jueves, 21 de mayo de 2020
lunes, 18 de mayo de 2020
LA ÚNICA VERDAD ES LA REALIDAD
La epidemiología y el urbanismo han estado históricamente
relacionadas. Así ocurrió en el caso de las teorías higienistas, en las
políticas de viviendas o con la necesidad de espacios verdes. Ambas disciplinas
conjuntamente han desarrollado patrones y estándares urbanos que aplicamos sin
pensar porqué lo hacemos. han sabido comprender y seguir las huellas que dejaba
en las ciudades la complejidad de la vida urbana, encontrar el problema y
resolverlo. Han sabido descubrir anomalías, cuales eran y de donde venían, y
como podían curarlas. Las dos han admitido siempre la realidad con la que se
encontraban, sin negarla, y a partir de esa realidad “curar la enfermedad”.
Ninguna de las dos negó la realidad, a
partir de sus análisis, quisieron mejorarla. Nunca negaron la realidad
existente, ni se plantearon transformarla con modelos teóricos que no existían
en la realidad de la vida de las personas. Ninguna de las dos se han sentido exclusivamente
disciplinas normativas, el fruto de la norma llegaba de forma indirecta pero no
era el fin. El fin, el objetivo de ambas es curar conflictos o anomalías, a
partir de ahí beneficios indirectos surgen muchos.
Una de las mas clásicas correlaciones de variables que las
anomalías urbanas han tenido históricamente entre ambas ciencias, han sido las
que tenían que ver con la pobreza, la desigualdad, o los déficits de bienestar
y salud, estas variables estaban detrás de muchos procesos anómalos en las
ciudades. Lo que implicaba que ambas tenían la oportunidad única de
recolectar datos y conocer a fondo las complejidades de la convivencia humana. A
veces, no sabían dónde buscar. Era como buscar una aguja en un
pajar, así que requerían de todo y de todos, para enfrentarse a los
problemas de las nuevas complejidades urbanas. ¿Tenía que ver la
comida con la educación?, ¿por qué había mas epidemias en unos barrios que en
otros?, ¿Como debían ser las calles, los colegios, las asistencias sanitarias…?
¿Cómo debía ser la vivienda?, ¿Los baños debían estar dentro o fuera de la
casa?, ¿debían ser aireadas, soleadas…?, ¿A qué distancia deben
estar los colegios?, ¿El empleo y la residencia deben estar juntos o separados? …¿Qué
densidades deben tener los barrios para que fueran saludables?...
Supieron desafiar abiertamente la sabiduría convencional, la
“sabiduría de la convicción social”. La sabiduría convencional de
cada momento sostenía que todo era seguro y cierto. Pero esto ocurría
hasta un cierto punto, pensaron, hay umbrales que no. Hay que tener
un gran entusiasmo para desafiar la sabiduría convencional que dan
las nuevas tecnologías y las normas del
momento, esas que nos dan certidumbre y eficiencia. Pero esto no siempre
ocurre, por eso introdujimos los cálculos matemáticos, no la estadística, en el
urbanismo, para darle un barniz de certeza, sin darnos cuenta que el urbanismo,
como la epidemiologia o la sociología son hijas de la incertidumbre, también la
matemática moderna. Desafiaron las ideas de algunos doctos profesionales,
sobre todo aquellos muy afectados de sí mismos, que pregonaban que ellos
eran personas que ayudaban a sus vecinos o a sus pacientes, y nunca
les habían dañado. Que trabajaban para su bien. ¿Cómo ellos, con su
sabiduría convencional y sus nuevas tecnologías se iban a equivocar?. Pero hoy
sabemos cuantos urbanistas y profesionales urbanos, han dañado a las ciudades y
la vida de las personas.
Hay una historia que siempre cuenta Margaret Hefferman. Es
el caso de la doctora Alice Srtewart, una mujer fantástica y poco corriente de
los años 50 del siglo XX. Y era poco corriente porque estaba realmente
interesada en una nueva ciencia, el naciente campo de la
epidemiología, el estudio de los patrones de la enfermedad. El
problema complejo que Alice tenía era el aumento del fallecimiento
de niños por la incidencia de cáncer en ellos. Se enfrentó a esta anomalía,
desafiando la sabiduría convencional de su época. Su experiencia como doctora,
su saber mirar, le decía que no era, en este caso, la pobreza la causante del
problema. Sus conclusiones le dijeron que la causante era la maquina
tecnológica más importante del momento, los rayos X. Las madres embarazadas
expuestas a rayos X, tenían una relación de dos a uno, de que los hijos
tratados con rayos X tuvieran cáncer. Y estas maquinas las usaban sobre todo
los madres embarazadas de familias ricas.
Los datos estaban ahí, abiertos, libremente disponibles, pero
nadie quiso atenderlos. Moría un niño a la semana, pero
nada cambió. La información sola no lidera el cambio. Así que
durante 25 años, Alice Stewart tuvo un problema muy grande entre
manos: ¿cómo sabía sí estaba en lo correcto?. Ella tenía
una forma estupenda de pensar, no tenia miedo a desafiar el conflicto. Se
puso a trabajar con un estadístico llamado George Kneale que era
todo lo que Alice no era. Alice era empática, le gustaba relacionarse con las
personas, Kneale era lo contrario le gustaban más los números que las personas.
Por raro que parezca la relación de
trabajo entre ambos fue fantástica. Convirtieron su trabajo de pensar y
enfrentarse al conflicto en torno a las teorías convencionales, en una
colaboración fructifica. George le dio a Alice la confianza para saber
que tenía razón, para demostrar que las teorías convencionales estaban equivocadas.
Que fantástico modelo de colaboración: socios de
pensamiento que no son eco uno del otro. ¿Cuántos de nosotros nos atreveríamos a tener esos colaboradores?. Alice
y George fueron muy buenos para el conflicto. Fueron muy buenos para
pensar de otra manera. No tuvieron miedo a crear equipo, colaborar, para
enfrentarse al conflicto.
¿Qué se requiere para abordar conflictos de ese tipo de
forma constructiva?. Tenemos que resistir el impulso neurobiológico, que
nos lleva a preferir a personas como nosotros, significa que tenemos que buscar
personas con diferentes antecedentes, diferentes
disciplinas, diferentes formas de pensar y diferentes
experiencias, y encontrar formas de colaborar con ellos. Se
requiere mucha paciencia y mucha energía.
