madres embarazadas expuestas a rayos X, tenían una relación de dos a uno, de que los hijos tratados con rayos X tuvieran cáncer. Y estas maquinas las usaban sobre todo los madres embarazadas de familias ricas.

Los datos estaban ahí, abiertos, libremente disponibles,  pero nadie quiso atenderlos.  Moría un niño a la semana,  pero nada cambió.  La información sola no lidera el cambio. Así que durante 25 años, Alice Stewart tuvo un problema muy grande entre manos:  ¿cómo sabía sí estaba en lo correcto?.  Ella tenía una forma estupenda de pensar, no tenia miedo a desafiar el conflicto.  Se puso a trabajar con un estadístico llamado George Kneale  que era todo lo que Alice no era. Alice era empática, le gustaba relacionarse con las personas, Kneale era lo contrario le gustaban más los números que las personas. Por raro que parezca  la relación de trabajo entre ambos fue fantástica. Convirtieron su trabajo de pensar y enfrentarse al conflicto en torno a las teorías convencionales, en una colaboración fructifica.  George le dio a Alice la confianza para saber que tenía razón, para demostrar que las teorías convencionales estaban equivocadas.

Que fantástico modelo de colaboración:  socios de pensamiento que no son eco uno del otro.  ¿Cuántos de nosotros  nos atreveríamos a tener esos colaboradores?.  Alice y George fueron muy buenos para el conflicto.  Fueron muy buenos para pensar de otra manera. No tuvieron miedo a crear equipo, colaborar, para enfrentarse al conflicto.

¿Qué se requiere para abordar conflictos de ese tipo de forma constructiva?.  Tenemos que resistir el impulso neurobiológico,  que nos lleva a preferir a personas como nosotros, significa que tenemos que buscar personas  con diferentes antecedentes, diferentes disciplinas,  diferentes formas de pensar y diferentes experiencias,  y encontrar formas de colaborar con ellos.  Se requiere mucha paciencia y mucha energía.

Margaret Hefferman decía : “Cuanto más pienso en esto,  más creo que, realmente, se trata de una especie de amor.  Porque uno simplemente no invierte tanta energía  y tiempo si realmente no le importa.  Y también significa que tenemos que estar dispuestos a cambiar nuestras mentes”.  

Los mayores problemas a los que nos hemos enfrentado en nuestras ciudades y territorios, los mayores desastres que hemos tenido, nunca han provenido por el hacer de las personas, sino de las organizaciones encargadas de planificar, alejadas de la realidad. Muchas de estas organizaciones o corporaciones profesionales han afectado a cientos, incluso a millones de vidas. Decían hacer buenas planificaciones y se equivocaron. ¿Es que estas organizaciones no piensan? Pues bien, la mayoría no lo hacen.  Y no es porque no quieran,  en realidad es porque no pueden.  Y no pueden porque la gente en ellas  teme mucho al conflicto que origina la complejidad del avance de las personas y de las comunidades. Tienen miedo a la realidad. Miedo del conflicto que se provocaría,  miedo a estar involucrados en  desafíos que no saben cómo manejar,  y  sienten que están condenados a perder. No sabemos pensar juntos y además fallamos en lograr que lo mejor que tenemos cada uno, florezca en la colaboración.

¿Que necesitamos?. Nos hace falta nuevas habilidades  y mucha practica, sin miedo al conflicto. Tenemos que verlo como maneras nuevas de pensar en complejidad, tenemos que ser realmente buenos en esto, en gestionar organismos complejos.  Es verdad que la complejidad es complicada y que genera márgenes de error, a veces muy amplios, porque la incertidumbre crece con la complejidad. Complejidad e incertidumbre van unidas. Gestionar bien la complejidad es aprender a gestionar la incertidumbre. Tenemos que aprender a abrazar la incertidumbre. No podemos eludir el conflicto, sino aprender a ordenar y planificar con incertidumbre nuestros territorios y nuestras actividades. No se trata de renunciar a las civilizaciones urbanas en sus múltiples dimensiones y posibilidades, porque nos traigan incertidumbres, sino a creer más en ella, en lo que ellas hacen. Tendremos que hacer estrategias de planificación capaces de moverse  con rapidez a los cambios, tendrán que ser solo normativas en lo esencial, pero más robustas. 

