lunes, 12 de octubre de 2020

CONVERSACION SOBRE LA CIUDAD CON EL FILOSOFO BYUNG-CHUL HAN (1Parte)


El filósofo coreano Byung-Chul Han, en Barcelona en 2018.

Este es un texto basado en una conversación personal con algunos textos del filosofo alemán vivo más leído en todo el mundo, el coreano Yung-Chul Han(Seúl, 1959), profesor en la Universidad de las Artes de Berlín, a él se debe la motivación de las ideas de este escrito. 

Desde el confinamiento para acá o desde la epidemia del coronavirus, como guste más, hay algo que aunque ya venía marcándose se a agudizado en extremis y que muchos urbanistas y amantes de las ciudades se han puesto a pensar en sus efectos: En primer lugar, la violencia que están ejerciendo las comunidades urbanas, las ciudades, contra la naturaleza y el mundo rural, se está volviendo contra ellas cada vez con más fuerza. En segundo lugar, la nueva modernidad urbana(ciudad) tecnológica es cada vez más incompatible con la construcción de la ciudad, entendida como hasta hora, como conjunto de espacios rituales-comunitarios, que son los que conforman la ciudad, o lo que viene a ser lo mismo. el capitalismo es cada vez más incompatible con la comunidad, con la construcción de la ciudad. La producción y el rendimiento se han convertido cada vez más en los valores mas absolutos de la comunidades urbanas. Ha habido épocas en que el capital estaba más abierto a este tipo de rituales y participaba en la construcción de espacios comunitarios, civiles o eclesiales pero al capitalismo tecnológico actual esto ya no le interesa. Y en tercer lugar, la agudización de la desigualdad está descosiendo la ciudad y rompiendo su unidad y su cohesión como concepto proyectual. 

Estos temas y otros colaterales son los que nos están obligando a repensar distintos aspectos de las ciudades y de nuestros territorios de existencia y convivencia. 

Hoy día, como diría Byung-Chul Han, la ciudad y los territorios de nuestro planeta, se están desritualizando. Uso el termino ritual, como lo utiliza Byung-Chul Han, que viene a decir que los rituales son acciones simbólicas que genera una comunidad sin necesidad de comunicación expresa. Las comunidades históricamente ritualizaban espacios y actos sin necesidad de una comunicación precisa. 

Necesitamos poner el acento en que la ciudad está desapareciendo como ritual de comunidad. La desaparición de los rituales en la actualidad, alumbra la desaparición de la ciudad. La hipercomunicación consecuencia de la digitalización cada vez nos está más interconectados, puede ser, pero este tipo de interconexión, de valor único de la comunicación, no trae consigo más vincu­lación ni más cercanía. Las redes sociales digitalizadas acaban con la dimensión social urbana al poner el ego en el centro. A pesar de la hipercomunicación digital, en nuestra sociedad la soledad y el aislamiento aumentan. Hoy en día se nos invita continuamente a comunicar nuestras opiniones, necesidades, deseos o preferencias, incluso a que contemos nuestra vida. Cada uno se produce y se representa a sí mismo. Todo el mundo practica el culto, la adoración del yo, de lo particular. Por eso digo que los rituales producen espacios de ciudad (comunidad), prevalece la comunidad sobre la comunicación: la memoria colectiva intersubjetiva sobre la comunicación digital. En cambio, hoy en día prevalece la comunicación digital sobre la ciudad. Los espacios de las ciudades se conforman sobre el concepto de comunidad. Sin comunidad no hay ciudad. Los espacios comunitarios de ciudad no necesitan una prevalencia de la comunicación que los justifique, aunque siempre el poder ha querido darles su significado propio, apropiarse de ellos, para trasladar su mensaje, imponer si ideología. 

Con la pandemia, cada vez celebramos menos fiestas comunitarias. Cada uno se celebra sólo a sí mismo. Tenemos la idea de que el origen de todo placer es un deseo satisfecho. Solo la sociedad de consumo nos resuelve la satisfacción de nuestros deseos. No obstante, tenemos que darnos cuenta que las fiestas, así como los juegos, y otros tipos de relaciones no tienen que ver con el deseo individual, no procuran satisfacer nuestro propio deseo. Antes bien, se entregan a la pasión por las reglas. 

No estoy diciendo que tengamos que volver al pasado. Al contrario. Sostengo que tenemos que inventar nuevas formas de acción y ritos colectivos que se realicen más allá del ego, del deseo y del consumo, y creen comunidad. Y si creamos nueva comunidad crearemos nueva ciudad, pero sin comunidad no tendremos ciudad, tendremos otra cosa. 

Hemos olvidado que la comunidad es fuente de felicidad. La felicidad y la libertad son dos actividades y emociones humanas que van de la mano. Sería bueno que comprendiéramos como definimos la libertad desde un punto de vista comunitario. Freiheit, la palabra alemana para “libertad”, significa en origen “estar con amigos”. “Libertad” y “amigo” tienen una etimología común. La libertad es la manifestación de una relación plena necesaria para obtener la felicidad. Por tanto, deberíamos redefinir la libertad a partir de la comunidad, alejándonos del concepto de libertad egótico que conlleva el neoliberalismo tecnológico. 

No nos equivoquemos el consumo no es un ritual, las practicas capitalistas o burocráticas nos son formas secularizadas de rituales de relaciones de comunidad. El consumo refuerza la obsesión con ego, los rituales me alejan de él. En los centros comerciales y en el capitalismo en general, domina una atención que gira entorno al ego, en torno a lo particular, no en torno a lo comunitario. En la plaza, en la calle, en las esquinas, en los parques, jardines o bulevares encontramos una forma totalmente diferente de atención, prestamos atención a cosas que no se pueden alcanzar con el ego. Necesitamos recuperar una forma de atención diferente, no podemos prestar atención a las cosas que se pueden alcanzar solo con el ego. El consumo refuerza nuestra obsesión por el ego. Las acciones que fortalecen la comunicación en comunidad (los rituales) nos alejan del ego. De ahí la importancia en darnos cuenta del uso que damos a las cosas, a los animales a los seres sensibles, hoy día solo los usamos para consumirlos, agotarlos y destruirlos. No los tratamos con cuidado, con amistad. Tenemos que aprender a tratar bien las cosas que nos sirven y participan con nosotros en la vida, sostenerlas de manera delicada, como nos sostienen ellas a nosotros. 