Margaret Hefferman decía : “Cuanto más pienso en
esto, más creo que, realmente, se trata de una especie de
amor. Porque uno simplemente no invierte tanta energía y
tiempo si realmente no le importa. Y también significa que tenemos
que estar dispuestos a cambiar nuestras mentes”.
Los mayores problemas a los que nos hemos enfrentado en
nuestras ciudades y territorios, los mayores desastres que hemos tenido, nunca
han provenido por el hacer de las personas, sino de las organizaciones
encargadas de planificar, alejadas de la realidad. Muchas de estas
organizaciones o corporaciones profesionales han afectado a cientos, incluso a
millones de vidas. Decían hacer buenas planificaciones y se equivocaron. ¿Es que
estas organizaciones no piensan? Pues bien, la mayoría no lo
hacen. Y no es porque no quieran, en realidad es porque
no pueden. Y no pueden porque la gente en ellas teme
mucho al conflicto que origina la complejidad del avance de las personas y de las
comunidades. Tienen miedo a la realidad. Miedo del conflicto que se
provocaría, miedo a estar involucrados en desafíos que no
saben cómo manejar, y sienten
que están condenados a perder. No sabemos pensar juntos y además fallamos en
lograr que lo mejor que tenemos cada uno, florezca en la colaboración.
¿Que necesitamos?. Nos hace falta nuevas habilidades y mucha practica, sin miedo al conflicto.
Tenemos que verlo como maneras nuevas de pensar en complejidad, tenemos que ser
realmente buenos en esto, en gestionar organismos complejos. Es
verdad que la complejidad es complicada y que genera márgenes de error, a veces
muy amplios, porque la incertidumbre crece con la complejidad. Complejidad e
incertidumbre van unidas. Gestionar bien la complejidad es aprender a gestionar
la incertidumbre. Tenemos que aprender a abrazar la incertidumbre. No podemos eludir
el conflicto, sino aprender a ordenar y planificar con incertidumbre nuestros territorios
y nuestras actividades. No se trata de renunciar a las civilizaciones urbanas
en sus múltiples dimensiones y posibilidades, porque nos traigan
incertidumbres, sino a creer más en ella, en lo que ellas hacen. Tendremos que
hacer estrategias de planificación capaces de moverse con rapidez a los cambios, tendrán que ser
solo normativas en lo esencial, pero más robustas.
Hoy muchos tenemos estas inquietudes, muchos tenemos las mismas
preguntas y dudas. Pero tenemos muchos aliados. Sí, habrá mucho debate,
conflicto y dificultad, pero de aquí saldremos más creativos, con más soluciones
y con mejores equipos y organizaciones. Sino tenemos miedo al conflicto, si no
tenemos miedo a la realidad. Como he dicho en otro articulo el mayor riesgo que
podemos tener es no hacer nada, no aprender nada, quedarnos en silencio.
Como he dicho la mayoría de las grandes catástrofes de las
que hemos sido testigos, rara vez vienen de las personas, ni
siquiera de la información que está disponible gratuitamente. Lo que ocurre es
que estamos intencionalmente ciegos, porque no podemos o no queremos enfrentarnos
al conflicto que esto nos provoca. Pero cuando nos atrevemos a
romper ese silencio, o cuando nos atrevemos a ver el
conflicto, nos habilitamos a nosotros y quienes nos
rodean a mejorar la forma de pensar. La información abierta es
fantástica, las redes abiertas son esenciales. Pero la
verdad no nos liberará, hasta que desarrollemos las habilidades, el
hábito, el talento y el coraje moral para utilizarla. La única
verdad es la realidad. La apertura del big data y las nuevas tecnologías
no es el fin. Es el comienzo.
viernes, 15 de mayo de 2020
EL COVID-19 HA PUESTO EN EVIDENCIA EL DÉFICIT URBANO DE BIENESTAR
El covid-19 ha puesto en evidencia el déficit urbano de bienestar que tienen nuestras ciudades. Creíamos que teníamos ciudades inteligentes y ahora ni siquiera estamos seguros que tengamos ciudades saludables. Tenemos que empezar a elaborar una nueva estrategia urbana de conocimiento, que tenga un paradigma común: ciudades contra el cambio climático, ciudades saludables, ciudades ecológicas, ciudades verdes, ciudades solidarias , ciudades humanas, ciudades colaborativas o cooperativas …..
Todos estos conceptos constituyen un nuevo paradigma urbano. Que nos obligan, no a hacer más de lo mismo, ni a activar lo mismo, sino a transformar el futuro de nuestras ciudades y territorios en otras direcciones. Tenemos que saber cuantas cosas tienen en común estos conceptos y otros similares. Una de las cuestiones, entre otras muchas, es, con cuanta densidad podemos vivir y como vamos a planificar las distintas densidades. Para cuestiones climáticas, la alta densidad no viene mal. Interesa que la gente viva más compacta, que use el transporte masivo y no se mueva cada persona aislada en su coche, como diría Richard Senett. Pero la densidad también puede ser una amenaza para la salud. Así que la cuestión está en elaborar formas de convivencia urbanas que sean tanto verdes como sanas. ¿Cómo compaginar distintas densidades?.
Otra cuestión es como podemos convivir con la naturaleza. Cuánto nos sirve la naturaleza para hacer ciudad y cuánta ciudad podemos hacer con la naturaleza. En esta referencia es importante entender que el mundo rural y sus actividades son ciudad. Quizás el primer modelo de ciudad que existió. Es hora que aceptemos que no existe un pensamiento único de ciudad. A lo largo de la historia han existido múltiples modelos: el medieval, el comercial, el burgués, el industrial, el de los servicios, las Smart Citys…u otros modelos según el mundo físico que colonizaron las distintas civilizaciones. Pero hoy, tenemos que desarrollar la ciudad rural contemporánea, la ciudad territorial, es un asignatura pendiente. Estas tienen otros tipos de densidades y responden a estrategias cruciales para nuestra existencia.
Tenemos que saber gestionar distintos tipos de densidades, incluso dentro de una misma estructura urbana, y por tanto nodos de concentración diferentes. Una ciudad puede tener distintos nodos de concentración y movilidad. Crear nodos de concentración es crear ciudad. Por ejemplo, las llamadas ciudades (áreas urbanas) de 15 minutos. En estas, la gente puede llegar en bicicleta o andando en 15 minutos a un centro sin que necesiten transportes masificados, que pueden llegar a ser muy peligroso en casos como el que vivimos actualmente.