Hoy muchos tenemos estas inquietudes, muchos tenemos las mismas preguntas y dudas. Pero tenemos muchos aliados. Sí, habrá mucho debate, conflicto y dificultad, pero de aquí saldremos más creativos, con más soluciones y con mejores equipos y organizaciones. Sino tenemos miedo al conflicto, si no tenemos miedo a la realidad. Como he dicho en otro articulo el mayor riesgo que podemos tener es no hacer nada, no aprender nada, quedarnos en silencio.

Como he dicho la mayoría de las grandes catástrofes de las que hemos sido testigos,  rara vez vienen de las personas, ni siquiera de la información que está disponible gratuitamente. Lo que ocurre es que estamos intencionalmente ciegos,  porque no podemos o no queremos  enfrentarnos al conflicto que esto nos provoca.  Pero cuando nos atrevemos a romper ese silencio,  o cuando nos atrevemos a ver el conflicto,  nos habilitamos a nosotros y quienes nos rodean  a mejorar la forma de pensar. La información abierta es fantástica,  las redes abiertas son esenciales.  Pero la verdad no nos liberará,  hasta que desarrollemos las habilidades, el hábito, el talento  y el coraje moral para utilizarla. La única verdad es la realidad. La apertura del big data y las nuevas tecnologías no es el fin.  Es el comienzo. 

                                                                                VICENTE SEGUÍ PEREZ (Economista Urbanista)

viernes, 15 de mayo de 2020

EL COVID-19 HA PUESTO EN EVIDENCIA EL DÉFICIT URBANO DE BIENESTAR



El covid-19 ha puesto en evidencia el déficit urbano de bienestar que tienen nuestras ciudades. Creíamos que teníamos ciudades inteligentes y ahora ni siquiera estamos seguros que tengamos ciudades saludables. Tenemos que empezar a elaborar una nueva estrategia urbana de conocimiento, que tenga un paradigma común: ciudades contra el cambio climático, ciudades saludables, ciudades ecológicas, ciudades verdes, ciudades solidarias , ciudades humanas, ciudades colaborativas o cooperativas …..

Todos estos conceptos constituyen un nuevo paradigma urbano. Que nos obligan, no a hacer más de lo mismo, ni a activar lo mismo, sino a transformar el futuro de nuestras ciudades y territorios en otras direcciones. Tenemos que saber cuantas cosas tienen en común estos conceptos y otros similares. Una de las cuestiones, entre otras muchas, es, con cuanta densidad podemos vivir y como vamos a planificar las distintas densidades. Para cuestiones climáticas, la alta densidad no viene mal. Interesa que la gente viva más compacta, que use el transporte masivo y no se mueva cada persona aislada en su coche, como diría Richard Senett. Pero la densidad también puede ser una amenaza para la salud. Así que la cuestión está en elaborar formas de convivencia urbanas que sean tanto verdes como sanas. ¿Cómo compaginar distintas densidades?.

Otra cuestión es como podemos convivir con la naturaleza. Cuánto nos sirve la naturaleza para hacer ciudad y cuánta ciudad podemos hacer con la naturaleza. En esta referencia es importante entender que el mundo rural y sus actividades son ciudad. Quizás el primer modelo de ciudad que existió. Es hora que aceptemos que no existe un pensamiento único de ciudad. A lo largo de la historia han existido múltiples modelos: el medieval, el comercial, el burgués, el industrial, el de los servicios, las Smart Citys…u otros modelos según el mundo físico que colonizaron las distintas civilizaciones. Pero hoy, tenemos que desarrollar la ciudad rural contemporánea, la ciudad territorial, es un asignatura pendiente. Estas tienen otros tipos de densidades y responden a estrategias cruciales para nuestra existencia.

Tenemos que saber gestionar distintos tipos de densidades, incluso dentro de una misma estructura urbana, y por tanto nodos de concentración diferentes. Una ciudad puede tener distintos nodos de concentración y movilidad. Crear nodos de concentración es crear ciudad. Por ejemplo, las llamadas ciudades (áreas urbanas) de 15 minutos. En estas, la gente puede llegar en bicicleta o andando en 15 minutos a un centro sin que necesiten transportes masificados, que pueden llegar a ser muy peligroso en casos como el que vivimos actualmente.

