martes, 26 de enero de 2021

EL NUEVO MUNDO DE LA LICITACIÓN EN LA FORMACIÓN PARA EL EMPLEO escrito por Joaquín Seguí García



El pasado mes de Diciembre de 2.019 la Junta de Andalucía puso en marcha la primera Licitación de cursos para Desempleados. Dicha Licitación termino el plazo para que las entidades se pudieran presentar el 16/01/2020. Consiste en un Contrato de Servicios para la impartición de acciones formativas específicas de Formación Profesional para el Empleo. Siendo un modelo nuevo en las asignaciones de los cursos de formación profesional para el empleo a las entidades que lo impartes. Hasta ahora se realizaba por medio de subvenciones.

La Licitación de formación consiste en un contrato de servicios para la impartición de cursos en la modalidad presencial en las Entidades de Formación adjudicatarias, para la obtención del certificado de profesionalidad SSCE0110 “Docencia de la Formación Profesional para el Empleo dirigido a desempleados. 

El contrato se divide en 10 lotes y el Presupuesto Base de Licitación es 714.000 euros. Y la Formación debe ser impartida por la entidad acreditada adjudicataria, y en el mismo centro de formación, debiendo estar ubicado en la provincia correspondiente al lote respecto al que presentó la propuesta económica.

Son 20 cursos y está estructurado en 10 lotes. Se imparten 2 cursos en cada provincia, excepto 4 cursos en Málaga y 4 en Sevilla. Se utiliza el Contrato de Servicios, y los Centros de Formación serán retribuidos por la Junta.

Los cursos van dirigidos especialmente a alumnos desempleados con experiencia y formación, pero que no pueden ser contratados como profesores por carecer de Certificado de Profesionalidad. También tienen preferencia otros alumnos desempleados con experiencia de 600 horas en los últimos 7 años, pero que se les acaba el plazo y no encuentran trabajo en el sector de la formación o enseñanza.

Los profesores deben cumplir las prescripciones sobre competencia docente, acreditación requerida y experiencia profesional. En cualquier caso, para impartir los módulos formativos de los certificados de profesionalidad, será requisito que el formador acredite poseer competencia docente. Para acreditar la competencia docente requerida el docente debe estar en posesión del Certificado de Profesionalidad de docencia de la formación profesional para el empleo.

Del requisito anterior se encuentran exentos:

a) Quienes estén en posesión de las titulaciones universitarias oficiales de licenciatura en Pedagogía, Psicopedagogía o de Maestro en cualquiera de sus especialidades, de un Título universitario de grado en el ámbito de la Psicología o de la Pedagogía.

b) El Título universitario de licenciatura en Psicología, por el que se determina el nivel de correspondencia al Nivel del Marco Español de Cualificaciones para la Educación Superior del Título Oficial de Licenciado en Psicología, se equipara a Nivel 3.

c) Quienes posean una titulación universitaria oficial distinta de las indicadas en el apartado anterior y además se encuentren en posesión del Certificado de Aptitud Pedagógica o de los títulos profesionales de Especialización Didáctica y el Certificado de Cualificación Pedagógica.

d) Quienes acrediten una experiencia docente contrastada de al menos 600 horas en los últimos diez/siete años en formación profesional para el empleo o del sistema educativo, o lo que se determine en la normativa de referencia.

Vamos a realizar el seguimiento de los Lotes 7 y 8 que corresponden a la Provincia de Málaga. Y así comprender un poco mas este nuevo (antiguo en otras Consejerías de la Administración) proceso de asignación de los cursos de formación con las entidades de impartición.

Empezamos enseñando el lote 7 y 8 que se van a adjudicar:



Una vez que se presentan los lotes que se va a adjudicar las entidades tienen un plazo para presentarse. En este caso terminó el plazo de presentación de solicitudes el 16/01/2020.

Para los lotes 7 y 8 se presentan:
 
22 empresas para el lote 7 




19 empresas para el lote 8.




El 21 de diciembre de 2.020 se resuelve por fin a que empresa se adjudica cada lote:

LOTES 7 Y 8 

La Mesa verifica que toda la documentación requerida es correcta, acuerda aceptarla y proponer al órgano de contratación la adjudicación de los LOTES 7 y 8 del expediente ADM/2019/0011 “SERVICIO PARA LA IMPARTICIÓN DE 20 ACCIONES FORMATIVAS DE FORMACIÓN PROFESIONAL PARA EL EMPLEO, DIRIGIDAS A PERSONAS TRABAJADORAS DESEMPLEADAS” a favor de la empresa..........

La pregunta que os hacéis es:

 ¿Como desempatan Investigaciones Didácticas Audiovisuales y Academia Fye?