Son cambios enormes. Supone reconstruir urbes, modelos de convivencia y de comunicación muy diversos. Cúmulos de muchas ciudades distintas entre las que podemos movernos, manteniendo todas ellas ese paradigma inicial que hemos comentado de ciudades saludables o similares.
El liberalismo, como fuerza económica, ha debilitado nuestra red de salud y convivencia. No nos sirve en caso de crisis, ni siquiera para resolver los problemas que nos surgen en los estados de déficit, bien sean de barriadas o de servicios. La infraestructuras de bienestar esenciales para la vida son la piedra angular del paradigma del que hablamos. Y el empleo y sus relaciones deben estar previstas en este tipo de modelo urbano.
Necesitamos crear o recoger nuevas formas de comunicarnos entre todos los que habitamos un espacio, no podemos esperar que algún organismo público o privado lo haga por nosotros, sin nosotros. Tenemos que fabricar las conexiones nosotros mismos. El Estado debe aprender a coordinar y a dirigir estos procesos planificativos. No podemos esperar que el capitalismo nos de la solución. El capitalismo que conocemos es excesivamente dependiente de altos niveles de concentración espacial y energética. Tendremos que cambiar la economía y decidir que planificación queremos y cómo supliremos las ausencias de los modelos únicos. El trabajo es inmenso.
sábado, 9 de mayo de 2020
NO ES LO MISMO ADMINISTRAR LA CIUDAD QUE PLANIFICAR LA CIUDAD
Conforme la complejidad de las ciudades ha ido aumentando, la
administración de las mismas ha ido cogiendo un peso cada vez más importante.
Hasta el punto, que hoy cuando abordamos problemas de administración, pensamos
que estamos planificando, y lo que es peor, el debate y la reflexión sobre la administración
ha ido ocupando todo el espacio de los debates urbanos, arrinconando a la
planificación urbana a un lugar marginal.
VICENTE SEGUÍ PEREZ. Economista
Urbanista
Administrar tiene que ver con diseñar y gestionar
procedimientos, protocolos o procesos para el desarrollo de las actividades
urbanas. Estos tienen que estar bien diseñados, tienen que ser agiles,
eficientes, transparentes, tienen que estar digitalizados, no ser complejos, ni
repetitivos, tener pautas bien marcadas de resolución, tiempos, calidad…etc. El
acierto en el desarrollo de toda esta administración es muy importante, no es
nada baladí para el desarrollo de la ciudad, afecta a la ciudad, pero no tiene que
ver con la planificación como disciplina, ni con la ordenación, investigación,
diseño o concreción de políticas urbanas.
La administración, tiene una historia, una filosofía del
conocimiento y un practica distinta de la urbanística. Por cierto muy
importante, que lamentablemente se nos olvida. Sin darnos cuenta hoy, la mayor
parte de nuestros debates, tienen más que ver con la administración y los
problemas jurídicos administrativos que surgen de sus fallos y defectos
formales o de equidad, que de los problemas que surgen de la investigación
sobre la planificación urbana (el urbanismo).
Hasta el punto, que hemos acabando creyendo que nuestros
debates administrativos son debates de planificación. Y no, no tienen nada que
ver, bueno si se están relacionados, pero responden a conocimientos
diferenciados. No son uno mejor que el otro, ambos son importantes. Pero
tenemos que saber en que mesa de juego estamos cuando abordamos un problema.
Hablar sobre las recomendaciones y acciones que toma el Ayuntamiento
de Madrid para mejorar procedimientos administrativos, por cierto un documento
que como disciplina administrativa es lamentable por su debilidad, o hacer una guía practica sobre como deben
ser los certificados de declaración responsables, no se parece nada a estudiar
o leer las opiniones e investigaciones de Richard Sennett sociólogo de la
London School Economics o de Saskia Sassen Premio Príncipe de Asturias de
Ciencias Sociales o de Lewis Munford, Manuel Solá Morales..etc.
Tan importante y valioso es saber diseñar buenos y agiles
procedimientos de administración para la ciudad, como diseñar adecuadas
políticas urbanas de planificación. Por cierto estas no son solo de
Arquitectura, y en muchos casos tienen poco que ver con la Arquitectura. La
ciudad, no es solo una estructura física, también es una estructura humana,
sociológica, económica, de movilidad e intercambio de conocimientos.
martes, 18 de junio de 2019
¿SON LAS NOTAS UN INDICADOR DE VIDA? escrito por Joaquín Seguí García.
Desde el nacimiento de nuestro hijo, uno de los Santos Griales consiste en buscar indicadores que nos den feedback de ir haciéndolo bien.
Vamos preguntando continuamente a diferentes profesionales que se basan en indicadores objetivos que nos tranquilizan o nos agobian. Si nos tranquilizan rápidamente buscamos nuevos indicadores y si nos agobian, corremos para conseguir que nuestro hijo este dentro de esos parámetros.
Por ejemplo, uno de los primeros indicadores es el percentil del peso. Cuando vamos al pediatra, empieza el proceso de pesado y medición de la altura de nuestros hijos. En esos momentos dramáticos, miran a la madre y ponen cara de "esto no me gusta" y le dicen "esta por debajo de la media, va justito". A partir de ahí la angustia porque nuestro niñ@ ha suspendido.😥
Si supieran las madres y padres que las tablas que se suelen usar son de la Fundacion Faustino Orbengozo, realizada sobre niñ@s nacidos en la década de los 70-80 en Vizcaya. Se relajarían muchísimo, porque ¿Que tienen que ver un niñ@ malagueño o senegalés, con un niñ@ de Vizcaya en los 70???
Otro gran generador de preocupaciones son los colegios y sus notas. Indicadores infalibles de evoluciones de nuestros niñ@s.
Por ejemplo:
Edison: Tenía cuatro años cuando aprendió a hablar. Un problema de audición hizo que su profesora lo considerara un niño con grandes dificultades para aprender. Ante tantos problemas, Edison fue sacado de la escuela y educado en su propia casa por su misma madre.
Wilbur y Orville Wright: Se hacían piardas continuamente. Eran considerados unos fracasados escolares.
Albert Einstein: “Este chico no llegará nunca a ningún sitio”. Tampoco es que fuera un desastre (se ha exagerado mucho este aspecto), pero es cierto que sus maestros encontraban al joven Einstein lento y se quejaban de que reflexionaba demasiado antes de contestar a una pregunta. No conseguía aprender nada de memoria. No entendía las reglas y las órdenes. Rechazaba practicar deporte y esto lo llevó a aislarse. A los 16 años fue rechazado en una primera prueba de acceso a la Escuela Politécnica de Zurich por sus malos resultados en letras.