No creo que solo con el ego podamos crear comunidad, ciudad. El yo digital no nos sirven para crear comunidad Los espacios públicos, rituales están hechos como dijo Malebranche para la atención natural del ser humano: la celebración, la conversación, la amistad, las relaciones, no hay vida urbana sin relaciones. Nos embriagamos con los canticos, con la música, con el teatro, con los aromas, con la fiesta, con el juego, son con estas cosas mediante las cuales me olvido de mi mismo, de mi ego y experimento una hermosa sensación de comunidad. De esta forma ritualizamos las cosas, los espacios y con ellos creamos ciudad, comunidad. La ciudad es una comunidad intersubjetiva, incluyente, cuidadosa. El futuro de la ciudad no puede ser excluyente, ni narcisista donde lo único que cuenta es la sinceridad y la autenticidad de nuestras emociones. El dataísmo, que hoy reclamamos como forma de solución tecnológica para las ciudades, es una forma pornográfica de conocimiento que anula el pensamiento. No existe un pensamiento basado en los datos. Lo único que se basa en los datos es el cálculo. El pensamiento es erótico. Heidegger lo compara con el eros. El batir de alas del dios Eros lo acariciaba cada vez que daba un paso significativo en el pensamiento y se atrevía a aventurarse en un terreno inexplorado. “¿Quién dice que la ciudad ya está descubierta o terminada?”. La ciudad, la comunidad, es más profunda de lo que pensamos. 

Vicente Seguí Pérez (economista-urbanista)

domingo, 27 de septiembre de 2020

ALGUNAS NOTAS SOBRE EL LIDERAZGO EN EL URBANISMO

En una época en que la sociedad se siente rodeada por la idea del liderazgo, en donde todos los jefes, directivos y políticos que se precien se esfuerzan por ser líderes, asistiendo a cursos sobre este tema y comprando libros para aprender a diseñar el futuro, observamos que tenemos una escasez grave de liderazgo en el ámbito del urbanismo. En el momento en que más lo necesitamos, en el que todos estamos mirando que la ciudad como objeto de relaciones diversas necesita ser revisada y mejorada en muchos aspectos, la crisis de liderazgo y por tanto de ideas está ralentizada, más allá de algunas escasas excepciones. 


El liderazgo no es magia, ni surge por ningún proceso de producción, y si queremos inventarlo para salir del paso, nos ocurre que ponemos todos los huevos en ese tipo de cesta, lo que hace que todo sea más endeble e inseguro. 

Por eso, me lanzo a desmontar algunos mitos sobre el liderazgo (o sobre lo que nos venden como liderazgo), aunque sea con cierta brevedad: 

1. Me pasa como a Woody Allen: No conozco la clave del éxito, pero sé o he aprendido que la clave del fracaso es tratar de complacer a todo el mundo. Rehuyo de las recetas mediáticas que se venden como churros de poca consistencia y desaparecen como la espuma. Todo líder tiene sus enemigos y sus debates, incluso los mejores líderes, hasta que se impone como una idea segura. Hay que asumirlo como algo normal. Y de esto hay poco. 

2. Tenemos algunos líderes, no tantos, centrados en conseguir resultados (estilo capataz), y a veces funciona. Tiene mala prensa, destrozan a los equipos y desmotivan en pocos días todo lo que les rodea, pero funciona en algunos casos. Sobre todo en épocas de crisis, emergencias o cuando los resultados deben obtenerse a corto plazo. Suelen dejar como residuo un camino de despojos. 

3. A veces nos enredemos con que a las ciudades no les hace falta lideres , ni siquiera ideas solidas, lo que necesitamos es una gestión eficiente y estratégica. Es verdad, hay que saber gestionar recursos, procesos y personas pero liderar es esencial para poder diseñar opciones de futuro. 

4. Otras veces nos damos cuenta que tenemos lideres con recursos, despachos y equipos, pero que son incapaces de tomar decisiones, eso es como tener al mejor equipo del mundo esperando a que pase el tren y nunca lo cojan. 

5. ‎Me da la impresión que uno de los problemas mas importantes que tenemos en este momento de crisis urbana, es que no tenemos personas con habilidades de liderazgo, y algunos o muchos que podrían serlo y deberían, les da igual no serlo. 

6. Siempre he creído y se ha dicho que los líderes ayudan a crear y hacer crecer a sus equipos, pero en este país, en ocasiones, no hay sitio para tanto ego y todo se destruye. 

7. ‎Afirmo que el líder se hace, pero no solo con formación ni con masters. El autoaprendizaje, el contacto con otros profesionales, huir de los cursos de siempre, innovar, desarrollar empatías y conocer otras materias, es una gran forma de desarrollar las habilidades de liderazgo. 

8. ‎Cuando hablamos de liderazgo siempre parece que nos referimos al jefe, pero no es lo mismo ser jefe que ser líder. Ignorar el liderazgo informal supone una pérdida importante de capital social del equipo. 

9. En nuestro país la motivación se debió perder algún día y nadie la echó de menos mientras había dinero sobre la mesa. El dinero anula la motivación. Se acabó el dinero y todos volvimos a pensar en la motivación. Pero no sabemos como desarrollarla. 

Para acabar este pequeño texto sobre la importancia del liderazgo urbano, y la escasez que tenemos hoy día de ello, y de la importancia de la empatía, la actitud y la integridad, no voy a seguir insistiendo sobre la teoría que conoce todo el mundo, pero si centrarme en un mito: el de la gestión deficiente. 