Se produce un empate entre las empresas ACADEMIA FYE e INVESTIGACIONES DIDÁCTICAS AUDIOVISUALES por lo que éste deberá dirimirse según lo previsto en la Cláusula 10.6 del PCAP:

Y que dice la Cláusula 10.6 del PCAP (Pliego de Cláusulas Administrativas Particulares):

“En el caso de que dos o más proposiciones se encuentren igualadas, como la mejor desde el punto de vista de los criterios que sirven de base para la adjudicación, tendrán preferencia:

 a) Las empresas que, al vencimiento del plazo de presentación de ofertas, tengan en su plantilla un porcentaje de personas trabajadoras con discapacidadEn caso de empate entre aquellas, tendrá preferencia la persona licitadora que disponga del mayor porcentaje de personas trabajadoras fijas con discapacidad en su plantilla

 b) Las empresas que tengan la marca de excelencia o desarrollen otras medidas destinadas a lograr la igualdad de oportunidades.

 c) Ser empresas de inserción. 

d) Ser entidades sin ánimo de lucro

e) Las empresas que presenten un adecuado compromiso medioambiental 

En el desempate al final gana:

1: INVESTIGACIONES DIDÁCTICAS AUDIOVISUALES, S.L.

con NIF B29195484, por un importe de treinta y cinco mil setecientos euros (35.700,00 ), cada uno de ellos.

Espero que os resulte un poquito útil para comprender mejor este nuevo proceso, tan importante en la Formación en el mundo del Empleo.

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miércoles, 20 de enero de 2021

RESILIENCIA EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS. escrito por Joaquín Seguí García


RESILIENCIA EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS

 

 Cuando los psicólogos, los lideres de opinión o algunos políticos nos hablan de que debemos afrontar la crisis del coronavirus con resiliencia, no se refieren a que debemos tratar de superar este momento para poder volver a la normalidad como si no hubiera pasado nada.

Ser resilientes en tiempos de coronavirus se refiere más de bien a cultivar de manera consciente, como individuos y como sociedad esa intención de trascender, de transformar y de crecer en la adversidad.

Ser resilientes en tiempos de coronavirus se refiere a sacar partido a esta situación en el sentido más profundo y espiritual, a no quedarnos en el “resistiré” sino a indagar, ir un poco más allá y darnos cuenta de qué oportunidades de cambio y transformación nos está señalando esta crisis. Y por supuesto, no quedarnos en la esfera del pensar, sino pasar cuanto antes al actuarPorque sin acción no hay resiliencia.

Resiliencia:

La definición de la resiliencia no puede ser más sencilla: es iniciar un nuevo desarrollo después de un trauma. No puede haber una definición más simple. Lo complicado es descubrir qué condiciones la permiten, es decir, la sensación de seguridad, la recuperación, las relaciones y la cultura. Hay que unir todo esto para responder a esa pregunta.

 ¿Cuáles son las características de una persona resiliente?

 Depende de la manera en que se construye la personalidad. Si alguien, desde el nacimiento ha recibido improntas biológicas que lo fortalezcan, se desarrollará, y, si le ocurre una desgracia, sabrá enfrentarse mejor a ella. Ahí hablaríamos de resistencia. Si alguien está traumatizado, y, después de la desgracia, es capaz de iniciar un nuevo desarrollo, entonces hablamos de resiliencia. Es decir, depende un poco de la persona y mucho de su entorno: de su entorno antes del trauma y de su entorno después del trauma.

 



Si no hemos adquirido la resiliencia en la infancia, ¿todavía podemos aprenderla en la edad adulta?

 La resiliencia está en marcha toda la vida, pero los primeros años son muy importantes. Es como una partida de ajedrez. Los primeros movimientos son muy importantes, pero, mientras la partida no haya terminado, siguen quedando buenos movimientos. La resiliencia no es la misma cuando somos niños, antes de hablar, cuando somos niños y sabemos hablar, cuando somos adolescentes o cuando somos personas adultas. Los casos que accionan la resiliencia no serán los mismos. Pero mientras hay vida nos quedan movimientos buenos que hacer.

 ¿Que se debería realizar para desarrollar la resiliencia una vez adulto?

 Lo más importante es que no se queden solos. Cuando sufrimos un trauma, estamos tan tristes que nos hacemos un ovillo, apretamos los dientes y nos aislamos, y esto solo agrava, ya que el recuerdo de la herida se refuerza más y más… Solo pensamos en eso y agravamos el sufrimiento. Así que, el primer consejo sería luchar contra uno mismo si nos apetece aislarnos y, sobre todo, hay que hablar o quedar con gente con la que tengamos confianza. Puede ser la mujer, el marido, la madre, un amigo, un cura, un monitor de deporte… Alguien con quien tengamos confianza. Y no tenemos por qué empezar a hablar de inmediato, primero tenemos que sentirnos seguros, como los niños, y luego, cuando nos sentimos seguros, podemos reflexionar y podemos empezar a hablar.

 7 características de las personas resilientes

 Los principales hábitos que caracterizan a las personas resilientes:

Buena autoestima. Los beneficios que nos aporta tener una buena y sana autoestima.

Empatía. Poder entender al otro, ser capaz de ponerte en su lugar y ver las cosas desde su punto de vista.

Optimismo y sentido del humor. La risa y el optimismo es muy importante, ser capaz de reirse de la adversidad y sacar una broma de sus desdichas. LA risa es su mejor aliada porque les ayuda a mantenerse optimista.

Sociabilidad. Son personas sociables que se esfuerzan por abrirse y no encerrarse en sí mismas, de esta manera nutren su vida con lazos afectivos de colaboración y de afecto.

Flexibilidad. Son personas flexibles, no rígidas y que se amoldan y se pueden adaptar a los cambios inesperados con cierta facilidad.

Creatividad. Son creativas, cuando llega a su vida un evento negativo inesperado y dramático, ellos tienen la capacidad de mirar hacia dentro, de esta forma, se refugian en su mundo interior que suele ser muy rico de conocimientos.