Winston Churchill: Nunca pudo encontrar sentido en los estudios escolares. En lugar de ello, prefería jugar con sus soldados de juguete.
Erasmo de Rotterdam: Erasmo desarrolló un sentimiento de rechazo frente a la institución y llegó a la conclusión de que tanto los colegios como las Universidades y, en general, muchas veces la misma Iglesia, impedían pensar libremente. Desde entonces se opuso a cualquier tipo de autoridad y buscó mayor libertad leyendo a los escritores clásicos griegos y latinos.
Otro ejemplo de la búsqueda de indicadores que nos hacen sentirnos mal como padres y agobiarnos por hacerlo mal.
Tenemos que trabajar sobre nuestras emociones para que no nos inunden y nos impidan ver con nitidez lo importante de su desarrollo. Que no esta fuera sino dentro de ellos.
Deberíamos observa estos otros indicadores. Serían como nuestro CANARIO ( Para los mineros, siempre y cuando el canario cantara significaba que no había ningún peligro, pero si el canario por lo que fuera, dejaba de cantar y perdía el conocimiento, significaba que había que evacuar la zona inmediatamente ya que no era apta para la vida):
INDICADORES:
Sonrisa del niño.
Mirada alegre.
Deseo de crear cosas con las manos.
Deseos de aprender leyendo.
Empatía por otros seres vivos.
Muchas Ganas de comunicar sobre sus experiencias.
lunes, 8 de agosto de 2016
TEDDY CRUZ Y EL PROCESO DE CREACIÓN DE CIUDAD POR EL VECINDARIO.escrito por Vicente Seguí Pérez
El arquitecto Teddy Cruz nació en Ciudad de Guatemala en 1962, casi cuando se iniciaba la Guerra Civil en este país centroamericano al que se llamó Conflicto Armado Interno. Ese largo conflicto bélico librado entre 1960 y 1996, que se produjo dentro del marco de la guerra fría entre el bloque capitalista de los Estados Unidos y el bloque comunista de la Unión Soviética, causó un gran impacto en toda el área. En su mismo año de nacimiento se creaba el primer grupo guerrillero del país, el Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre.
La carrera del arquitecto Teddy Cruz comienza tras estudiar en la Universidad privada jesuítica Rafael Landivar de Guatemala City, fundada a principios de los 60 del siglo pasado y la Graduate School of Design de la Universidad de Harvard en la se gradúa en 1997, con la apertura de su oficina de Investigación Urbana y Arquitectónica Estudio Teddy Cruz (http://estudioteddycruz.com/ ) en el año 2000 en San Diego, California. Durante los últimos años se ha centrado en la observación, investigación y traducción de las dinámicas urbanas transfronterizas que transgreden la rigidez de los límites migratorios, sociales, económicos y los sistemas de retroadaptación y reciclaje. En la actualidad es profesor de cultura pública y urbanismo en la Universidad de California en San Diego, donde es cofundador del Centro para ecologías urbanas (CUE).
Cruz había aprendido por la experiencia de su vida propia y de su país lo que era la adaptación, no necesitaba que otros le contaran su necesidad, ni que ningún director general de la CIA se lo explicara, ni le contaran lo que era la guerra de Irak u otros conflictos, sabía que mucha gente tenía que adaptarse a circunstancias muy críticas, y sabía bien porqué. Con todo ese conocimiento, Teddy se preguntó desde muy pronto, por qué no él y lo que hacía, la arquitectura y el urbanismo, no debía hacerlo.
Teddy Cruz a partir de la década de 1980, trabaja y vive en esa frontera tan concurrida que sostiene el “paso de inmigrantes”, porque el que transitan más de 70 millones de personas al año. Pero no solo lo hacen personas, también lo transitan casas enteras, puertas de garaje, desechos de construcción, todo tipo de aparatos domésticos, coches y restos de materiales de cualquier tipo, lo que termina definiendo múltiples espacios no reglados, barrios fronterizos, precariedades, modelos de ciudad que marcan la diferencia entre ser y el aspirar a ser.
Cruz, representó a Estados Unidos en la Bienal de Venecia de 2008 que tenía el lema” Ahí fuera: Arquitectura más allá de la construcción”. Su teoría y su obsesión no es solo criticar la crisis de las instituciones y las disciplinas regladas que teorizan sobre los órdenes urbanos, profundamente preocupados por formalizar proyectos en laboratorios, incapaces de idear otra manera de construir las ciudades o de lidiar con los crecimientos urbanos que los que les dan sus reglas legales corporativas, su cruzada también está en aprender del ingenio, la inventiva y la cultura participativa de la ciudad informal. Esto no tiene nada que ver con la tentación de poetizar o embellecer la pobreza, ni de alabar la ciudad especulada o no reglada. Lo que Cruz hace es analizar la capacidad de reacción de una población sin preparación pero con urgencias vitales para resolver sus modos de existencia y su adaptación a los espacios y considerar esa capacidad cultural. Está convencido de que las mejores ideas para el futuro de las ciudades surgirán de los lugares de conflicto, de esos lugares donde las personas han sabido dar respuestas ingeniosas a espacios de tránsito y a territorios límites. Estas cuestiones no se estudian en las Universidades, ni se contemplan en las decisiones gubernamentales.
En el marco que él ha estudiado, en la frontera entre San Isidro, un suburbio de San Diego, y Tijuana, el urbanismo extensivo (el sprawl de Baja California) choca con la densidad de los nuevos poblados fronterizos. En San Diego están algunos de los terrenos más caros del mundo y a pocos kilómetros, a “apenas 20 minutos”, algunos de los asentamientos más pobres de Latinoamérica: la periferia de Tijuana.
Es el flujo físico de inmigrantes lo que fomenta, a su vez, el flujo de residuos y el papel de esos inmigrantes convertidos en autores físicos, e ideológicos, de la transformación de los territorios. El barrio estadounidense y el poblado limítrofe, al otro lado de la frontera, es lo que le interesa. Pedazos de los barrios tradicionales norteamericanos pasan al otro lado de esa frontera para construir otras casas. Los materiales de desecho son reutilizados por obreros que han sido capaces de extraer de ellos otro tipo de arquitectura que aúna supervivencia con creatividad e ingenio con precariedad.