Existe una línea de trabajo en el ámbito de la gestión llamada gestión basada en la evidencia, el “esto está claro”, “lo que hay que hacer es esto”, que pretende integrar la evidencia pseudocientífica con la experiencia individual. Suena bien, ¿verdad? Todos tenemos claro que la evidencia, unida a la experiencia, son una herramienta infalible, pero la realidad es otra. Un reciente estudio (Barends et al., 2017) entrevistó a un buen número de directivos preguntando en qué basan sus decisiones. Las respuestas fueron muy llamativas: un 91 por ciento en la experiencia personal, 64 por ciento en la intuición, 62 por ciento en el conocimiento adquirido mediante formación, 59 por ciento por consejos de otros colegas y solo un 34 por ciento en la literatura sobre gestión. 

Seguramente, basar todas las decisiones exclusivamente en la evidencia en un entorno tan complejo como la ciudad podría implicar un fracaso tras otro, pero además si le añadimos un exceso de experiencia personal y de intuición no justificada, es decir sin ni siquiera evidencia, nos llevará al mismo destino o peor. Evidencia y experiencia, sí por favor, que además ese es el truco de la gestión basada en la evidencia. Pero si le añadimos, habilidades, conocimiento, empatía, participación y transparencia, mucho mejor. En ocasiones, nos ocurre que el exceso de intuición falsa, rapidez, e inmediatez, nos invita a pensar en una gestión basada en la videncia y en la magia (o en la eminencia). Y así no llegaremos a ningún sitio. 

Vicente Seguí Pérez (Economista Urbanista)

jueves, 2 de julio de 2020

SUEÑOS DEL CONFINAMIENTO





Recuerdo los días del confinamiento. Como una nueva ciudad emergió ante mis ojos sin darme cuenta que pudiera existir. Una ciudad sin contaminación, sin ruido, silenciosa, llena de amabilidad en sus relaciones, donde pude de nuevo descubrir el barrio, la cercanía y sentir a mi vecino. Todos descubrimos el valor de las tiendas cercanas, el esfuerzo de las personas por ayudar y acompañar, incluso muchos nos acercamos al teletrabajo sin animo de productividad, simplemente porque podíamos ser útiles. Pero esa observación de la ciudad, esa distinta manera de acercarnos a ella, nos hizo ver, cuantos déficits teníamos, cuantas inutilidades y excrecencias habíamos acumulado. Muchas personas sufrían en viviendas estrechas, espacios mínimos de existencia, falta de naturaleza, de equipamientos de salud, de soluciones adecuadas para las personas mayores y los niños, y mucho peor dificultades para comer, para disponer de logísticas adecuadas para cooperar en nuestras relaciones de humanidad. 

Pero con el desconfinamiento, la gente se echó a la calle. No cabía en las aceras. Soñó con parques que no tenía, tuvimos miedo a los transportes colectivos, pero nos metimos en ellos. Repensamos la movilidad y el comercio. Volvimos a pensar para qué habíamos hecho ciudades. La hiperglobalidad había vaciado a la ciudadanía de los productos estratégicos que necesitábamos cercanos, descubrimos que la agricultura y el campo eran esenciales, la industria sanitaria, el cuidado humano o el empleo. Nos dimos cuenta de algo esencial, que se nos había olvidado, nos hacia falta una ciudad más humana y más cercana. 

Hoy cuando nos acercamos a lo que llamaos una nueva normalidad, vemos que algunas cosas están cambiando, muchas otras nos dicen que van a cambiar y otras muchas, la gran mayoría se nos van olvidando. Recuerdo que se cortaron calles para ganarle carriles a los coches y poder andar mejor. 

Se dice que las ciudades se adaptan a todo siempre, pero no es cierto, muchas han desaparecido. Resurgen de terremotos, de incendios, de pandemias, pero no todas resurgen igual y algunas se quedan en el camino. Pero siempre aprenden poco. No quiero verlo de forma pesimista, ¿pero qué quedó de esas oportunidades de cambio que soñamos en el confinamiento?. De que el espacio público, la salud, la dependencia, la educación, la creación de inmensos espacios naturales, las inversiones en movilidad colectiva, el cuidado, el talento, la formación, el empleo, había que renovarlos. Que diría ahora, Ester Higueras, profesora del Departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio en la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y el grupo de Arquitectura Bioclimática en un entorno sostenible (Abio), y tantos y tantos profesionales que han llamado la atención sobre la necesidad de renovar el hacer de nuestras ciudades y territorio. 

¿Conseguiremos calles con muchos menos coches, con más zonas peatonales, ciudades mas integradas en la naturaleza, mas bicicletas, más desplazamientos a pie, mejor salud, mejor educación, mejor empleo, mejores ordenaciones…..? Tenemos ya mucho pensado y escrito sobre los objetivos de desarrollo sostenible, para resolver la complejidad de las ciudades, integrar la diversidad, construir espacios mas igualitarios…. . Nuestros problemas no son la falta de espacios, ni de recursos, sino de voluntad de querer reformar los modelos, que sabemos que son ya muy poco eficientes y muy precarios . “Nuestros padres vivieron el cambio de la ciudad sin coches a la invasión del coche, nosotros podemos hacer al revés”, opina Higueras. El automóvil individual podría servir, como otras tantas cosas, pero serian de otra forma. Se abre una gran ocasión para acelerar medidas que hubieran llevado años. 

“Hay un gran consenso entre la ciudadania de las grandes ciudades en cambiar las relaciones humanas, más allá de ideologías, opina Leire Pajín, directora de Desarrollo Global del Instituto de salud Global de Barcelona (IS Global) impulsado por la Fundación La Caixa. Esta entidad es una de las organizadoras de los foros que están debatiendo sobre estas cuestiones . 

Desgraciadamente pocas ciudades están conformando equipos para pensar en cómo cambiar la ciudad tras el virus. En Barcelona, el nombre es significativo: Reset, en Madrid también están acumulando pensamiento. Quieren ganar calles para peatones. Quieren conseguir grupos de bloques de viviendas cerrados al tráfico, y recuperar pisos turísticos para convertirlos en viviendas de alquiler asequible. probar soluciones baratas y rápidas, reversibles, sin grandes obras “El espacio del coche tiene que reducirse en favor del peatón, no hay vuelta atrás, las calles deben ser más repensadas para los peatones. Hemos visto las ventajas de poder hacer lo máximo posible andando, cosas que se habían perdido en la ciudad, conocer al vecino, ver a los niños jugar en la calle, es emocionante”, reflexiona nuestro amigo Jose María Ezquiaga o José Segui apostando por hacer más ciudad o Salvador Moreno Peralta impulsando la vuelta a los territorios vacíos de las zonas rurales. 