Son cambios enormes. Supone reconstruir urbes, modelos de convivencia y de comunicación muy diversos. Cúmulos de muchas ciudades distintas entre las que podemos movernos, manteniendo todas ellas ese paradigma inicial que hemos comentado de ciudades saludables o similares.

 El liberalismo, como fuerza económica, ha debilitado nuestra red de salud y convivencia. No nos sirve en caso de crisis, ni siquiera para resolver los problemas que nos surgen en los estados de déficit, bien sean de barriadas o de servicios. La infraestructuras de bienestar esenciales para la vida son la piedra angular del paradigma del que hablamos. Y el empleo y sus relaciones deben estar previstas en este tipo de modelo urbano.

Necesitamos crear o recoger nuevas formas de comunicarnos entre todos los que habitamos un espacio, no podemos esperar que algún organismo público o privado lo haga por nosotros, sin nosotros. Tenemos que fabricar las conexiones nosotros mismos. El Estado debe aprender a coordinar y a dirigir estos procesos planificativos. No podemos esperar que el capitalismo nos de la solución. El capitalismo que conocemos es excesivamente dependiente de altos niveles de concentración espacial y energética. Tendremos que cambiar la economía y decidir que planificación queremos y cómo supliremos las ausencias de los modelos únicos. El trabajo es inmenso.

sábado, 9 de mayo de 2020

NO ES LO MISMO ADMINISTRAR LA CIUDAD QUE PLANIFICAR LA CIUDAD

Conforme la complejidad de las ciudades ha ido aumentando, la administración de las mismas ha ido cogiendo un peso cada vez más importante. Hasta el punto, que hoy cuando abordamos problemas de administración, pensamos que estamos planificando, y lo que es peor, el debate y la reflexión sobre la administración ha ido ocupando todo el espacio de los debates urbanos, arrinconando a la planificación urbana a un lugar marginal.


Administrar tiene que ver con diseñar y gestionar procedimientos, protocolos o procesos para el desarrollo de las actividades urbanas. Estos tienen que estar bien diseñados, tienen que ser agiles, eficientes, transparentes, tienen que estar digitalizados, no ser complejos, ni repetitivos, tener pautas bien marcadas de resolución, tiempos, calidad…etc. El acierto en el desarrollo de toda esta administración es muy importante, no es nada baladí para el desarrollo de la ciudad, afecta a la ciudad, pero no tiene que ver con la planificación como disciplina, ni con la ordenación, investigación, diseño o concreción de políticas urbanas.

La administración, tiene una historia, una filosofía del conocimiento y un practica distinta de la urbanística. Por cierto muy importante, que lamentablemente se nos olvida. Sin darnos cuenta hoy, la mayor parte de nuestros debates, tienen más que ver con la administración y los problemas jurídicos administrativos que surgen de sus fallos y defectos formales o de equidad, que de los problemas que surgen de la investigación sobre la planificación urbana (el urbanismo).

Hasta el punto, que hemos acabando creyendo que nuestros debates administrativos son debates de planificación. Y no, no tienen nada que ver, bueno si se están relacionados, pero responden a conocimientos diferenciados. No son uno mejor que el otro, ambos son importantes. Pero tenemos que saber en que mesa de juego estamos cuando abordamos un problema.

Hablar sobre las recomendaciones y acciones que toma el Ayuntamiento de Madrid para mejorar procedimientos administrativos, por cierto un documento que como disciplina administrativa es lamentable por su debilidad,  o hacer una guía practica sobre como deben ser los certificados de declaración responsables, no se parece nada a estudiar o leer las opiniones e investigaciones de Richard Sennett sociólogo de la London School Economics o de Saskia Sassen Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales o de Lewis Munford, Manuel Solá Morales..etc.

Tan importante y valioso es saber diseñar buenos y agiles procedimientos de administración para la ciudad, como diseñar adecuadas políticas urbanas de planificación. Por cierto estas no son solo de Arquitectura, y en muchos casos tienen poco que ver con la Arquitectura. La ciudad, no es solo una estructura física, también es una estructura humana, sociológica, económica, de movilidad e intercambio de conocimientos.