En México, a veces una vivienda sobre otra construye una torre de apartamentos a partir de antiguas residencias unifamiliares. Al otro lado, en California, la ocupación de garajes como viviendas y la precariedad laboral también definen un nuevo tipo de hábitat y vivienda experimental.
Lo que Cruz hace, desde hace cerca de quince años, es cuestionar el papel del arquitecto tradicional en lugares de conflicto (la ausencia o la negación casi siempre) y proponer otras acciones. Para él las mejores ideas para la redefinición del territorio llegan cuando el urbanismo se implica prestando atención a las posibilidades de la ciudad informal a la hora de apuntar caminos para otra manera de urbanizar el mundo.
Son las personas las que construyen a la vez las diferencias y las semejanzas entre los espacios urbanos, es ese oscilar entre semejanzas y diferencias el que caracteriza los mejores espacios, con los cuales el compromiso del urbanista ha consistido en dotar de razón y atracción a los mismos.
Por eso defiende una nueva planificación realizada desde abajo, construida por los propios ciudadanos. En realidad, es el urbanismo más practicado del mundo, el urbanismo que más nos gusta. El que crea estrategias alternativas a lo que está impuesto política y económicamente. Lo informal siempre cumple un papel parecido: dar cabida a lo que no cabe en un mundo pulcramente dibujado y reglado.
Eso es muy visible en Tijuana, donde el 75% de la vivienda es autoconstruida. Sin embargo, también San Diego, al otro lado de la frontera, tiene ciudad informal. De algún modo se ha formado por la llegada del inmigrante, que va alterando los espacios homogéneos de la cultura dominante. En parte obedece a que, aunque no queramos verla, la autoconstrucción es la norma, no la excepción.
Cruz cree que se puede aprender de la manera de hacer de estos espacios informales, de la colaboración profesional en ellos. “Crecí rodeado de una realidad que no he olvidado. Me refiero no solo a la situación política de represión, también a la pobreza extrema”. Lo que le ha llevado a pensar así es, además de su propia vida, la frontera en la que ha elegido vivir. Él es uno de los 300.000 individuos que a diario cruzan la frontera para trabajar a un lado y dormir al otro. Fue ese tráfico de personas y de mercancías lo primero que llamó su atención cuando se trasladó a vivir allí. Observó que con los desechos de San Diego se estaba construyendo Tijuana, por lo menos la zona cercana a la frontera. Había muros levantados con neumáticos, también puertas de los garajes de San Diego resucitadas como fachadas en las viviendas mexicanas. Cruz llama a este collage “urbanización sándwich”.
Es ahí donde Cruz ha crecido profesionalmente, pero también es ahí donde el urbanismo ha encontrado siempre sus mejores aciertos. Ese lugar atípico que en lugar de utilizar el diseño para resolverlo, ha utilizado la colaboración y la participación para dotarse de conocimientos y estrategias urbanísticas. La ciudad solo se fortalece cuando lo informal y lo formal logran entenderse, cuando colaboran entre sí. El urbanismo no niega las repuestas de los ciudadanos a los conflictos. Es posible un urbanismo más inclusivo y permeable en el que cabe la resolución personal del conflicto, la autoconstrucción o los movimientos de personas. Es posible un urbanismo que sustente la producción de ciudad en procesos más colaborativos con la producción del vecindario.
En la actualidad, el futuro de las ciudades depende menos de la construcción y más de la reorganización básica de las relaciones socioeconómicas y de la organización de los recursos y de las opciones. Por ello, necesitamos un replanteamiento urgente del crecimiento urbano actual y de nuestras formas de organización. Tenemos que cuestionar el papel de ese urbanismo incapaz de entender los procesos y los conflictos de los ciudadanos, explorar otras posibilidades más informales que no desreguladas, a la hora de diseñar una nueva manera de organizar los espacios.
martes, 12 de julio de 2016
RECOGIENDO IDEAS DE CARMENA ALCALDESA DE MADRID, SOBRE LAS CIUDADES. escrito por Vicente Segui Perez
Las ciudades progresistas llevan años ganando e incorporando derechos,
asumiendo muchas competencias. Llegando a acuerdos, a pactos, a acercamiento
con la sociedad, con sus necesidades y demandas, por ejemplo con ACNUR para
llevar a cabo un plan de acogidas y con otras muchas entidades y Asociaciones. Esta
manera de hacer y participar les permite montar nuevas estructuras, nuevas maneras de organizar los entornos
sociales, servicios de emergencia,
instituciones de acogida, mesas de participación…
Es cierto que las ciudades, lo tienen más sencillo que el aparato de un gran Estado, pero esta mayor sencillez, no elude su voluntad de estar con sus ciudadanos/as, de acercarse a ellos y reconocerse ellos. Han acogido a personas que recalaron por vías irregulares, han generado procesos de ayuda a necesitados, han tocado la herida de una sociedad descompuesta y maltratada. Han, en suma, ayudado. Han creado redes, estrategias, plataformas y maneras de ponerse delante de los problemas que el Estado no es que no tenga, es que ni siquiera ha querido.
Es cierto que las ciudades, lo tienen más sencillo que el aparato de un gran Estado, pero esta mayor sencillez, no elude su voluntad de estar con sus ciudadanos/as, de acercarse a ellos y reconocerse ellos. Han acogido a personas que recalaron por vías irregulares, han generado procesos de ayuda a necesitados, han tocado la herida de una sociedad descompuesta y maltratada. Han, en suma, ayudado. Han creado redes, estrategias, plataformas y maneras de ponerse delante de los problemas que el Estado no es que no tenga, es que ni siquiera ha querido.
Pero el movimiento progresista de las ciudades, lleva reclamando
pasar del ayudar y. de las funciones, a las competencias. Las ciudades están más
cercas de los problemas, cierto, pero también saben mejor estar mejor con los
que tienen los problemas.
Y entienden mejor lo que es la cooperación entre los seres
humanos y entre los espacios, entre las ciudades y los territorios. Esta
cooperación de redes genera conexiones, inquietudes comunes, comunidad,
participación. Como ocurre con los presupuestos participativos. Muchas ciudades
lo están intentando, unas con honradez otras solo como imagen, Lo ha hecho
Madrid, pero podrían organizarse con otras ciudades para proyectos comunes.
Lisboa, París y Madrid forman un eje de historia.