Tenemos que conseguir mejores modelos posibles, las ciudades no pueden seguir así. La situación cada vez es más insostenible. Necesitamos visiones micros del urbanismo, practicas ensayadas sobre modelos más eficientes y humanos. ¿Que sentido tiene seguir generando problemas de salud?, más de 100.000 muertos anuales padecemos por modelos inútiles. Inutilidades para llenar basureros, precariedades de empleo y una formación y educación cada vez con mas insuficientes. 

De las ciudades y de la recuperación y revaloración de la agricultura y los espacios vacíos en el mundo rural tienen que surgir las soluciones. Y es fundamental la coordinación, hacerlo todos a la vez, porque mi solución no es solución sin ti, hemos descubierto la interdependencia. Hay que evitar que la crisis multiplique la desigualdad, mantener vivas las empresas capaces de colaborar no de acumular, usar dinero público con el máximo de impacto productivo colectivo. Muchos negocios van a disminuir, no por la pandemia, sino porque ya venían dando síntomas de obsolescencia, ya no sirven Los modelos productivos de las ciudades están mal distribuidos, excesos de algunas cosas antiguas y déficits de otras muy necesarias. 

“Ahora somos conscientes de la dependencia de nuestros modelos respecto a sistemas lejanos y con gran impacto ambiental. Ha habido una reacción positiva de las ciudades, un esfuerzo por fomentar la alimentación de proximidad. Hay que replantear la relación entre el campo y la ciudad”, considera Maria Simon de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (Etsam), especializada en alimentación de proximidad. En Riba-roja de Túria, 22.000 vecinos, el Ayuntamiento ha creado un “Amazon del pueblo” para reducir la brecha digital del pequeño comercio. Una veintena de ciudades españolas han firmado el Pacto de Milán de 2015 que reúne a más de 200 urbes del mundo, para impulsar la producción local y buscar sistemas alimentarios sostenibles “Hay que hacer campañas para concienciar a la gente y trabajar en los precios de producción y en la distribución. Menos del 5% de lo que entra en Mercamadrid llega de la Comunidad de Madrid”. 

El regreso a las teorías de la estadounidense canadiense Jane Jacobs y su concepto de «ciudad viva», expuestas en el libro La muerte y la vida de las grandes ciudades americanas, publicado en 1961, está más viva que nunca. No es cuestión de construir mucho más, y menos grandes proyectos, sino de reorganizar lo que tenemos, de innovar e investigar. Debemos ser más multifuncionales, una infraestructura puede servir para muchas cosas. 

Que vamos a hacer con los ancianos y los niños. Hay que descubrir el sentido de comunidad y de la relación entre los seres humanos. Redescubrir el sentido del arraigo, el vínculo con el lugar en el que se vive, que es lo que crea resiliencia comunitaria y ante una catástrofe resiste e incluso se transforma a mejor. Lo modelos urbanos para la convivencia entre las distintas edades no están bien resueltos. Reforzar la comunidad cercana, pasa por facilitar el acceso y la permanencia en la vivienda, ayudar al empleo local y darle prioridad en los proyectos públicos. 

Se debe pensar ya que las ciudades españolas tendrán una población cada vez más envejecida. “el envejecimiento en España no está planificado”. “Las residencias son carísimas y en las públicas no hay plazas. No hay solución fácil. El descubrimiento de esta crisis es que somos seres ecodependientes e interdependientes”. Necesitamos revisar nuestros modelos de empleo y negocio, el productivo y el reproductivo. ¿Cómo queremos atravesar las ciudades para trabajar, como pasear, como ir a hacer la compra, cuidar de los niños, de ancianos, cuidar de la casa, participar en una asociación vecinal?, ¿como nos queremos mover en transporte público, bicicleta o caminando?. Quizás todo fue un sueño de una época de confinamiento. 





Vicente Seguí Pérez (Economista- Urbanísta)

lunes, 8 de junio de 2020

LAS CUATRO NOBLES VERDADES. Escrito por Joaquín Seguí García.

Hace 2.500 años que se empezó a predicar las Cuatro Nobles Verdades, en el principio 5 Santones fueron los primero en escucharlos:

Arte / camino - Colección Gelonch-Viladegut

1:- LA VIDA CONDICIONADA ES SUFRIMIENTO.

2:- EXISTE UNA CAUSA PARA ESE SUFRIMIENTO.

3:- HAY UN FIN DEL SUFRIMIENTO.

4:- HAY UN CAMINO QUE LLEVA A ESE FIN.

Es muy interesante observar que las primeras personas que escucharon estas cuatro reglas fueron Santones que habían llegado a su propio crecimiento a través de su propio sufrimiento personal. Su objetivo era aliviar su sufrimiento personal.

Hubiera sido todo muy interesante si los santones se hubieran acercado a estas reglas desde la alegría y la felicidad.

Hay que interpretar el Nirvana como es la experimentación de un gozo intemporal e ilimitado. No es el sufrimiento el que nos guía. Sino abrirse camino a través de la experimentación de "esto y lo otro", ley de "Causa Efecto".

1:- LA VIDA CONDICIONADA ES SUFRIMIENTO: Existe el Sufrimiento.

Casi todos olvidamos lo condicionado que están las experiencias, el hecho de que dependen de en que ámbito se realicen. La experiencia de días felices e infelices, va desapareciendo después de años de practica.  La practica de la meditación, nos lleva a la experimentación de la suprema alegría inherente a la mente.

Psicología: '¿Qué tratamiento damos al sufrimiento psicológico ...

2:- EXISTE UNA CAUSA PARA ESE SUFRIMIENTO: El sufrimiento tiene una causa.

La ignorancia de la mente no iluminada, centrada en el cuerpo y el habla, mantiene alejado a los seres de la felicidad que tanto nos esforzamos en conseguir. El fin de la meditación es desatar el cautiverio en que se encuentra la mente no iluminada. Como ejemplo: Hasta el momento de la iluminación la conciencia funciona como un ojo, nota los acontecimientos externos e internos, pero no se reconoce a si mismo.