VICENTE SEGUÍ PEREZ. Economista Urbanista

martes, 18 de junio de 2019

¿SON LAS NOTAS UN INDICADOR DE VIDA? escrito por Joaquín Seguí García.

Desde el nacimiento de nuestro hijo, uno de los Santos Griales consiste en buscar indicadores que nos den feedback de ir haciéndolo bien.

Vamos preguntando continuamente a diferentes profesionales que se basan en indicadores objetivos que nos tranquilizan o nos agobian. Si nos tranquilizan rápidamente buscamos nuevos indicadores y si nos agobian, corremos para conseguir que nuestro hijo este dentro de esos parámetros.

Por ejemplo, uno de los primeros indicadores es el percentil del peso. Cuando vamos al pediatra, empieza el proceso de pesado y medición de la altura de nuestros hijos. En esos momentos dramáticos, miran a la madre y ponen cara de "esto no me gusta" y le dicen "esta por debajo de la media, va justito". A partir de ahí la angustia porque nuestro niñ@ ha suspendido.😥

Si supieran las madres y padres que las tablas que se suelen usar son de la Fundacion Faustino Orbengozo, realizada sobre niñ@s nacidos en la década de los 70-80 en Vizcaya. Se relajarían muchísimo, porque ¿Que tienen que ver un niñ@ malagueño o senegalés, con un niñ@ de Vizcaya en los 70???

Otro gran generador de preocupaciones son los colegios y sus notas. Indicadores infalibles de evoluciones de nuestros niñ@s.
Por ejemplo:

Edison: Tenía cuatro años cuando aprendió a hablar. Un problema de audición hizo que su profesora lo considerara un niño con grandes dificultades para aprender. Ante tantos problemas, Edison fue sacado de la escuela y educado en su propia casa por su misma madre.


Wilbur y Orville Wright: Se hacían piardas continuamente. Eran considerados unos fracasados escolares.


Albert Einstein:  “Este chico no llegará nunca a ningún sitio”. Tampoco es que fuera un desastre (se ha exagerado mucho este aspecto), pero es cierto que sus maestros encontraban al joven Einstein lento y se quejaban de que reflexionaba demasiado antes de contestar a una pregunta. No conseguía aprender nada de memoria. No entendía las reglas y las órdenes. Rechazaba practicar deporte y esto lo llevó a aislarse. A los 16 años fue rechazado en una primera prueba de acceso a la Escuela Politécnica de Zurich por sus malos resultados en letras. 

Winston Churchill: Nunca pudo encontrar sentido en los estudios escolares. En lugar de ello, prefería jugar con sus soldados de juguete.

Erasmo de Rotterdam: Erasmo desarrolló un sentimiento de rechazo frente a la institución y llegó a la conclusión de que tanto los colegios como las Universidades y, en general, muchas veces la misma Iglesia, impedían pensar libremente. Desde entonces se opuso a cualquier tipo de autoridad y buscó mayor libertad leyendo a los escritores clásicos griegos y latinos.

Otro ejemplo de la búsqueda de indicadores que nos hacen sentirnos mal como padres y agobiarnos por hacerlo mal.

Tenemos que trabajar sobre nuestras emociones para que no nos inunden y nos impidan ver con nitidez lo importante de su desarrollo. Que no esta fuera sino dentro de ellos.

Deberíamos observa estos otros indicadores. Serían como nuestro CANARIO ( Para los mineros, siempre y cuando el canario cantara significaba que no había ningún peligro, pero si el canario por lo que fuera, dejaba de cantar y perdía el conocimiento, significaba que había que evacuar la zona inmediatamente ya que no era apta para la vida):

INDICADORES:

Sonrisa del niño.


Mirada alegre.


Deseo de crear cosas con las manos.


Deseos de aprender leyendo.


Empatía por otros seres vivos.