Las ciudades pueden acabar con la apatía democrática. Y como
dice Ban ki Moon, la apatía es el veneno de la democracia. Las ciudades
europeas pueden contrarrestar la falta de movilización. Hace falta un marco de
relación entre ellas. Las ciudades capitalizan una manera de vivir la historia.
No son ciudades estado, al estilo medieval. Es la superación de un marco formal
que sobrepasa a las naciones. Las comunicaciones han acabado con las fronteras,
las han destruido, reclaman ser parte de la naturaleza, son naturaleza y
reclaman ser colonizadas por ella. Las ciudades se convierten en asentamientos
con más posibilidades de que aumente el empoderamiento de los ciudadanos.
Las ciudades también compiten, es cierto, pero es otra forma de competición,
es una competición leal, cooperadora, colaborativa. Cada una reconoce o así
debe hacerlo sus capacidades para ser y para crecer, por
el precio de las rentas, por el talento de los jóvenes, por la competitividad
de los salarios, por la sanidad y la salud, por la construcción de naturaleza,
la sostenibilidad, la educación y seguridad. Las ciudades saben o deben
aprender a hacer valer todas esas cualidades.
Las
ciudades son espacios abiertos. Son espacios de libertad, capaces de reconocer los
derechos de tantas partes de la sociedad que históricamente han sido negados, o
han sido discutidos. Las ciudades han sabido y saben seguir siendo generosas e
integradoras.
¿Como van a negar a su vez que en las ciudades también
se producen elementos negativos y existe
en ellas el cultivo de la violencia?. Desde la violencia de género hasta los fenómenos
equivalentes, a los grupos de jóvenes delincuentes organizados. Pero las
ciudades saben educar para la paz.
Empezando en las escuelas. En las escuelas los niños/as deben aprender el valor
del diálogo y de la mediación y saber resolver sus problemas entre ellos.
Por
mucho que se quiera psicotizar a las ciudades, los ciudadanos no renuncian a
vivir su ciudad. No he visto esa psicosis en París, ni lo veo en Madrid o
Bilbao, pese a nuestra experiencia de terrorismo. Las ciudades malamente
renuncian a la idea de vivir. Y son menos susceptibles de lo que parecen desde
fuera
Las
ciudades son las dueñas del cambio, de la actitud ante la vida, de la cercanía y
del aprecio hacia la mejora de los entornos. Las ciudades queremos más flores, más
verde, más árboles, más bosques, más naturaleza, más igualdad, más
equilibrio y justicia
miércoles, 8 de junio de 2016
(III y ultima parte) ¿ES DIFICIL SANAR LA "HERIDA" DEL MODELO URBANO DE MARBELLA PRODUCIDA POR EL "APAGÓN DEMOCRÁTICO DEL "GILISMO"? . Escrito por Vicente Segui
El mundo contemporáneo, esta lleno de bondades pero también esta lleno de
“cubos de basura”, de “sinsentidos” como he dicho ¿Dónde está la semilla del
progreso urbano que reivindicamos?. Porqué reivindicamos un modelo distinto,
mas igualitario, mas justo, mas transparente, mas participativo. Este modelo
distinto que reivindicamos está en la dilación y la difamación, o en los
derechos y responsabilidades de la sociedad que crea la ciudad. Está solo en
sus formas y proyectos por muy arrogantes que sean, o está en las maneras en
que se organice la vida y actividades de las
personas. ¿Es decir nos interesan los proyecto y acciones inconexas,
emblemáticas, o apostamos por proyectos urbanísticos, por proyectos que
organicen ciudad, que construyan estructuras urbanas eficientes?.
No todos los modelos urbanos sirven para mejorar la
justicia social, la igualdad y la libertad. Claro que el error urbano es parte
de la vida de una ciudad, pero por eso los urbanistas somos “·curadores”, somos
artesanos, no somos siempre científicos
en el sentido que lo considera la ciencia,
creemos en las posibilidades de erradicación del sufrimiento. Porque
redefinir un modelo urbano “maltratado” no es una cuestión de forma(estética),
ni de capacidad económica (economía) sino de reconocer que existe una sociedad
con la que se puede colaborar moldeando un proyecto fundamentado en la
ocupación de la ciudad como bien público.
¿Es difícil de sanar la “herida” de Marbella?
Ya he respondido a esta pregunta, sobre la alta
dificultad que entraña encontrar ese nuevo modelo “sano” que sea capaz de ser
“inclusivo” con muchos de los problemas o preguntas que la ciudad nos pone hoy
sobre la mesa.
Las ciudades atraviesan la vida recibiendo golpes, y
debemos darnos cuenta que el problema nunca es el golpe, aunque es evidente que
los hay mayores y menores, lo importante es la capacidad de respuesta o la
respuesta en si que la ciudad lleva a cabo
en la mejora de su modelo para salir mejor del “golpe”.
Claro que me interesan las “formas” de este modelo,
las formas sistémicas del modelo o el proyecto urbanístico del mismo es
esencial, por cierto no tiene que tener
una única forma, pero si tiene que ser capaz de dar respuestas a los retos
nuevos que la ciudad tiene, eso es lo que me interesa del proyecto, que sea capaz
de ser “sistemico” que sea capaz de organizar ciudad. Estos retos del modelo
habrá que formularlos con claridad, sobre: turismo, participación,
transparencia, movilidad, limpieza, planificación, educación, sanidad,
empleo....etc.
Pero hay algo en lo que me gustaría incidir hoy, que
ya he repetido, y que para mi es la clave actual para el progreso de las
ciudades y territorios, el fomento de la cultura de la organización. Las
ciudades avanzan y se transforman a un ritmo endiablado, y nuestra capacidad de
organización no puede deambular a ritmo de caracol, cuando no va en el sentido
del cangrejo (con importantes regresiones) o se inmoviliza durante años como el
anclaje de un mejillón. Las ciudades son artefactos tan complicados que para
conducirlas o nos quedamos parados por
temor a no saberlas liderar o las conducimos de forma lenta, con luces cortas y
obsesionados en observar solo con el retrovisor o en algunos casos sufrimos un
golpe que a veces puede ser “traumático”.