Uno experimenta nuestra capacidad para la percepción, como un "YO", y lo experimentado como el "TU", o sea el mundo exterior. El pensar que las apariencias pasajeras son reales y separadas del experimentador, este concepto tan erróneo es lo que se considera la ignorancia fundamental de la mente.

La separación entre el "YO" y el "TU" conducen a dos sentimientos:

APEGO: Intento de mantener lo agradable.

AVERSIÓN: El esfuerzo por rechazar lo desagradable.

Con el APEGO --> AVARICIA

Con la AVERSIÓN --> ENVIDIA

La IGNORANCIA --> ORGULLO.

▷ Conducta emocional: La brújula interior que guía nuestras ...

A pesar que cambian continuamente las personas no experimentadoras de la meditación se las toman muy en serio.

3:- HAY UN FIN DEL SUFRIMIENTO.

A partir de este nivel, cada acto expresa una compasión activa que no separa y que mira al futuro, que apunta más a la visión amplia de las cosas que al corto plazo de las consecuencias. La mente es como un sol que irradia por si misma.

4:- HAY UN CAMINO QUE LLEVA A ESE FIN.

La meditación desarrolla y beneficia completamente el cuerpo, el habla y la mente.


Las enseñanzas de la meditación empiezan simplemente con la causa y efecto, se desarrollan durante la construcción de una rica vida interior, y se realizan mediante la visión pura que permite convertir cada vivencia en espejo para la mente.


Libro: "Las cosas como son". Lama Ole Nydahl.

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A FAVOR DE UN MODELO ECONÓMICO QUE FAVOREZCA CIUDADES SALUDABLES. Escrito por Vicente Seguí Perez (economista Urbanista)




Veo pasar las semanas con cierta tristeza. Y observo que hay un paradigma urbano del que no salimos. Es más, conforme perdemos el miedo al COVID- 19, nos afirmamos en él, a pesar de toda la crisis que estamos pasando. Se afirma, que no es posible un modelo económico sostenible como formula para crear ciudades saludables. No importa que necesitemos vivir mejor, salvar el medio ambiente urbano y natural y la biodiversidad territorial, e impulsar modelos de ciudades saludables, seguimos sosteniendo tercamente la idea de mantener el crecimiento económico capitalista aunque sea insostenible.

Veo como volvemos a los discursos del crecimiento del ladrillo y la destrucción de la biodiversidad como solución. Así vemos como distintas Comunidades Autónomas sacan leyes de  dinamización económica en este sentido. Necesitamos seguir produciendo ladrillo y cemento, sino, no hay salida, se nos dice, por parte de estos gobiernos, para crear empleo. Sin poner sobre la mesa ninguna política activa de empleo nueva. Y esto está prevaleciendo en Gobiernos, empresas y algunos organismos internacionales. Pero esta idea no se sostiene con los datos que tenemos desde el siglo XX. Hoy lo tenemos claro, el aumento del consumo de recursos y emisiones contaminantes como consecuencia del crecimiento económico y urbano desaforado no es compatible con la biodiversidad de la vida, ni con la construcción de ciudades saludables y sostenibles.

Muchos académicos, instituciones, Universidades, Centros de investigación, creen necesario y urgente un cambio de este paradigma. Entre ellos el español Iago Otero, del Centro Interdisciplinario de Investigación en la Montaña de la Universidad de Lausana (Suiza), y para ello propone una batería de medidas de choque para limitar los efectos de la economía en los ecosistemas agotados. Todo ellos bajo un lema imprescindible, es necesario el decrecimiento urbano y económico si queremos salvar la biodiversidad y el bienestar humano. No es compatible el crecimiento del ladrillo exacerbado y la preservación de los ecosistemas urbanos y naturales agotados por un crecimiento de los servicios de alto coste energético y precarios en empleo, y mucho menos cualquier tendencia hacia los procesos de desigualdad, sino revaluamos los valores consumistas y los sustituimos por ideales de cooperación. Hasta hoy ha prevalecido la idea de que era compatible, crecimiento capitalista y biodiversidad, pero ya no hay dudas, es incompatible.

Otero, como una conclusión más de la crisis del covid -19 confirma que si queremos conservar la vida, tenemos que salvaguardar la biodiversidad: “Una naturaleza bien conservada nos protegería de enfermedades como esta. Detrás de la pandemia está la deforestación, la expansión de la agricultura o el comercio de especies,  que ponen a más gente en contacto con los  animales portadores de los virus”.

Podemos resumir las medidas, a modo de ejemplo, en las siguientes:

a  a)    Limitar la explotación y comercialización de los recursos industriales ineficientes en términos de diversidad, sean ladrillo o cemento o tierras, recursos naturales  o gasto energético. Imponer a nivel internacional limitaciones en la cantidad de recursos naturales utilizados para la producción de los bienes comercializados por sobre explotación. Imponer diferentes cupos a cada país dependiendo de su consumo histórico y de los excesos en las emisiones de dióxido de carbono.

  b)    Restringir la construcción de grandes infraestructuras que impidan el desarrollo y la integridad de los espacios verdes. Los espacios verdes vertebran las ciudades saludables. Los espacios verdes pueden reconstruir las ciudades. Poner coto al desarrollo de grandes infraestructuras y de redes de transporte que rompen la integridad de los espacios de valor ecológico.

cc)    Potenciar la agricultura de proximidad y el mundo rural. Los “territorios vacíos” recualifican el sentido comunitario.

 d)    Limitar la expansión indiscriminada de las ciudades metropolitanas. Relocalizar la economía para disminuir la distancia entre los centros de producción y consumidores. Este requiere frenar la expansión geográfica de las ciudades en favor de explotaciones agrarias próximas a las urbes, evitando así la destrucción de zonas naturales en otras regiones.

e e)    Favorecer la planificación urbanística racional.

 f)     Innovar en políticas activas de empleo, creando nuevos empleos y  reduciendo jornadas laborales. Bajo determinadas circunstancias, la jornada de trabajo más corta estaría relacionada con menores emisiones de carbono y otras afectaciones perjudiciales para la biodiversidad.

 g)    Dificultar el desarrollo de productos procedentes de la sobreexplotación agrícola y de la naturaleza. La naturaleza crea civilización.