Muchas Ganas de comunicar sobre sus experiencias.


canario utilizado en tests de monitoreo de CO. Fuente: US bureau of mines 1928

lunes, 8 de agosto de 2016

TEDDY CRUZ Y EL PROCESO DE CREACIÓN DE CIUDAD POR EL VECINDARIO.escrito por Vicente Seguí Pérez


El arquitecto Teddy Cruz nació en Ciudad de Guatemala en 1962, casi cuando se iniciaba la Guerra Civil en este país centroamericano al que se llamó Conflicto Armado Interno. Ese largo conflicto bélico librado entre 1960 y 1996, que se produjo dentro del marco de la guerra fría entre el bloque capitalista de los Estados Unidos y el bloque comunista de la Unión Soviética, causó un gran impacto en toda el área. En su mismo año de nacimiento se creaba el primer grupo guerrillero del país, el Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre.

La carrera del arquitecto Teddy Cruz comienza tras estudiar en la Universidad privada jesuítica Rafael Landivar de Guatemala City, fundada a principios de los 60 del siglo pasado y la Graduate School of Design de la Universidad de Harvard en la se gradúa en 1997, con la apertura de su oficina de Investigación Urbana y Arquitectónica Estudio Teddy Cruz (http://estudioteddycruz.com/ ) en el año 2000 en San Diego, California. Durante los últimos años se ha centrado en la observación, investigación y traducción de las dinámicas urbanas transfronterizas que transgreden la rigidez de los límites migratorios, sociales, económicos y los sistemas de retroadaptación y reciclaje. En la actualidad es profesor de cultura pública y urbanismo en la Universidad de California en San Diego, donde es cofundador del Centro para ecologías urbanas (CUE).

Cruz había aprendido por la experiencia de su vida propia y de su país lo que era la adaptación, no necesitaba que otros le contaran su necesidad, ni que ningún director general de la CIA se lo explicara, ni le contaran lo que era la guerra de Irak u otros conflictos, sabía que mucha gente tenía que adaptarse a circunstancias muy críticas, y sabía bien porqué. Con todo ese conocimiento, Teddy se preguntó desde muy pronto, por qué no él y lo que hacía, la arquitectura y el urbanismo, no debía hacerlo.

Teddy Cruz a partir de la década de 1980, trabaja y vive en esa frontera tan concurrida que sostiene el “paso de inmigrantes”, porque el que transitan más de 70 millones de personas al año. Pero no solo lo hacen personas, también lo transitan casas enteras, puertas de garaje, desechos de construcción, todo tipo de aparatos domésticos, coches y restos de materiales de cualquier tipo, lo que termina definiendo múltiples espacios no reglados, barrios fronterizos, precariedades, modelos de ciudad que marcan la diferencia entre ser y el aspirar a ser.






Cruz, representó a Estados Unidos en la Bienal de Venecia de 2008 que tenía el lema” Ahí fuera: Arquitectura más allá de la construcción”. Su teoría y su obsesión no es solo criticar la crisis de las instituciones y las disciplinas regladas que teorizan sobre los órdenes urbanos, profundamente preocupados por formalizar proyectos en laboratorios, incapaces de idear otra manera de construir las ciudades o de lidiar con los crecimientos urbanos que los que les dan sus reglas legales corporativas, su cruzada también está en aprender del ingenio, la inventiva y la cultura participativa de la ciudad informal. Esto no tiene nada que ver con la tentación de poetizar o embellecer la pobreza, ni de alabar la ciudad especulada o no reglada. Lo que Cruz hace es analizar la capacidad de reacción de una población sin preparación pero con urgencias vitales para resolver sus modos de existencia y su adaptación a los espacios y considerar esa capacidad cultural. Está convencido de que las mejores ideas para el futuro de las ciudades surgirán de los lugares de conflicto, de esos lugares donde las personas han sabido dar respuestas ingeniosas a espacios de tránsito y a territorios límites. Estas cuestiones no se estudian en las Universidades, ni se contemplan en las decisiones gubernamentales.


En el marco que él ha estudiado, en la frontera entre San Isidro, un suburbio de San Diego, y Tijuana, el urbanismo extensivo (el sprawl de Baja California) choca con la densidad de los nuevos poblados fronterizos. En San Diego están algunos de los terrenos más caros del mundo y a pocos kilómetros, a “apenas 20 minutos”, algunos de los asentamientos más pobres de Latinoamérica: la periferia de Tijuana.