Esta cultura de la organización que debemos
impulsar, engloba ideas que tienen que
ver con la creación y dinamización de equipos,
con el liderazgo, con la capacidad de iniciativa y de cooperación, de
talento desde una perspectiva pública y privada, con la articulación de redes,
con la sensibilización de impulsar los cambios que la sociedad desea, con
respondernos a la pregunta si somos capaces de hacer mejor organización, mas
colaborativa y empática, con la inteligencia colectiva, con el papel de los
cargos, los técnicos, los empleados en general, con la transparencia, la participación
y el dialogo, con los métodos de inclusión de necesidades y la valoración de
los espacios relacionados con el empleo y la producción o distribución
económica, con el equilibrio entre la microgestión y la gestión estratégica,
con querer preguntarnos ¿Qué cambio de organización del modelo queremos? ¿De
qué intensidad? ¿En cuanto tiempo? ¿Con qué recursos?...¿Qué alianza estamos
dispuestos a establecer con la ciudadanía, con las empresas...?...
Y en este contexto, quisiera ahondar en una idea mas,
no todas las causas que han dañado el modelo que ha heredado hoy Marbella
generan los mismos efectos en todos los sitios, ni la mismas causas producen
los mismos efectos. En la manera de lo posible debemos huir del determinismo o del mimetismo. Cada ciudad
tiene su modelo único construido con las respuestas que da a sus retos propios.
Cada ciudad tiene su propio modelo urbano.
Por ultimo, además debemos preguntarnos: ¿antes del supuesto problema que heredó
Marbella, que factores tenia el modelo previo para protegerse de lo que
vino después?, y cuando vino el problema ¿el modelo como respondió y como
cambió?, y tras el problema ¿que factores debemos cambiar para que el modelo
pueda responder con mas acierto a ese y
otros nuevos problemas venideros?..
Por eso os digo, que el modelo urbano es un tricotar
continuo, es falso el axioma de que
existe un modelo ideal, es una artesanía de día a día. Debemos asumir y definir
que líneas estratégicas queremos desarrollar
para que la ciudad “navegue bien” y este “acuerdo de responsabilidad
urbana” debe sustentarse sobre la participación de los ciudadanos.
La tarea pendiente es urgente, y políticamente
difícil. Necesitamos cambiar a fondo muchas cuestiones, incluso cambiarles el
nombre, porque como dice Bernardo Ycenga, el “régimen jurídico y económico del
suelo importa, pero la ciudad importa mucho más”
(II) parte de la anterior entrada. Escrito por Vicente Segui
Desde esta experiencia, desde el análisis de sus
historias, de las preguntas que nos hagamos, podremos saber en que falló el
“modelo” y en qué no puede volver a “fallar”, porque si no comprendemos el
“trauma” y nos dejamos arrastrar por la
inercia, nos costará mucho más ponernos a “flote”. Y el reto esta ahí. Porque
no se trata de recetarios, ni de medicalizar la ciudad, no hay una pastilla
concreta, se trata de poner respuestas a las preguntas, poner recursos,
profesionales adecuados, equipos coordinados,
gestionar intangibles, organizar estructuras, a veces la mejor respuesta
proviene del modo de “escuchar al paciente”, poner sobre la mesa “programas” ,
hacer Dafos que nos construyan puentes para llegar a las respuestas, hacer
“estrategias” para ver hasta que punto somos capaces de desbloquear esas
respuestas “tangibles” que se han convertido en corazas tan nuestras que nos
impiden observar que la ciudad también puede ser otra cosa. Del mismo modo que
existe una gestión de lo tangible, también existe una gestión de lo intangible,
una gestión de la organización, de las respuestas que damos a la preguntas, del
modo que construimos redes o interactuamos, y que además podemos y debemos
experimentar y evaluar.
Los problemas de nuestras ciudades y territorios hoy
son de organización en todos los sentidos, de ayudar a resolver los
“sinsentidos” que nos rodean, la basura que nos hiede, los muros y cortapisas
que ponemos consciente e inconscientemente a la libertad como condición
irrenunciable de la persona. Es la organización y sus derivados la que hoy nos
impide progresar adecuadamente.
Lo que quiero decir, es que el conflicto urbano
contemporaneo, que se impregna en nuestra noción de identidad, no puede ser
“mirado”, ni desenredado, ni por tanto, estructurado, organizado, liderado o
impulsado de una manera distinta, sino es reconocido social y políticamente,
este no reconocimiento genera profundas crisis e ineficiencias en nuestras
ciudades. Y eso que la noción de identidad, verdadera y única no existe, como
no existe el modelo perfecto, “Nadie es perfecto” como diría Billy Wilder en
“Con faldas y a lo loco”, sabia ironía. Claro que la Ley nos determina, nos
dota de una identidad colectiva, pero necesitamos una “voluntad de ser” ciudad,
voluntad de articular, interactuar con el dialogo, con evaluaciones a nuestros
programas y correcciones de esos programas
en lo que no nos sirven.
Porque lo que nos estamos planteando en esta mesa es, que
queremos un nuevo desarrollo, queremos retomar un nuevo modelo, tras una agonía
traumática. Y para esto, lo que os estoy diciendo, es que hay que aceptar el
trauma y reconocerlo, que no la
culpabilidad. Aunque el no jugar a culpabilidades no quiere decir que no
existan errores, irresponsabilidades, incluso culpas sociales. Lo cierto es que
el modelo urbano surgido de la época del gilismo ha dejado muy malversada a la
ciudad. Que ha sufrido un proceso de “inflamación urbana”, de descrédito. Esto
le ocurre siempre a aquellas ciudades que entran con mucha rapidez y poca conciencia en un “hecho
traumático” y diluyen sus significados
y modelos colectivos banalmente.
No es, por tanto, un efecto de las modas, que hoy
debatamos sobre el modelo en términos estructurales y organizativos, es una
necesidad imperiosa, si queremos responder al imperativo de “dar sentido” al
goce urbano que deseamos para Marbella..
Es verdad, que una ciudad no puede curarse de todo,
los modelos urbanos no son perfectos, pero también es verdad que si no se hace
nada, uno no se cura de nada, y si hace
algo, a veces mejora un poco, aunque no siempre. Esto es lo que nos planteamos
hoy ¿qué es ese algo que igual nos permite mejorar un poco, vencer prejuicios
inútiles, “navegar por el torrente urbano” con mas “sabiduría “, definir con
mas acierto el modelo urbano, de manera
que acerque a Marbella a una mayor felicidad, en términos de igualdad,
justicia y sostenibilidad?. A algunas de estas cosas he querido responder con
esta breve ponencia.
Muchas personas, tenemos la impresión que Marbella,
ha sido “maltratada y golpeada”, y si la abandonamos en este proceso, si no la ayudamos adecuadamente a reconocer su
capacidad propia e independiente para salir fortalecida de su catarsis, puede
que se repita este comportamiento, que suele ocurrir en mas del 40% de los
casos. La manera en que respondamos al “trauma” determina nuestra superación.