Esta son algunas medidas, podemos pensar muchas más. No hay que ser muy listos para darnos cuenta que estas propuestas y otras parecidas se enfrentaran a multitud de “barreras culturales y sociales” porque van contra “el imaginario que prevalece de un crecimiento ilimitado”. Pero no nos queda mas remedio que debatir sobre estas cuestiones. Lo mas inmediato sería poner en evidencia el PIB como índice de satisfacción social,  y empezar a establecer otros nuevos índices  que evalúen el bienestar social, los niveles de protección del medio ambiente y la sostenibilidad de nuestra comunidad.

Hasta la fecha, no se ha encontrado ninguna correlación que sustente el incremento del PIB con la reducción del consumo de recursos naturales. A más PIB más destrucción de la biodiversidad y desigualdad. Hay una coincidencia entre los niveles de evolución del PIB mundial desde 1950 y las sobreexplotaciones agrarias, el uso de pesticidas y fertilizantes, y la demanda de consumo de carne. La producción humana de materiales ha crecido en el último siglo al unísono con el PIB mundial, sustituyendo ecosistemas urbanos y naturales a una escala masiva.

La perdida de biodiversidad es evidente con la extinción de flora y fauna, pero también con modos y lenguajes culturales, básicos para existencia.  En los próximos años esto seguirá en aumento a un ritmo del 60%, con perdidas de hábitats y recursos de existencia alarmantes.

Pero muchos académicos, entre ellos Iago, ven factible  un crecimiento del bienestar disminuyendo el uso y el abuso de recursos naturales y las emisiones de gases contaminantes.  En momentos de crisis como los actuales, necesitamos intentarlo. Ni siquiera somos capaces de cumplir el objetivo de dejar de aumentar el calentamiento del planeta en torno a 1,5 grados.

La Comisión Europea ha lanzado el llamado “Pacto Verde”: es necesario decrecer en términos de PIB para construir una sociedad “postcrecimiento”. Pero Otero, insiste una y otra vez necesitamos dejar de utilizar el PIB como indicador guía de bienestar urbano. Hay que recorrer otros caminos.


domingo, 31 de mayo de 2020

INGRESO MINIMO VITAL. Escrito por Joaquín Seguí García


Este viernes 29 de Mayo de 2.0020 el Estado de bienestar da un paso adelante. El Gobierno ha aprobado en el Consejo de Ministros la ayuda de último recurso para quienes no lleguen a unos umbrales mínimos de renta. Es un hecho histórico que va a intentar ser una red que pare la caída de muchos ciudadanos. Veremos si consigue impedir la caída o se rompe la red y no consigue su objetivo.


Otro de los objetivos del plan, es la corresponsabilidad por parte de los beneficiarios de participar en Itinerarios Personalizados de Inserción realizado por orientadores laborales, con incentivos a la contratación, cuando el titular de la prestación no tenga empleo y lo encuentre, parte de su salario estará exento transitoriamente en el cálculo de la prestación. En el caso de que esté ocupado, cuando su salario se incremente, la cuantía de la prestación se reducirá en una cantidad inferior. En el caso de que el titular no esté ocupado, se exigirá la inscripción como demandante de empleo para el acceso a la prestación  y también se creará un “Sello Social” para las empresas que les ofrezcan formación y empleo.

Servei de Dinamització Laboral als Municips del Camp de Tarragona ...

Aquí esta el éxito del programa, en función de lo que tarda una persona beneficiaria en tener un contrato de trabajo de una duración igual o mayor de 6 meses, con un salario mayor que lo que cobrará en el Ingreso Mínimo Vital.

Para que esto ocurriera se debe engrasar muchísimo la función de intermediación del SAE. Hay que poner muchísimo mas peso a la intermediación como único y principal fin del SAE. Ademas de agentes de empresa (figura que se dedica a buscar ofertas de empleo de las empresas) en las oficinas SAE, se debería poner por cada 3 orientadores laborales 1 agente de empresa en cada Andalucía Orienta. 

La Orientación Laboral sin Intermediación, es como la fuerza sin control, no sirve para nada. 


¿QUIÉN PUEDE PEDIRLO?

El ingreso mínimo vital lo podrán solicitar todos los españoles entre los 23 y los 65 años e incluso los mayores de 18 años si hay menores a cargo y si cuentan con al menos un año de residencia en España. En principio, esta prestación no alcanza a los inmigrantes ilegales aunque si baraja ciertas excepciones de colectivos muy vulnerables (mujeres víctimas de maltrato, prostitutas en situación de pobreza…) Otro de los requisitos es haber cotizado al menos un año.

Ingreso mínimo vital: qué es y quién lo puede recibir





¿Cuándo podrá solicitarse?

La ventanilla se abrirá el próximo 15 de junio. Durante los primeros tres meses, y para evitar aglomeraciones, las ayudas se reconocerán con carácter retroactivo desde el 1 de junio. La Seguridad Social calcula que podrá reconocer de oficio unas 100.000 ayudas de hogares vulnerables que ya tienen detectados previamente a través de otras prestaciones que se pagan, como la de hijo a cargo.

La exclusión social 

Vuelve a emerger en nuestro país con toda su crudeza y lo hace castigando sobre todo a los segmentos de menores rentas y menor capacidad defensiva: la tasa de pobreza severa asciende al 12,4% de la población (el doble que la media europea); un 26,1% de la población total está en riesgo de pobreza y en 120.000 de los hogares sin ningún ingreso viven niños, lo que da idea de la extensión de la pobreza infantil. 