Es el flujo físico de inmigrantes lo que fomenta, a su vez, el flujo de residuos y el papel de esos inmigrantes convertidos en autores físicos, e ideológicos, de la transformación de los territorios. El barrio estadounidense y el poblado limítrofe, al otro lado de la frontera, es lo que le interesa. Pedazos de los barrios tradicionales norteamericanos pasan al otro lado de esa frontera para construir otras casas. Los materiales de desecho son reutilizados por obreros que han sido capaces de extraer de ellos otro tipo de arquitectura que aúna supervivencia con creatividad e ingenio con precariedad.

En México, a veces una vivienda sobre otra construye una torre de apartamentos a partir de antiguas residencias unifamiliares. Al otro lado, en California, la ocupación de garajes como viviendas y la precariedad laboral también definen un nuevo tipo de hábitat y vivienda experimental.

Lo que Cruz hace, desde hace cerca de quince años, es cuestionar el papel del arquitecto tradicional en lugares de conflicto (la ausencia o la negación casi siempre) y proponer otras acciones. Para él las mejores ideas para la redefinición del territorio llegan cuando el urbanismo se implica prestando atención a las posibilidades de la ciudad informal a la hora de apuntar caminos para otra manera de urbanizar el mundo.


Son las personas las que construyen a la vez las diferencias y las semejanzas entre los espacios urbanos, es ese oscilar entre semejanzas y diferencias el que caracteriza los mejores espacios, con los cuales el compromiso del urbanista ha consistido en dotar de razón y atracción a los mismos.

Por eso defiende una nueva planificación realizada desde abajo, construida por los propios ciudadanos. En realidad, es el urbanismo más practicado del mundo, el urbanismo que más nos gusta. El que crea estrategias alternativas a lo que está impuesto política y económicamente. Lo informal siempre cumple un papel parecido: dar cabida a lo que no cabe en un mundo pulcramente dibujado y reglado.

Eso es muy visible en Tijuana, donde el 75% de la vivienda es autoconstruida. Sin embargo, también San Diego, al otro lado de la frontera, tiene ciudad informal. De algún modo se ha formado por la llegada del inmigrante, que va alterando los espacios homogéneos de la cultura dominante. En parte obedece a que, aunque no queramos verla, la autoconstrucción es la norma, no la excepción.

Cruz cree que se puede aprender de la manera de hacer de estos espacios informales, de la colaboración profesional en ellos. “Crecí rodeado de una realidad que no he olvidado. Me refiero no solo a la situación política de represión, también a la pobreza extrema”. Lo que le ha llevado a pensar así es, además de su propia vida, la frontera en la que ha elegido vivir. Él es uno de los 300.000 individuos que a diario cruzan la frontera para trabajar a un lado y dormir al otro. Fue ese tráfico de personas y de mercancías lo primero que llamó su atención cuando se trasladó a vivir allí. Observó que con los desechos de San Diego se estaba construyendo Tijuana, por lo menos la zona cercana a la frontera. Había muros levantados con neumáticos, también puertas de los garajes de San Diego resucitadas como fachadas en las viviendas mexicanas. Cruz llama a este collage “urbanización sándwich”.

Es ahí donde Cruz ha crecido profesionalmente, pero también es ahí donde el urbanismo ha encontrado siempre sus mejores aciertos. Ese lugar atípico que en lugar de utilizar el diseño para resolverlo, ha utilizado la colaboración y la participación para dotarse de conocimientos y estrategias urbanísticas. La ciudad solo se fortalece cuando lo informal y lo formal logran entenderse, cuando colaboran entre sí. El urbanismo no niega las repuestas de los ciudadanos a los conflictos. Es posible un urbanismo más inclusivo y permeable en el que cabe la resolución personal del conflicto, la autoconstrucción o los movimientos de personas. Es posible un urbanismo que sustente la producción de ciudad en procesos más colaborativos con la producción del vecindario.

En la actualidad, el futuro de las ciudades depende menos de la construcción y más de la reorganización básica de las relaciones socioeconómicas y de la organización de los recursos y de las opciones. Por ello, necesitamos un replanteamiento urgente del crecimiento urbano actual y de nuestras formas de organización. Tenemos que cuestionar el papel de ese urbanismo incapaz de entender los procesos y los conflictos de los ciudadanos, explorar otras posibilidades más informales que no desreguladas, a la hora de diseñar una nueva manera de organizar los espacios.