Algunas ciudades han sido masacradas y convertidas en delincuentes y las
personas han sido marginadas y
aisladas. Hannah Arendt podría contarnos mucho sobre estas cosas, ella supo
pensar contra ella misma, coger perspectiva y analizar la manera de salir de
ese “mal” que nos impregna y golpea duramente a veces.
La ciudad muchas veces no es mas que la naturaleza a
la que se enfrenta, y esta naturaleza no es a veces solo de carácter físico
formal o jurídico, aun cuando muchas veces descarguemos excesivamente sobre
estas cuestiones la culpabilidad, lo que no quiere decir que no tengan nada que
ver. Pero en lo que quiero poner el acento es que la naturaleza a la que se
enfrenta la ciudad contemporánea es la naturaleza psíquica de sus colectivos,
la formulación de su modelo urbano político, la sumisión cortoplacista al maltrato. Es decir, que orden y
organización queremos dar al sentido urbano de nuestras ciudades.
¿ES DIFÍCIL DE SANAR LA “HERIDA” DEL MODELO URBANO DE MARBELLA PRODUCIDA POR EL “APAGON DEMOCRATICO” DEL “GILISMO”? (I) escrito por Vicente Segui
(Ponencia presentada en Marbella en unas jornadas dedicadas al "Apagón Democrático" del "Gilismo" los dias 25 al 27 de mayo 2016 organizadas por Jorge Lemos)).
Soy economista y urbanista, aunque cada vez mas me
siento un terapeuta urbano. No soy como veis arquitecto, por eso no os hablaré
tanto de formas, aunque quedaros siempre con la idea que la ciudad es como una pantalla de libertad donde se
manifiestan muchas formas, pero no todos los relatos formales son buenos para
conseguir unas ciudades y una vida urbana mejores, sin desigualdades forzadas,
socialmente productivas y medioambientalmente idóneas, y es desde esta posición
desde la que quiero contaros algunas cosas sobre los modelos urbanos y
de estos, en relación a Marbella.
Pasados los años, que no son tantos, la pregunta que me planteo y os planteo, es
¿cómo ha sido “depurado” el modelo
urbano de Marbella, creado por eso que
denominamos el “apagón democrático”
del “gilismo”?. ¿Ha sido entendido como un trauma que necesita de una
cierta catarsis? O solo, se ha
entendido como un acontecimiento más, como cualquier otra variación de cambio
de gobierno.
Visto desde fuera no estoy muy seguro, si es que
Marbella se siente “volviendo a la vida” después de un “trauma”, desde una
posición de “resilencia”, o para Marbella la época gilista no ha supuesto ninguna herida, y por tanto,
no tiene nada que resteñar y ni nada que “reformar”. ¿Qué tenemos que cambiar
del modelo si aceptamos que todo fue normal?, ¿ Que tenemos que cambiar, si
pensamos que solo hubo algunos errores jurídicos no bien articulados, pero en
ningún caso los entendemos como fallos del modelo social y urbano propuesto por
el gilismo?.
De alguna forma el “gilismo” ha quedado como una
cierta “banalidad”, parece como si la sociedad no hubiera participado en su
modelo. Pero lo cierto es que ese modelo existió y se ha impregnado en el ADN
de Marbella y en muchos mas sitios de este país, maneras de hacer, que han
dejado una enorme hipoteca que lastra el presente con decisiones del pasado
reciente. Y arreglar esto no es ni de lejos una tarea fácil.
Tiene su interés saber en que punto “como colectivo”
estamos, porque igual todavía no somos conscientes si realmente Marbella tiene
alguna “herida “ en términos urbanos. ¿Tiene Marbella algo más que analizar que
su red de convenios interesados o los acuerdos entre promotores y el
Ayuntamiento para llevar a efecto exageradas ordenaciones que les permitieran
consolidar activos personales y empresariales? ¿Hay algo que la haga
estructuralmente diferente a cualquier otra ciudad que haya sufrido la
presión y manipulación de promotores,
que no sea la infinidad de argumentos jurídicos o económicos? o dicho de otra
manera, ¿tiene alguna “herida” abierta significativa, en su contemporaneidad pendiente de “resteñar”?, porque si es
así, habrá que “tocar la herida” y
aprender a “navegar por ese torrente” que supuso el gilismo. Porque estas
historias, sea cual sea el resultado que nos traigan, nos deben dejar
lecciones, porque no todas la ciudades se han comportado de la misma manera
cuando se han planteado sus problemas de gestión y diseño desde lo publico. Ha
habido ciudades que han desarrollado actuaciones, grandes incluso, que han sido
bien llevadas, alcanzando el grado de
modélicas , sin producir efectos negativos.
Desde esta experiencia, desde el análisis de sus
historias, de las preguntas que nos hagamos, podremos saber en que falló el
“modelo” y en qué no puede volver a “fallar”, porque si no comprendemos el
“trauma” y nos dejamos arrastrar por la
inercia, nos costará mucho más ponernos a “flote”. Y el reto esta ahí. Porque
no se trata de recetarios, ni de medicalizar la ciudad, no hay una pastilla
concreta, se trata de poner respuestas a las preguntas, poner recursos,
profesionales adecuados, equipos coordinados,
gestionar intangibles, organizar estructuras, a veces la mejor respuesta
proviene del modo de “escuchar al paciente”, poner sobre la mesa “programas” ,
hacer Dafos que nos construyan puentes para llegar a las respuestas, hacer
“estrategias” para ver hasta que punto somos capaces de desbloquear esas
respuestas “tangibles” que se han convertido en corazas tan nuestras que nos
impiden observar que la ciudad también puede ser otra cosa. Del mismo modo que
existe una gestión de lo tangible, también existe una gestión de lo intangible,
una gestión de la organización, de las respuestas que damos a la preguntas, del
modo que construimos redes o interactuamos, y que además podemos y debemos
experimentar y evaluar.
Los problemas de nuestras ciudades y territorios hoy
son de organización en todos los sentidos, de ayudar a resolver los
“sinsentidos” que nos rodean, la basura que nos hiede, los muros y cortapisas
que ponemos consciente e inconscientemente a la libertad como condición
irrenunciable de la persona. Es la organización y sus derivados la que hoy nos
impide progresar adecuadamente.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