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MAS ALLÁ DE LA INCERTIDUMBRE HAY MODELO URBANO. Escrito pot Vicente Seguí Pérez (Economista Urbanista)




Vengan lo problemas de donde vengan. Vengan las crisis por donde aparezcan, hay métodos contra su locura. Hace mucho tiempo que vengo hablando contra la necesidad de prevenir lo imprevisible. Lo imprevisible no es una maldición, sino nuevas formas de enfrentarnos a pautas distintas derivadas de complejidades distintas. La complejidad significa un salto cualitativo en nuestra civilización, necesario y buscado a veces, pero esa complejidad trae aparejada nuevos sistemas de incertidumbre. Y muchas veces estas no aparecen de repente.  En algunos casos hace siglos que las venimos viendo venir. Pero nos empeñamos en seguir pensando y trabajando con métodos del siglo XIX, con los que hemos recorrido el siglo XX y en muchos casos no hemos optado por innovar y aportar nuevo talento, para mejorar los modelos. Lo cierto, es que más allá de la incertidumbre existe el modelo urbano.

Muchos recordareis  a Lord Kelvin, el de los grados Kelvin, esa unidad de temperatura de la escala creada en 1848 por William Thomson, primer barón de Kelvin. A finales del siglo XIX, pensaba, que todo lo esencial ya había sido descubierto, y que solo quedaba pulir algunos detalles. No pudo equivocarse más. Entre 1900 y 1905, Max Planck y Albert Einstein descubrieron la mecánica cuántica y la relatividad, los dos pilares de la física actual, y los cimientos del mundo tecnológico en que estamos inmersos. Ni siquiera Planck y Einstein pudieron predecir las consecuencias enormes de sus ideas rompedoras, no hablemos ya del resto de los científicos de la época ni menos aún de la ciudadanía culta en general. El patinazo de Lord Kelvin revela una cualidad fundamental del mundo y de nuestra concepción de él: que lo imprevisible, la incertidumbre que abre la complejidad y la innovación, no se puede prevenir, porque de eso se trata de abrir nuevas puertas a un infinito continuo de posibilidades. Como dijo el matemático John Allen Paulos, con gran ironía, “ningún periódico publicó en 1900, que ya solo faltan cinco años para que se descubra la relatividad”. Podía ser una cita de economista de bolsa, pero no lo era, siempre hemos navegado sobre la incertidumbre y es ella la que nos provoca la innovación, el talento y el salto a nuevas etapas.

La crisis del covid 19 actual, sin embargo, la estamos traduciendo con un mensaje contrario: nos hemos hecho tan reglados y seguros que no somos capaces de prevenir lo imprevisible. No puede ser, si ya lo teníamos todo planificado, si solo nos quedaba administrar la certidumbre. Pensábamos que lo imprevisible, la incertidumbre no podía existir y si existiese era culpa de alguien, un error de la naturaleza. Parece una contradicción, un laberinto semántico. La idea de que siempre hay una forma de escapar del laberinto, la hemos colapsado.

Otra cosa que hemos olvidado es que en nuestro mundo, lo imprevisible sigue pautas, posibilidades de pautas, no son modelos arbitrarios. Los economistas no vaticinaron la crisis financiera de 2008, algunos vieron burbujas especulativas de créditos, pero estoy seguro que si ahora detectáramos burbujas de crédito de alto riesgo de morosidad, se nos erizarían los cabellos. Aprendemos de la experiencia, al menos algunos, y también podemos extrapolarla, de modo que no solo abarque a la travesura crediticia sino también a cualquier otra burbuja. Eso sería una forma de prevenir lo imprevisible, de movernos en la incertidumbre de la complejidad ¿no?. Aunque no lo creamos, los modelos complejos también siguen pautas, y descubrirlas es en el fondo el objetivo del talento.

Es verdad, muchos somos escépticos, incluso cenizos, no vemos como aparecen esas pautas  que pueden abrir nuevas posibilidades en épocas de crisis y cambiar nuestra psicología, y nuestra forma de actuar. Pero a pesar de todo, debemos crear dosis de confianza en abundancia, porque nos guste o no, arrastramos lastres de desigualdad de todo tipo que nos obligan a gobernanzas urbanas mas racionales.  El urbanismo no es el seguimiento de la norma , sino el proyecto que acierta a dar respuesta a esa incertidumbre que nos abre nuevas posibilidades y resuelve acertadamente la complejidad.
Prevenir lo imprevisible es difícil, sí, pero no por razones científicas ni filosóficas, sino por los lastres de pensamiento y socioeconómicos que sufren nuestro modelo urbano actual. Hay quien piensa que eso cambiará gracias a la pandemia, porque sí, o mejor que volveremos a la antigua normalidad, como si nada hubiera pasado. Pero os aviso con cariño,  los cenizos somos escépticos, porque vemos cómo un  puñado de nuevas pautas a las que llamamos “incertidumbres derivadas de las crisis” pueden cambiar la psicología humana, los modelos urbanos y los mercados locales. Ojalá demos con la inmunidad adecuada para que todo sea más lento, porque el susto nos puede bloquear y el miedo hacerlo todo más largo.

miércoles, 27 de mayo de 2020

REFORCEMOS LA CIUDAD, EL BIEN COMÚN. Escrito por Vicente Seguí Perez (Economista Urbanista)

      