Buena gestión emocional. Capaz de manejar sus pensamientos y sus emociones de forma correcta, de esta manera consiguen no dejarse llevar por esos pensamientos negativos e irracionales que no tienen ninguna función adaptativa y que sólo consiguen desestabilizar.

 Resiliencia en tiempos de coronavirus

 Cuando los psicólogos, los lideres de opinión o algunos políticos nos hablan de que debemos afrontar la crisis del coronavirus con resiliencia, no se refieren a que debemos tratar de superar este momento para poder volver a la normalidad como si no hubiera pasado nada.

Ser resilientes en tiempos de coronavirus se refiere más de bien a cultivar de manera consciente, como individuos y como sociedad esa intención de trascender, de transformar y de crecer en la adversidad.

Ser resilientes en tiempos de coronavirus se refiere a sacar partido a esta situación en el sentido más profundo y espiritual, a no quedarnos en el “resistiré” sino a indagar, ir un poco más allá y darnos cuenta de qué oportunidades de cambio y transformación nos está señalando esta crisis. Y por supuesto, no quedarnos en la esfera del pensar, sino pasar cuanto antes al actuar. Porque sin acción no hay resiliencia.

 




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domingo, 17 de enero de 2021

EL MARAVILLOSO MUNDO DE SOLICITAR DESEMPLEO escrito por Joaquín Seguí García

Dicen que en teoría es muy sencillo solicitar el paro online. Pero la sensación que el usuario tiene es que se encuentra desamparado, no sabe si lo tiene aprobado, cuando se lo aprobarán o cuando le llegará el dinero.

Durante este año, he atendido a muchos usuarios (y sufrido con ellos), la sensación de desamparo que se experimenta al solicitar el paro, por parte de la gestión del SEPE, desde que empezamos con la situación del COVID, es muy trágica.

Todo está cerrado. El SEPE no atiende presencialmente, como mucho por teléfono, lo que es complicadísimo entenderse. El usuario se siente solo, solo ante el vacío.

Lo primero que hay que ver es si tenemos certificado digital, cl@ve PIN o el DNI electrónico (DNIe). Si no tenemos, tendremos la opción de enviar una pre-solicitud, en el que tras rellenarla (en teoría) serán los funcionarios del SEPE los que te llamen a ti para terminar con la solicitud. Pero esto no siempre ocurre facilmente.


1. CON CERTIFICADO DIGITAL, CL@VE PIN O DNIe.

Lo primero entrar en la pagina del SEPE. Luego en "Personas".


Entras en la pantalla de "Personas", en la que veras un poco mas abajo al lado de "Cita Previa", la opción de "Tramites de Prestaciones". Púlsalo y aparecerá otra pantalla preguntándote "¿EN QUÉ SITUACIÓN TE ENCUENTRAS?"


Una vez dentro en el apartado "Trámites en Línea", elegir la opción cuarta, "Solicita tu prestación o subsidio"


Entras en la pantalla "Solicita tu prestación o subsidio", en primer lugar verás una lista con las siguientes solicitudes.


En la parte del final se encuentra el botón "Acceso a Solicitudes". En ese momento aparecerá el apartado de "Trámites en Línea".



Mas abajo en la "Sección de Trámite", pulsas donde pone "Solicitud de prestación contributiva".

Entrarás a una página en la que se te explica que el proceso te ayuda a pedir el paro por primera vez o retomarlo después de haber trabajado. Necesitarás que tu anterior empresa haya enviado el certificado de empresa al SEPE. Si está todo bien, pulsa en el botón de "Iniciar Reconocimiento" para empezar el procedimiento.


Aquí, tienes que pulsar sobre una de las opciones del cuadro "Acceso por cl@ve", ya sea con usuario y contraseña o con tu DNIe o certificado electrónico.


Irás a una pantalla previa en la que tienes que marcar la autorización de verificación de datos y pulsar "Continuar". Al hacerlo, todo lo demás irá por si mismo, y si tienes derecho al paro tendrás que seleccionar la opción de reanudarlo o empezar a cobrar de nuevo el paro generado en la siguiente pantalla, para terminar firmando con tu certificado, DNIe o cl@ve para dar tu consentimiento.

2. Rellena el formulario de pre-solicitud de prestaciones

Si no tienes certificado digital, tu Cl@ve PIN o el DNIe, puedes rellenar un formulario de pre-solicitud que se puso en marcha el 24 de marzo de 2020. En él tienes que rellenar un formulario que se envía al SEPE para que los gestores preparen una solicitud y luego te llamen para confirmar la tramitación, en teoría. Lo destacable de este formulario es que no necesitas tener certificado electrónico ni Cl@ve PIN o DNIe.


Una vez dentro de la opción de "Solicitud de Prestaciones", ahora tienes que pulsar sobre el enlace de "Formulario para Pre-Solicitud Individual de Prestaciones por Desempleo" que aparecerá en primer lugar dentro de la lista.

Irás directamente al formulario, donde tienes que escribir tus datos personales y tus datos de contacto. Los de contacto son importantes para que luego contacten contigo para tramitar tu solicitud. Cuando termines, pulsa el botón de "Enviar Solicitud", y si todo va bien te darán un número de registro que podrás descargar o imprimir para obtener un documento PDF con tu solicitud.

