miércoles, 8 de junio de 2016

(II) parte de la anterior entrada. Escrito por Vicente Segui

Desde esta experiencia, desde el análisis de sus historias, de las preguntas que nos hagamos, podremos saber en que falló el “modelo” y en qué no puede volver a “fallar”, porque si no comprendemos el “trauma”  y nos dejamos arrastrar por la inercia, nos costará mucho más ponernos a “flote”. Y el reto esta ahí. Porque no se trata de recetarios, ni de medicalizar la ciudad, no hay una pastilla concreta, se trata de poner respuestas a las preguntas, poner recursos, profesionales adecuados, equipos coordinados,  gestionar intangibles, organizar estructuras, a veces la mejor respuesta proviene del modo de “escuchar al paciente”, poner sobre la mesa “programas” , hacer Dafos que nos construyan puentes para llegar a las respuestas, hacer “estrategias” para ver hasta que punto somos capaces de desbloquear esas respuestas “tangibles” que se han convertido en corazas tan nuestras que nos impiden observar que la ciudad también puede ser otra cosa. Del mismo modo que existe una gestión de lo tangible, también existe una gestión de lo intangible, una gestión de la organización, de las respuestas que damos a la preguntas, del modo que construimos redes o interactuamos, y que además podemos y debemos experimentar y evaluar.

Los problemas de nuestras ciudades y territorios hoy son de organización en todos los sentidos, de ayudar a resolver los “sinsentidos” que nos rodean, la basura que nos hiede, los muros y cortapisas que ponemos consciente e inconscientemente a la libertad como condición irrenunciable de la persona. Es la organización y sus derivados la que hoy nos impide progresar adecuadamente.

Lo que quiero decir, es que el conflicto urbano contemporaneo, que se impregna en nuestra noción de identidad, no puede ser “mirado”, ni desenredado, ni por tanto, estructurado, organizado, liderado o impulsado de una manera distinta, sino es reconocido social y políticamente, este no reconocimiento genera profundas crisis e ineficiencias en nuestras ciudades. Y eso que la noción de identidad, verdadera y única no existe, como no existe el modelo perfecto, “Nadie es perfecto” como diría Billy Wilder en “Con faldas y a lo loco”, sabia ironía. Claro que la Ley nos determina, nos dota de una identidad colectiva, pero necesitamos una “voluntad de ser” ciudad, voluntad de articular, interactuar con el dialogo, con evaluaciones a nuestros programas y correcciones de esos programas  en lo que no nos sirven.

Porque lo que nos estamos planteando en esta mesa es, que queremos un nuevo desarrollo, queremos retomar un nuevo modelo, tras una agonía traumática. Y para esto, lo que os estoy diciendo, es que hay que aceptar el trauma y reconocerlo,  que no la culpabilidad. Aunque el no jugar a culpabilidades no quiere decir que no existan errores, irresponsabilidades, incluso culpas sociales. Lo cierto es que el modelo urbano surgido de la época del gilismo ha dejado muy malversada a la ciudad. Que ha sufrido un proceso de “inflamación urbana”, de descrédito. Esto le ocurre siempre a aquellas ciudades que entran con mucha rapidez  y poca conciencia en un “hecho traumático”  y diluyen sus significados y modelos colectivos banalmente.

No es, por tanto, un efecto de las modas, que hoy debatamos sobre el modelo en términos estructurales y organizativos, es una necesidad imperiosa, si queremos responder al imperativo de “dar sentido” al goce urbano que deseamos para Marbella..

Es verdad, que una ciudad no puede curarse de todo, los modelos urbanos no son perfectos, pero también es verdad que si no se hace nada, uno  no se cura de nada, y si hace algo, a veces mejora un poco, aunque no siempre. Esto es lo que nos planteamos hoy ¿qué es ese algo que igual nos permite mejorar un poco, vencer prejuicios inútiles, “navegar por el torrente urbano” con mas “sabiduría “, definir con mas acierto el modelo urbano, de manera  que acerque a Marbella a una mayor felicidad, en términos de igualdad, justicia y sostenibilidad?. A algunas de estas cosas he querido responder con esta breve ponencia.

Muchas personas, tenemos la impresión que Marbella, ha sido “maltratada y golpeada”, y si la abandonamos  en este proceso, si no la ayudamos adecuadamente a reconocer su capacidad propia e independiente para salir fortalecida de su catarsis, puede que se repita este comportamiento, que suele ocurrir en mas del 40% de los casos. La manera en que respondamos al “trauma” determina nuestra superación. Algunas ciudades han sido masacradas y convertidas en delincuentes y las personas han sido marginadas  y aisladas. Hannah Arendt podría contarnos mucho sobre estas cosas, ella supo pensar contra ella misma, coger perspectiva y analizar la manera de salir de ese “mal” que nos impregna y golpea duramente a veces.


La ciudad muchas veces no es mas que la naturaleza a la que se enfrenta, y esta naturaleza no es a veces solo de carácter físico formal o jurídico, aun cuando muchas veces descarguemos excesivamente sobre estas cuestiones la culpabilidad, lo que no quiere decir que no tengan nada que ver. Pero en lo que quiero poner el acento es que la naturaleza a la que se enfrenta la ciudad contemporánea es la naturaleza psíquica de sus colectivos, la formulación de su modelo urbano político, la sumisión cortoplacista  al maltrato. Es decir, que orden y organización queremos dar al sentido urbano de nuestras ciudades.