Ahora, más que nunca, el bien común, la ciudad, es la base de un futuro mejor.  La ciudades que mejor funcionan son aquellas que han creado, asumido, y ahora refuerzan, unos códigos propios de conducta urbana saludables. El “bien común”, la ciudad, “el espacio colectivo”, que enarbola nuestros códigos propios como comunidad es la base de la construcción de la ciudad.
Puede parecer simple, pero lo contrario, atizar el desastre de la desunión, para impulsar los instrumentos de la codicia y el abrazo al negocio sin más, nos lleva a un pandemia mayor, no solo sanitaria, sino también económica, social, y como no urbana .En este momento, este es el reto mundial y local, en nuestras comunidades,  que afecta el principio a la salud de las personas y que está llevándose consigo una gran cantidad de vidas y de recursos de bienestar.
Cómo no recordar en estos días a Max von Sydow, el actor sueco recientemente fallecido, que representó en El séptimo sello, la figura del caballero que juega al ajedrez con la muerte una partida, perdida de antemano, en ese tétrico marco medieval de procesiones de flagelantes aterrados ante la peste. O la magistral descripción de la peste de 1630 en Milán que ofrece Manzoni en Los novios. O el brillante relato de García Márquez en El amor en los tiempos del cólera.
A diferencia de otras ocasiones, la actual crisis sanitaria, cuenta con más y mejores recursos para responder a ella, en unos sectores mas que en otros, no nos engañemos, igual que unas ciudades más que en otras. Como urbanistas, hoy, tenemos un personal bien formado y entregado a su profesión. Merecen todos, nuestro más profundo agradecimiento. Han abierto el debate con rapidez y sin miedos, y aunque han surgido oportunistas sin escrúpulos, que siguen anclados en modelos urbanos antiguos como si nada hubiera pasado, ni en esta crisis, ni en la de 2.008, manipulando y frivolizando las ideas, hay que reconocer que han sido una minoría.
Es cierto, que pululan conductas insolidarias, de esas que dicen: “ aquí lo que hace falta es flexibilizar y aumentar el cemento, seguir el juego a costa de lo que sea”. No les preocupan los déficits de salud, ni lo que ocurre en la dependencia y en la residencia de los ancianos, ni en el cuidado y la educación de los niños, ni como crear empleo estable, remodelar la logística del trasporte, la falta de vivienda digna, los déficits a raudales de naturaleza que tenemos y de biodiversidad, de organización de servicios sociales, o que modelos urbanos ofrecer, para superar estos nuevos retos. Los problemas urbanos de déficits de bienestar y empleo que han surgido se les ha olvidado enseguida. Pero hoy sabemos que nuestro mundo es más que nunca interdependiente y la solidaridad universal es indispensable.
El miedo se nos va entre la manos y la ciencia se nos quedó en mercancía: “Haber si pronto tenemos vacuna, claman, y nos dejan seguir con nuestra normalidad antigua”. Siempre el miedo guardó de algún modo la viña para que tuviéramos interés en sobrevivir, los que pueden.
Por eso estos días se repite el eslogan: “Navegamos todos en el mismo barco, debemos estar unidos”. Y ciertamente, es así. El fugaz vínculo del interés común, la ciudad, es demasiado débil para hacer frente con altura humana al desafío social y económico, que ya se está incubando, y exigirán para enfrentarse a él mucho más capital ético que la simple convicción de que no nos conviene egoístamente que se hunda el barco: perdemos todos. La agregación de individuos no basta para resolver nuestras comunidades urbanas, hace falta un “nosotros y nosotras”, reforzado como ciudad.
No nos olvidemos, siempre habrá un antes y un después de esta crisis, por muchas medidas paliativas que tomemos. Necesitamos mucho más que una ciudad temerosa, de esas que dicen: “aquí no pasa nada, sigamos adelante como íbamos” . Hace falta hacer frente al reto social y económico, no solo de lo tangible en las ciudades que se nos esta quedando obsoleto, sino  acrecentar el peso de lo intangible en la vida social, en la reconstrucción del “bien común”, la ciudad.
Resulta indispensable la mano intangible de los valores, las normas y las virtudes cívicas, que son valiosas por sí mismas y para lograr que la ciudad funcione. Es el aceite que engrasa las ruedas de las maquinarias visible e invisible, el peso de lo intangible. Lo que la tradición clásica urbanística ha llamado el urban, el carácter de una sociedad, desde el que hacer frente a las situaciones cambiantes y de incertidumbre que las sociedades complejas nos traen. Philip Petitt en sus textos nos lo recuerda, una y otra vez.
Nuestras ciudades y territorios sufren hoy profundas obsolescencias y agotamientos. Hay trozos de ciudades que mueren y otros que tienen éxito. Necesitamos nuevos conceptos para entender mejor lo que sucede, sus causas, sus erosiones, los nuevos códigos  de conducta de la comunidad urbana.
Igual que el agua revela su importancia en cuanto falta. Igualmente, renunciar a diseñar, y planificar nuestras ciudades, enseña el error enseguida. Necesitamos nuevas practicas urbanas compartidas, que nos ayuden a hacer que las ciudades que se erosionan vuelvan a encontrar la dirección idónea para funcionar.

¿De verdad, que sabemos de esto? ¿estamos aprendiendo estas lecciones para el futuro, que ya es presente?. Estoy seguro que igual que salimos en otras crisis, saldremos de esta, mal que bien la superaremos, aunque sea con tristes resultados. Pero lo que sucederá en el futuro dependerá en buena medida de cómo ejerzamos nuestras actitudes y reconstruyamos nuestros códigos urbanos. ¿Será desde ese “nosotros y nosotras”, desde de ese bien común incluyente?, o ¿será desde la negación de los modelos urbanos?, idolatrando los fragmentos  que ofertan lúgubres soluciones, en los que unos ignorantes gurús del urbanismo juegan a hacerse con el poder. Es en este punto donde demostraremos que hemos aprendido algo.
Por eso es importante enfrentase al conflicto, obtener conocimiento y acercarse a la realidad sin miedo. Siempre es buen momento, pero este si cabe es más, apostar por la verdad de la realidad urbana, libres de ideas preconcebidas, sin la visión deformante de la realidad con la que juegan los poderosos.
A pesar de las declaraciones de algunos gurús, de que es el fin de los modelos en comunidad, el fin del “bien común”, de la ciudad, tendremos que seguir eligiendo. Somos conscientes una vez más de nuestra fragilidad e incertidumbre, y de nuestra gran complejidad. Vendrán nuevas crisis para las que no tendremos tampoco una respuesta inmediata. Pero lo que sí podemos anticipar es que estaremos mucho mejor preparados para enfrentarlas si lo hacemos desde la amistad cívica urbana, que es preciso cultivar día a día. Desde la convicción de que estamos unidos por un vínculo que nos convierte en un “nosotros y nosotras” incluyente, ciudades del bien común, no en unos excluyentes fragmentos de políticas de ofertas. Como dice Adela Cortina, es desde la indispensable solidaridad urbana, que no se improvisa, desde donde hay que enfrentarse a estos nuevos retos sanitarios y no, desde la que algunos están dando tan buenas muestras en esta dolorosa situación.