Como conclusión, esto de fácil no tiene nada. Muchos usuarios son analfabetos tecnológicos, no disponer de ordenadores ni internet, y no tiene la capacidad suficiente para dar respuesta a toda esta burocracia. 

Al perder el contacto humano y la empatía con el usuario, que hace que toda estas dificultades sean menores, hemos convertidos todos estos tramites en un calvario.

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jueves, 14 de enero de 2021

LA FORMACIÓN ONLINE EN TIEMPOS DE COVID escrito por Joaquín Seguí García


En estos últimos meses marcados por la pandemia del COVID-19, la formación online ha aumentado de manera notable.

La pandemia del coronavirus ha tenido un gran impacto en la forma que tenemos de formarnos.  El coronavirus nos ha obligado a no poder tener clases presenciales. Un tipo de aprendizaje que se venía usando desde hace años pero de forma mas anecdótica. Hoy en día es la forma principal de formarse.

Se puede decir, que la educación online se ha convertido en un elemento fundamental para los estudiantes que quieren seguir aprendiendo en tiempos de COVID-19.

Y es que según  Dafne Cataluña (la psicóloga y directora del Instituto Europeo de Psicología Positiva,), “uno de los mayores beneficios que ofrece la formación online es la accesibilidad y el mayor beneficio de todos es la seguridad y la salud”.

Con la llegada de internet, se ha producido una autentic revolución en todos los sectores, debido a que las nuevas tecnologías han facilitado mucho las cosas.

Gracias a la formación online, las personas pueden estudiar a distancia, sin necesidad de desplazarse hasta un centro educativo. Por ello, este método de aprendizaje ha sido clave durante la pandemia del COVID-19.

Según un estudio realizado recientemente por la Universidad de la Rioja, la educación online ha crecido un 900% en todo el mundo desde el año 2000. 

Probablemente, esta cifra tan alta se va a quedar desfasada en los próximos meses, ya que las previsiones de los expertos establecen que la formación online va a ir a más. Una nueva forma de aprendizaje, que resulta ideal para evitar los contagios por coronavirus.

Un nuevo método de aprendizaje que ha llegado para quedarse, ya que ofrece grandes facilidades a las personas que no pueden asistir a los centros educativos de manera presencial.




Desventajas de estudiar online

Pero no todo van a ser ventajas. Como casi todo en este mundo, todo tiene su parte positiva y la negativa. Por ello, vamos a analizar cuales son las desventajas o inconvenientes que se pueden presentar a la hora de estudiar online.




A continuación tienes algunas de las principales desventajas de estudiar online:

1. Estudiar online requiere de disciplina y constancia

Tal y como decía su tío a Spiderman, “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Y cuando decides estudiar online estás asumiendo el poder que te otorga la libertad a la hora de planificar y marcarte tus horarios de estudio. Tú y solo tú, eres responsable dar los pasos que tienes que dar para lograr tus objetivos, y para ello vas a tener que ser constante y disciplinado.

2. ¿Estudiar online es sinónimo de estudiar solo?

Los seres humanos somos animales sociales, y necesitamos relacionarnos y mantener contacto con otras personas. Es por ello, que muchas veces se asocia la formación online con la soledad del estudiante. Y lo cierto es que, todos los que hemos sido estudiantes sabemos de la importancia de compartir una charla y un café con un compañero de clase, sobre todo cuando estás con los ánimos un poco bajos.

Estudiar junto con otros compañeros, motiva y anima. Además de no sentirte solo. No es lo mismo ir al gimnasio solo que saber que hemos quedado con un amigo a una hora y un día determinado. 

3. Necesitas disponer de medios tecnológicos

Si quieres estudiar online vas a necesitar algunos medios tecnológicos. Deberás disponer al menos de un ordenador o tablet, conexión a internet y ciertos conocimientos o habilidades informáticas.

4. No toda la formación que se ofrece es de calidad

La oferta de formación online es casi infinita, lo cual está genial. Pero muchísimos cursos están basados en una formación presencial. Y todavía no se han adaptado a una metodología de trabajo online. Es muy difícil suplir el aprendizaje presencial. 
Mas bien no hay que suplirlo, sino que debe crear su propio recorrido y universo sin necesidad de querer suplir a la formación presencial. Eso es un error.

El problema es que la existencia de estos cursos, que aportan muy poco, hacen un flaco favor al resto de empresas que se esfuerzan por hacer las cosas bien. Al final, el resultado de un curso de mala calidad es un montón de alumnos descontentos, que se sienten estafados y que no vuelven a contemplar la posibilidad de hacer un curso online por culpa de una mala experiencia.

En resumidas cuentas, al igual que sucede con la formación presencial, la formación online tiene sus ventajas e inconvenientes, pero es un tipo de formación que cada día cuenta con más adeptos. 

¿Será capaz de ganarle la partida a la formación presencial una vez desaparezca el coronavirus?

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viernes, 13 de noviembre de 2020

EL GRAN PROBLEMA DE NUESTRA ERA ES EL MIEDO AL DERRUMBE DE NUESTRA CIVILIZACIÓN.

 

El escritor Paolo Giordano, famoso a los 26 años con el superventas La soledad de los números primos, que ganó el premio Strega en 2008, lo expresa así: “No tengo miedo al contagio, sino a que la civilización se derrumbe”

La epidemia de Covid-19 se ha convertido en la emergencia sanitaria más importante de nuestra época. Este virus es una plaga, nos ha rodeado de desconcierto y confinamiento a toda la sociedad del planeta. Pero también nos ha obligado a una reflexión colectiva : no es ni un mero accidente, ni una calamidad, ni tampoco una novedad: ha ocurrido otras veces y seguirá ocurriendo.

Pero el desconcierto nos ha afectado más de la cuenta: no podemos besar a nadie, nos tomamos la temperatura constantemente, no podemos acercarnos unos a otros, estamos perplejos. Me da la impresión, que hay algo más que nos da miedo. ¿De qué tenemos miedo realmente?, claro que sí, a la enfermedad, pero hay algo debajo de esa perdida de salud. Tenemos miedo a todo lo que el contagio puede cambiar. A descubrir que el andamiaje de la civilización que conocemos caiga como un castillo de naipes. Que todo se derrumbe, se tambalee. Pero también tenemos miedo de lo contrario: de que el miedo pase en vano, sin dejar ningún cambio tras de sí. El virus está señalando nuestras contradicciones.

Como en todas las desgracias, y en toda las guerras, al principio repetíamos una y otra vez: "ya verás, un par de días más y todo volverá a la normalidad".

Pero al igual que otras desgracias no ha ocurrido así, no tenemos anticuerpos contra el Covid-19, pero estamos aprendiendo a resistir la incertidumbre: siempre queremos saber la fecha exacta en que las cosas empiezan y cuándo habrán de terminar. Nos hemos vuelto exigentes con nuestro confort, lo reclamamos como fijo. Estamos acostumbrados a imponerle, a exigirle, nuestro ritmo a la naturaleza, en vez de que sea al contrario. Así, exigimos, siempre exigimos, que el contagio termine en una semana y que todo vuelva a la normalidad: lo exigimos esperando que suceda así. Exigimos la existencia al nivel que la tenemos cada uno individualmente, el resto que “arree”

Pero esta época nos ha movido las certezas, y lo mejor que podemos hacer es recogernos y esperar. Desear lo mejor no equivale a desearlo como nos plazca: esperar lo imposible, o incluso lo muy improbable, no es una certeza científica. El resultado de esperar lo que no es posible es la desilusión, la frustración, la negación de la realidad. En una crisis como ésta, el pensamiento mágico no sólo es falso, sino que nos conduce directamente a la angustia.

El gran icono de nuestra civilización: las ciudades, se cierran: las calles resultan desoladoras, la normalidad que encontramos nos suena fingida, los cambios se palpa por doquier. Las ciudades se tambalean tal como las habíamos pensado.

El contagio ha condicionado todas nuestras relaciones urbanas y traído consigo mucha soledad: la soledad propia de una persona ingresada en la UCI, que tiene que comunicarse con los demás a través de un cristal, las bocas ocultas tras la mascarilla y las miradas llenas de recelo, la de quienes están obligados a quedarse en casa. Todos estamos al mismo tiempo en libertad y bajo arresto domiciliario. Tenemos una necesidad terrible de estar con los demás, entre los demás, a menos de un metro de las personas que nos importan: nos parece tan necesario como respirar.

Por eso nos rebelamos: "¡No permitiré que un virus interrumpa mis relaciones”

La epidemia nos anima a pensar en nosotros mismos como parte de una colectividad. Se nos había olvidado. Nos obliga a hacer un esfuerzo que simplemente no haríamos en una situación normal: reconocernos indisolublemente conectados a los demás y tenerlos en cuenta en nuestras decisiones. El civismo, el respeto, la empatía y el consenso, son necesarios para existir colectivamente en una sociedad planetaria. En tiempos de contagio somos parte de un único organismo; en tiempos de contagio volvemos a ser una comunidad.

Hay una objeción frecuente que surge estos días: si la letalidad del virus es, según parece, modesta en especial para las personas que gozan de buena salud, ¿por qué alguien como yo no puede correr el riesgo personal de seguir con su vida? ¿Es un derecho inalienable de todo ciudadano?

No, no es un derecho individual, no debemos correr riesgos. Por dos razones al menos.

La primera es de salud: el porcentaje de hospitalizaciones a causa del Covid-19 no es en absoluto despreciable. Un exceso de contagios en poco tiempo significaría el diez por ciento de un número muy grande, es decir: tantos ingresos como para acabar con la disponibilidad de camas y personal sanitario o para colapsar todo el sistema de salud. A todos nos afecta.

La segunda razón es sencillamente humana. Si vosotros, jóvenes y sanos, os exponéis al virus, automáticamente lo aproximáis al resto. Durante una epidemia, los más sanos tienen que protegerse a sí mismos para proteger a los demás, a los más frágiles: son el cordón sanitario.

Así pues, lo que hacemos o dejamos de hacer durante el contagio no nos afecta únicamente a nosotros: ésa es una de las cosas que me gustaría recordar cuando todo esto haya acabado.

Philip Warren Anderson lo escribió en un artículo publicado en 1972 en la revista Science: "More is Different" ("Más es diferente"). Cuando lo escribió, se refería a los electrones y a las moléculas, pero también hablaba de nosotros: “el efecto acumulativo de nuestras acciones personales sobre la colectividad es diferente a la suma del efecto de cada una de nuestras acciones considerada individualmente”. Al ser muchos, cada acción tiene consecuencias globales abstractas y difícilmente imaginables. En tiempos de contagio, la carencia de solidaridad es un riesgo muy grave y una falta de imaginación.

La civilización planetaria, globalizada, no es imprecisa, ni proteica, podemos adivinar sus contornos por sus efectos colaterales. Por ejemplo, una pandemia. Por ejemplo, esta nueva responsabilidad compartida a la que nadie puede sustraerse. Las ciudades no pueden sustraerse tampoco de esta responsabilidad compartida. Una ciudad ya no es un mundo único, ni tampoco es un gigantesco garabato. Hasta el ciudadano más estricto y singular tiene su cuota mínima de conexiones y por tanto de responsabilidad. Vivimos, por decirlo de forma matemática, en un grafo enormemente interconectado. Y el virus corre por cada rincón.

Una ciudad no es una isla, un barrio no es una isla, un hogar no es una isla. "Nadie es una isla": aquel trillado verso de John Donne adquiere hoy un significado nuevo y oscuro:

“ Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia”.

Hoy ya no es solo Europa, es todo el planeta. 

 

Vicente Seguí Pérez (Economista-Urbanista)

lunes, 2 de noviembre de 2020

PRONTO VOLVEREMOS A TRABAJAR POR EL FUTURO.




Este pequeño articulo trata de contar brevemente la “tortura” a la que están siendo sometidas la mayoría de las ciudades debido a la pandemia del covid 19. Sobre todo las zonas urbanas de rentas más débiles, que esperan que pronto vuelvan a encontrar el camino de la recuperación. 

Tengo un amigo abogado, cuyo hijo, en la anterior crisis del 2008, le dijo a su padre que iba a abrir un negocio y este amigo mío abogado se carcajeó. Después de tantos años de dar vueltas su hijo abrazaba la fe del converso: “Al final te has hecho capitalista”, le dijo. “Es que yo era una persona muy radical”, le respondió, “no, en lo que me voy a convertir es en un emprendedor”. Las partes más débiles de las ciudades normalmente aquellas sobre las que recae la mayor parte de la desigualdad económica , social y sanitaria, y en los últimos cincuenta años además los jóvenes, son los que han sido más torturados por las crisis y el desastre de sus gestiones , tan graves o más que las propias crisis. 

La juventud icono de la gloria y de la decadencia industrial y carne de cañón de las guerras, cuna de los años gloriosos de los setenta y ochenta, y de la transición, emprendía un largo camino de resurrección. Nuevas generaciones posteriores igualmente se incorporaban a cambiar las cosas, añadir sus esfuerzo a las anteriores; las suyas iban a ser una de esas cuyos proyectos insuflarían nueva vida, a una sociedad que una vez más no había previsto los errores de las malas gestiones y anunciaba nuevas crisis. 

El hijo de este amigo mío, al igual que algunos otros jóvenes tuvieron éxito entonces, otros muchísimos se quedaron en el camino. Algunos consiguieron montar cadenas de cafeterías o restaurantes y un día, algunos llegaron al récord de facturación: dos millones de euros, uno encima del otro, para otros quedó la quiebra. 

Una mañana del pasado mes de marzo, por culpa de una pandemia vírica que no esperaba, el pequeño imperio fundado por el hijo de este amigo mío apenas quedaba reducido a siete trabajadores. En escasamente un mes. A la semana siguiente quedaba solo uno. Este maldito verano, el hijo se acuerda de la conversación con su padre, del camino recorrido. “ No siento que yo he echado el cerrojo, o que yo haya despedido a alguien, siento que lo ha hecho esta pandemia”. “Tuvimos que cerrar tres de los cuatro restaurantes de golpe, y en el que quedó abierto con servicio para llevar apenas teníamos un 10% del trabajo habitual”, comentó. La situación se volvió además muy insegura. Dos miembros del equipo directivo se habían contagiado, otro tenía fiebre... “Nos sentamos los socios y dijimos ‘se acabó’, al menos por ahora”. 

Hoy su hijo está parado en casa y echa cuentas. Su novia seguía trabajando desde casa, lo cual eran buenas y malas noticias. Por una parte, garantizaba la entrada de sueldo en el hogar. Por otra, formaba parte de ese batallón de empleados que han cortado con el último hilo de vida con la ciudad: todos esos profesionales formaban el grueso de la clientela que llenaba los bares, tomando capuchinos, se relacionaban a todas las bandas posibles e intercambiaban opciones laborales. Los barrios de la ciudad que luchaban por resurgir, también habían parado en seco. La construcción también daba el aviso que ya no tiraba más. El turismo anunciaba la suspensión de actividad y, con ella, la de los proveedores de componentes auxiliares de la misma. 

Y así, como una sucesión de fichas de dominó derribándose unas a otras, toda una economía urbana que empezaba a duras penas a resurgir, se hundió en un plazo de dos meses. 

La hibernación autoimpuesta en medio mundo para frenar la propagación del coronavirus ha situado a muchas ciudades ante su peor terremoto desde la Gran Depresión. Millones de trabajadores han perdido su empleo desde que empezó la pandemia y muchos barrios de nuestras ciudades occidentales se han convertido en farolillos rojos. 

“Solemos decir que cuando se resfría España, Andalucía tiene neumonía”. Las recesiones nos golpean con más fuerza que al resto del país por la estructura de nuestra economía, muy dependiente del turismo y la construcción y en una crisis, los territorios más dependientes caen más que en otras partes. 

La neumonía la tienen ahora muchas ciudades y a Andalucía, al igual que a otras regiones de Europa ya no le quedan metáforas. La tasa de paro alcanzará el 29%, una cota inédita en la serie estadística. “Lo triste es que las cosas estaban yendo muy bien hasta ahora" dicen,. "Entre 2009 y 2019, los ingresos de las familias estaban creciendo. Y, de repente, entramos en un mundo nuevo, nuevo en todo.” 

En este mundo nuevo, cada vez pasa menos gente por las avenidas, la céntricas arterias ya no reflejan el resurgir de la crisis anterior. Seguramente estaremos en la mayor bancarrota de las ciudades de la historia. Hace un siglo, Henry Ford revolucionó la economía con la producción en cadena y ahora una ristra de startups tecnológicas y de servicios intentan ocupar espacios urbanos y de empleo, atraídas por la nueva religión tecnológica que promete una nueva fuerza tractora capaz de cambiar la economía. 

La semana pasada, ya no suena la música a todo volumen en los locales, cerrados y a oscuras, como todos los de esa calle, ahora fantasmal. El neón con el lema “cerrado” en un escaparate llama la atención como un chiste inoportuno 

El trajín se ha mudado a otra parte, concretamente, a las iglesias y a las zonas de reparto de comida que forman interminables filas de viejos, nuevos y antiguos, de todo tipo, son las llamadas “colas de la pobreza”. Se sirven comidas a gente de todo tipo, muchos, muchos sin ingresos, no pueden pagar lo mínimo. 

El 33% de la población de la ciudad se encuentra en situación de pobreza y ofrece una imagen que parece sacada de otro tiempo. De brazo en brazo, un grupo de jóvenes transporta agua embotellada recién traída por un camión. Son los voluntarios, organizaciones que lleva agua y comida a los hogares que carecen de ella. Gracias al Estado de Bienestar, tras la bancarrota del virus, en Europa no está ocurriendo lo mismo que en otras partes de EEUU o Brasil, que están aplicando mano dura sobre los clientes que dejan de pagar los recibos de los servicios básicos, alrededor de mas de 300.000 hogares se les ha cortado el suministro. A estas personas se les dice que tienen que lavarse las manos continuamente para frenar la covid-19, la mascarilla no importa y, al menos hasta ahora, no ha habido ningún plan real para tratar de restaurar el servicio de agua domestica a la personas que no pueden pagar los recibos o de organizar servicios de ayuda alimentaria. 

La ciudades son hoy un laboratorio perfecto, un círculo vicioso entre pobreza y contagios. El coronavirus se ceba en los viejos y en los vulnerables y el paro en los jóvenes menores de 40 años, ya no tan jóvenes, y el 45% de los habitantes de las ciudades lo son. Los que pierden el empleo tienen difícil salida. 

En abril, en plena lucha por la pandemia, los grandes hospitales del Estado, anuncian el agotamiento y la necesidad de mejorar las estructuras sanitarias, la actividad económica farmacéutica es imparable y acumula cada vez más beneficios. Igual así, confían los jóvenes puedan recuperar su trabajo cuando el país vuelva a abrir, pero ahora, dicen, “es el momento de pensar si es seguro para la salud volver o no”. La vieja y la nueva riqueza se evapora. Las ciudades tratan de sacudirse ese estigma de terror y convertirse en polos económicos, más modestos, pero son incapaces de diseñar nuevas estrategias, su silencio es manifiesto. 

El Gobierno ha hecho un esfuerzo por generar estímulos económicos sin precedentes en la historia moderna,: hay gente que cobra más ahora que cuando trabajaba con el sueldo mínimo. Pero es una alegría efímera. La crisis está devorando esos subsidios y la salida es muy incierta. Una economía no cierra por completo y luego abre como si todo hubiese sido una pesadilla. Muchas empresas ya han anunciado que no volverán a abrir sus puertas. La economía cifra en un 50 % la caída de ventas 

El parte de guerra real no se conocerá, sino cuando se compruebe cuánta gente queda con dinero disponible para vivir sin subsidios. La economía intenta sobrevivir. La ansiedad aumenta en todo el mundo y la economía intenta sobrevivir a pesar de que la curva de contagios sigue al alza en buena parte del país. 

Nos estamos acostumbrando a lidiar con crisis, de manera que hay amplios colectivos de población que han desarrollado un know-how propio para convivir con la tragedia. “El Estado tiene unas estructuras de prestaciones más robusta que en sitios menos acostumbrados a esto, por eso la gente se apunta mucho a las listas de paro”. Pero las políticas de empleo gestionadas por las comunidades autónomas están encalladas desde hace tiempo y ahora no saben ni que decir. 

El otro día un enorme anuncio en el Teatro anuncia conciertos de jazz que se iban a dar en la ciudad, hoy tenemos dudas que se lleven a cabo. Una lona colgada en la parte alta promete: “Pronto volveremos a trabajar en el futuro”. Es toda nuestra esperanza hoy. Las ciudades no pueden seguir en este silencio frente a la crisis actual. Cuando todo está cambiando las ciudades necesitan más que nunca diseñar nuevas estrategias. 

Vicente Seguí Pérez (economista-urbanista)

 [VSP1]


lunes, 12 de octubre de 2020

CONVERSACION SOBRE LA CIUDAD CON EL FILOSOFO BYUNG-CHUL HAN (2Parte)





La idea de comunidad, de ciudad ritualizada de relaciones diversas y mestizas no está terminada, su profundidad es inmensa y acertar en su dirección en los tiempos actuales es importante. No es cuestión de mecanizar los procesos burocráticos como si no existieran otros, ni de confundir la repetición atenta con la repetición mecanizada. La repetición atenta, la artesanía, la rehabilitación, la recomposición son factores vivificadores, contrarios a la mecanización burocrática por muy digital que sea. 

Hoy en día llamamos nuevo al deseo constante de ir a la caza de nuevos estímulos, emociones y experiencias, y olvidamos el arte de la repetición, de lo artesano, del mestizaje latente, de lo atávico. Adoramos lo nuevo, lo aislado. Trivializamos lo nuevo rápidamente y lo convertimos en rutina, en mercancía que se consume y vuelve a inflamar el deseo de algo nuevo. Para escapar de la rutina, del vacío, de la soledad, del suicidio, consumimos aún más estímulos nuevos, nuevas emociones y experiencias. De manera, que es la misma sensación de vacío la que activa el consumo. La “vida intensa, excitante” que actúa como reclamo del neoliberalismo no es sino consumo intenso. Existen formas de repetición que crean auténtica intensidad. 

Hoy necesitamos investigar la manera de anclar la comunidad futura a la ciudad. Sentir físicamente la ciudad. Precisamente en la crisis del coronavirus, en la que todo se desarrolla por medios digitales, echamos mucho de menos la cercanía física. Todos estamos más o menos conectados digitalmente, pero falta la cercanía física, la comunidad palpable físicamente. Y sin comunidad no hay ciudad. Los Centros Históricos vacíos de relaciones de ciudadanos, no son ciudad, son objetos del neoliberalismo. El cuerpo que entrenamos solos en el gimnasio no tiene dimensión de comunidad. También en la sexualidad, en la que lo único que importa es el rendimiento, el cuerpo es, en cierto modo, algo solitario. La ciudad es un escenario en el que se inscriben los secretos, las divinidades y los sueños. El neoliberalismo produce una cultura de la autenticidad que pone el ego en el centro. La cultura de la autenticidad va de la mano de la desconfianza hacia las formas de interacción ritualizadas. Solo las emociones espontáneas, es decir, los estados subjetivos, son auténticos para el capitalismo. El comportamiento ritualizado, comunitario, se rechaza como falto de autenticidad. Un ejemplo es la cortesía. La cultura de la autenticidad subjetiva, del ego, conduce al embrutecimiento de la sociedad, y a favor de las formas bellas. 

La definición de comunidad, de ciudad, no se define por la exclusión del otro. Al contrario es muy hospitalaria. La comunidad a la que se acoplan las derechas está vacía de contenido. Por eso encuentra su sentido en la negación del otro, del extranjero. Está dominada por el miedo y el resentimiento. 

La pandemia de la covid-19 está teniendo un impacto enorme no sólo en términos sanitarios o económicos, sino también en nuestra definición de comunidad, en nuestro sentido de ciudad, de bienestar social, de ciudad saludable. La crisis del coronavirus ha acabado totalmente con las relaciones intersubjetivas. Ni siquiera está permitido darse la mano. La distancia social destruye cualquier proximidad física. La pandemia ha dado lugar a una sociedad de la cuarentena en la que se pierde toda experiencia comunitaria. Como estamos interconectados digitalmente, seguimos comunicándonos, pero sin ninguna experiencia comunitaria que nos haga felices. El virus aísla a las personas. Agrava la soledad y el aislamiento que, de todos modos, dominan nuestra sociedad. Los coreanos llaman corona blues a la depresión consecuencia de la pandemia. El virus consuma la desaparición de la ciudad. Es posible que, después de la pandemia, redescubramos los efectos perversos que hemos dejado en la ciudad, o igual ya no los recuperemos, y aparezcan otras cosas. 

A consecuencia de la pandemia nos dirigimos a un régimen de negación de las acciones comunitarias, de una comunicación digital como fin en sí misma y del aislamiento del individuo, sometido a vigilancia. El virus ha dejado al descubierto un punto muy vulnerable del capitalismo. A lo mejor se impone la idea del individuo digital, que convierte al individuo en objeto. Esto puede que consiga hacer al capitalismo invulnerable al virus. Sin embargo, significa el fin del liberalismo. En ese caso, el liberalismo no habrá sido más que un breve episodio. Pero igual este capitalismo no vaya a derrotar al virus. El patógeno será más fuerte. Según el paleontólogo Andrew Knoll, el ser humano es solamente la guinda de la evolución. El verdadero pastel se compone de bacterias y virus que amenazan con atravesar cualquier superficie frágil, e incluso reconquistarla, en cualquier momento. La pandemia es la consecuencia de la intervención brutal del ser humano en un delicado ecosistema. Los efectos del cambio climático serán más devastadores que la pandemia, sino somos capaces de entender el cambio climático y lo que nos pide. La violencia que el ser humano ejerce contra la naturaleza se está volviendo contra él con más fuerza. El ser humano está más amenazado que nunca y con ello el tipo de ciudad que conocemos. 

Vicente Seguí Pérez (economista-urbanista)